Edward Scissorhands: El sueño de un Frankenstein Eterno

Hace mucho, mucho tiempo, había un joven llamado Eduardo, que vivía en una casa a las afueras de una gran ciudad. La gente murmuraba de su aspecto cosas horribles y monstruosas. Pero lo que no sabían era que poseía un corazón enorme

En 1990, Tim Burton nos dio a conocer en forma de película, un cuento escrito por él mismo llamado Edward Scissorhands, donde nos muestra cómo los terrores de la vida cotidiana en los suburbios de clase media acechan el corazón del Otro: el monstruo.

El protagonista de la leyenda post-moderna, es un híbrido basado entre lo gótico y el cuento de hadas; un muchacho aislado de la sociedad, intentando incorporarse a ella por todos los medios, aunque sin gran éxito.

Este cuento es hijo de la literatura gótica europea, en concreto de la novela Frankenstein o El Moderno Prometeo de Mary Shelley. Edward Scissorhands representa la renovación del mito de Frankenstein en pleno fin del siglo XX pero, su verdadero trasfondo reside en comprobar que no existe una lucha entre creador y creación (como en la novela original de Mary Shelley), sino en la soledad sufrida por Edward tras morir su creador y sin poder sustituir sus manos provisionales, un espeluznante ramillete de afiladas tijeras, por unas manos humanas.

Según Mary Shelley, el mal (o monstruosidad moral) se deriva del rechazo personal y social que la diferencia física causa, en mayor o menor grado. El doctor Frankenstein  huye al ver a su recién nacido «hijo‟ y, al principio, todo el mundo rechaza a Edward por su aspecto.

A Shelley le interesa más el trato que recibe el “monstruo” que la manera en la que es creado y, para ello debe caracterizar de manera negativa su físico de tal forma que  inspire rechazo. Sin embargo, en  Edward contemplamos la mezcla de la belleza romántica de su rostro inocente con la brutal amenaza que suponen sus manos afiladas. A diferencia de la criatura de Shelley, Edward puede tanto horrorizar como seducir a quién lo observe.

El cuento-película favorece la presentación de Edward como prodigio o freak encantador y resiste su encasillamiento como monstruo malvado o terrorífico. Edward es creado para ser bueno y su naturaleza no conoce el mal. El rechazo que poco a poco va generando en la nueva sociedad a la que ha sido llevado,  le irá haciendo comprender su monstruosidad. Y así, la misma comunidad que le recibió fascinada, al no ser capaz de comprender su inocencia, lo rechazará aterrorizada. De este modo, se nos da a entender que el “monstruo” es algo que creamos nosotros mismos, es una perspectiva, una construcción social.

En definitiva, Edward Scissorhands  no es más que una fábula en la que no se condena la actitud del “monstruo”, sino la de la sociedad, y nos invita a reflexionar sobre cómo nos comportamos ante lo desconocido, lo nuevo, lo que está por encima de nuestra mediocridad.

Si seres tan hermosos eran desdichados, no era de extrañar que yo, criatura imperfecta y solitaria, también lo fuera

Frankenstein o el Moderno Prometeo

Todo tiene belleza, pero no todo el mundo es capaz de verla

Edward Scissorhands

1 Comentario

  1. Todo tiene belleza, pero no todo el mundo es capaz de verla

    Edward Scissorhands

    Estoy totalmente de acuerdo con este señor, tenemos una sociedad que sólo valora la belleza y para mí vasta solo con buscarla.
    Todos la tenemos.

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