¿Cómo se ha representado el movimiento en el arte?

Podríamos afirmar que desde los inicios del arte los intentos de representar la sensación de movimiento ha sido una constante, en parte por el afán de los pintores durante casi toda la Historia del Arte de hacer de sus obras símiles de la realidad, suponiendo así una demostración de su valía artística.

Empezaremos remontándonos a algunas de las primeras obras de arte como las pinturas rupestres de La cueva de Altamira, donde observamos cómo se representaba a los animales con más patas o cabezas de las correspondientes, creando así la sensación de que este está corriendo, moviéndose.

Jabalí de ocho patas, hallado en la cueva de Altamira

La búsqueda de la representación del movimiento siguió siendo una corriente, no solo en las artes pictóricas, sino también en esculturas como El Discóbolo de Mirón (450 a.C), en este caso se representa esta sensación de dinamismo en la anatomía del personaje; tanto por sus músculos tensados como por su rostro, que muestra esfuerzo físico. Tenemos más ejemplos posteriores. Durante el Renacimiento se retoma la importancia griega de representar el movimiento, a veces el generado por los fenómenos atmosféricos o mediante una mayor atención y estudio de la anatomía humana. Obras como El nacimiento de Venus de Sandro Boticceli (1485–1486) nos muestran dinamismo, por ejemplo, en los cabellos de Venus, hondeados por el viento. Respecto a la época del Barroco encontramos más casos: El Éxtasis de Santa Teresa (1645-1652) de Gian Lorenzo Bernini; donde gracias a elementos como los expresivos rostros, la ondulación de las vestiduras de la Santa o los juegos de luz y sombra, fruto del emplazamiento elegido para la pieza, nos da cierta sensación de dinamismo.

Sin embargo, todas estas obras tienen algo en común, pero también algo diferente respecto a la pintura rupestre de Altamira: representan figuras en movimiento, pero no representan el propio movimiento. Será en la época de las vanguardias -concretamente con el movimiento futurista- cuando volveremos a encontrarnos con esta concepción de lo dinámico.

La modernidad comienza en el siglo XVII con la llegada de la industrialización en la sociedad, cambiando muchos aspectos de la vida cotidiana y marcando una ruptura con las viejas tradiciones. Grandes inventos como la cámara fotográfica fueron desencadenantes de cambios drásticos en la forma de concebir el arte al aparecer un instrumento que podría captar una instantánea de la realidad más fiel que la pintura. En el contexto de la Primera Guerra Mundial surgen las Vanguardias Artísticas, período en el que se presenta una profunda reflexión sobre el lenguaje artístico tanto en el ámbito formal como en el conceptual; se empiezan a estudiar los procesos de creación y a alejarse de las doctrinas académicas que relacionaban el arte con crear belleza y similar la realidad. Nacen nuevas formas de concebir el arte, y un extenso abanico de idearios, recopilados en los manifiestos de cada vanguardia.

 En el caso del futurismo se busca representar el triunfo de la máquina en oposición a la naturaleza tradicional, se considera que la máquina y la ciudad significan velocidad, por lo que empiezan a interesarse por la representación de esta, mediante su descomposición en la obra pictórica. Esto puede verse en la gran mayoría de obras futuristas, muchas nos recuerdan a la cronofotografía, pero también a las pinturas rupestres que vimos al principio de este artículo. En Dinamismo de un perro con correa el autor, Giacomo Balla, multiplica las patas del animal, pero, a diferencia del jabalí de Altamira, las del futurista están difuminadas, captando el momento exacto de la acción, como lo haría una cámara fotográfica.

Dinamismo de un perro con correa de Giacomo Balla

El movimiento según la física puede ser absoluto o relativo; en 1914 Boccioni en su libro Pittura, Scultura futurista estudia ambos tipos de movimientos aplicados al arte. Se define como movimiento absoluto aquel en el que el propio objeto es el que se mueve, y relativo la relación del objeto con su entorno, sea móvil o inmóvil; y la transformación que este sufre al estar en dinamismo. Así, para Boccioni, en las obras futuristas esto sería representado de la misma forma; el absoluto es un movimiento cinematográfico, como el del jabalí de Altamira o el perro de Balla, mientras que el relativo fue nombrado por el propio Boccioni como ‘’dinamismo futurista’’, por ser menos mecánico y tener una elaboración pictórica y plástica mayor que el anterior. El resultado pictórico son obras donde se destruyen la corporeidad de lo representado, los elementos se desdoblan o deforman y los perfiles se difuminan.

El futurismo desarrolla mucho las líneas de fuerza, que representan la velocidad y buscan, romper la atmósfera estática de lo que se representa. Un ejemplo es Dinamismo de un automóvil, de Russolo. Estas líneas de fuerza quizás nos resultan familiares, pues actualmente invaden la animación, por ejemplo, los cómics de superhéroes (Superman) o dibujos animados (El correcaminos). Cabe decir que el futurismo es un movimiento global –escritores, arquitectos, poetas, escultores, etc– aunque de ideario común; por ello encontramos casos de cómo han plasmado el movimiento más allá de la pintura; por ejemplo, la obra escultórica Formas únicas de continuidad en el espacio (1913) de Umberto Boccioni.

Dinamismo de un automóvil, de Russolo

En el arte de Últimas tendencias podríamos considerar el Arte Cinético como máximo exponente de relación obra y dinamismo, se trata de una corriente artística en la que el movimiento es el eje principal de la obra, en este caso, a diferencia de las obras anteriores, el ‘’mérito artístico’’ no se basa en representar el dinamismo, sino en hacerlo realidad.

Encontramos algunos antecedentes más inmediatos al Arte Cinético que el futurismo, como los ready-mades de Marcel Duchamp. Como, por ejemplo, la escultura dadaísta Rueda de bicicleta (1913), o la escultura de 1948 Obstruction de Man Ray; la cual, al igual que las esculturas cinéticas que veremos a posterior, se caracteriza por tener movimiento propio. Sin embargo, la influencia más próxima la vemos en el op-art o arte óptico, que nos recuerda especialmente a la película Anemic Cinema (1926) de Duchamp. El op-artse caracteriza por el uso de líneas generalmente blancas o negras que juntas generan una sensación de movimiento, este efecto visual es creado por el llamado efecto moire, que sucede cuando esas líneas que forman, en este caso el cuadro, se encuentran superpuestas sobre otro conjunto de líneas; es decir: dos patrones intercalados que generan el efecto óptico de movimiento.

Es indudable que el movimiento juega un papel muy importe en el arte óptico, en este caso, parece real ópticamente, pero es figurado, aparente o estroboscópico; en conclusión, busca crear la sensación de que se está generado un dinamismo real. En el arte futurista el movimiento era un elemento importante, pero iba en concordancia con otras características al estar ligado con mostrar la velocidad del mundo moderno; ahora, en el op-art, encontramos que el movimiento ilusorio de las obras es el elemento principal e intrínseco que crea las relaciones entre obra y espectador. Lo mismo sucede con el Arte cinético, sin embargo, a diferencia del op-art, introduce un movimiento real en las obras. A pesar de ello, ambos movimientos van de la mano, pues muchos artistas op-art, realizaron obras cinéticas; las cuales a veces presentan movimientos reales que a su vez generan movimientos ópticos.

Se entiende por cinético aquel arte que introduce un movimiento real a su obra, siendo este su elemento plástico categórico, convirtiendo esta corriente artística en una extremadamente ligada a la tecnología de nuestra sociedad moderna y tecnológica. Suele dividirse con dos exponentes; la primera es la modalidad del Arte cinético lumínico o luminismo, en las que el movimiento es creado por juegos de luces y la segunda la del movimiento espacial o cinetismo, donde el movimiento puede ser generado por fuerzas naturales, como el agua o el viento, o por algún sistema tecnológico, como motores. Sin embargo, existe una tercera forma dentro de la categoría: aquella que involucra directamente al espectador, que lo convierte en una pieza crucial e indispensable en la obra. Un claro ejemplo serían Los penetrables de Jesús Rafael Soto. Se trata de estructuras en forma cúbica de cuyo techo cuelgan unos filamentos elaborados de metal o plástico, el público ha de introducirse en el interior de estas generado el propio visitante el movimiento; además, se trata también de una experiencia sonora y sensorial, pues dependiendo del material este tendrá un tacto o emitirá un sonido diferente; se logra crear un espacio dinámico, donde los visitantes no sean meros espectadores de la obra, sino que la comprendan hasta sentirse parte de ella.

Penetrables de Jesús Rafael Soto

La Historia del Arte es analizable bajo muchas perspectivas, podría realizarse un recorrido histórico siguiendo técnicas o temáticas diversas, pero, en este caso hemos elegido la representación del movimiento para este análisis cronológico, con el fin de demostrar el interés artístico de este a lo largo de los años y cómo este se ha expresado y cambiando dependiendo de la época y contexto.

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