Viendo Bojack Horseman

Cuando me surgió la oportunidad de colaborar con esta sección, decidí que quería intentar analizar o criticar cine y, ocasionalmente series de tv, sin olvidarme de reivindicar algunas obras que son dignas de recomendar por su profundidad y magia narrativa; y lo primero que acudió a mi mente fue la historia de este caballo antropomorfo y algo desconocido por prejuicios pero al que si le dedicas tu atención, te atrapará para siempre. Bojack no es para todos, pero todos podemos vernos en Bojack.

En primer lugar animo a todos aquellos que no lo hayan hecho, a que le concedan una oportunidad a la serie de animación de Netflix. Su lastre y su genialidad es ser una serie de animación, lastre por lo que conlleva para algunas personas enfrentarse a dibujos animados (gran parte de la audiencia sigue entendiendo que las obras animadas van destinadas a un público infantil); genialidad porque gracias a ser concebida como show animado, las limitaciones narrativas las ponen los guionistas.

Bojack Horseman es un caballo que en los noventa protagonizó un serial televisivo y se convirtió en una estrella. Con el paso de los años esa fama o popularidad definen su personalidad, en la que hay mucha vanidad y frustración.

La acción se sitúa en Los Ángeles, un mundo concebido como parte del gran engaño en su forma que supone toda obra cinematográfica, a pesar de que la intención de muchas de ellas sea la búsqueda de la verdad, gran parte de la industria de los sueños tiene su sede en la ciudad. Allí Bojack intenta recuperar los años dorados y decide escribir su biografía pero es incapaz de ello por el bloqueo y el miedo que le supone enfrentarse a la verdad de su historia, a su pasado. El pánico que provoca bucear en sus decisiones y el horror que le supone enfrentarse a la verdad de su ser lo llevan a delegar la empresa en una escritora. Cuando decide abrir su corazón y ser auténtico siente una fijación por su biógrafa, Diane.

Hay otros personajes que enriquecen el mundo de la serie por toda la sátira implícita que suponen desde su concepción: una gata llamada Princess Caroline, que es su representante y mantiene una relación intermitente con Bojack; su mejor amigo, un chico llamado Todd que vive en su casa. Para hacer aún más infeliz al caballo, existe el Sr. Peanutbutter, un perro muy bobo con una carrera paralela a la de Bojack y que no reflexiona nada su vida por lo que su estado anímico habitual es la felicidad.

El pasado de Bojack vuelve para hacérselo pasar muy mal, quizás para darle una justificación a su personalidad y argumental sus actos, esos que hacen que se odie y lo perturban profundamente. Agridulce y valiente, la serie trata la problemática de la búsqueda del sentido de la vida y repara en las consecuencias que trae no resolver esa titánica empresa. De esta manera estamos ante un estudio sobre la depresión, la autocompasión, las adicciones y los conflictos internos. La tristeza alimentada por la nostalgia y los continuos viajes a un pasado que se presenta superficialmente como algo idílico, pero en realidad alberga tanto dolor que se vuelve decrépito, es el corazón de las primeras temporadas de la serie. Son pensamientos recónditos que se camuflan de comedia, hay risas en Bojack Horseman pero no arranca la carcajada. Una media sonrisa insuflada de ironía y vergüenza al vernos en ese espejo y esa es la parte más amarga de la creación de Raphael Bob-Waksberg y donde la serie se convierte en uno de los mejores ejercicios filosóficos del mundo del entretenimiento.

Albert Camus está muy presente en todo el desarrollo de la historia de Bojack Horseman golpeando al espectador una y otra vez. El mito de Sísifo lleva al protagonista a plantearse continuamente el valor de la vida, si merece la pena ser vivida.

Es una serie de muchas capas llena de detalles con guiones ácidos que invitan a la continua reflexión y que dialogan con el espectador sobre la soledad y la crisis existencial de una manera tan creativa que hace su visionado duro y amargamente placentero al mismo tiempo. Algunos episodios tienen una narración maravillosa que hacen palidecer a muchas series tradicionales. Tuvo que llegar un caballo para mostrarnos la decadencia humana.

1 Comentario

  1. Excelente artículo, Fran. Enhorabuena. Se echa de menos en muchísimas páginas web la presencia de escritos con esta calidad. Afortunadamente no está todo perdido. Gracias. Veré la serie.

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