El Palacio de Comares de la Alhambra de Granada

Según el manuscrito Anónimo de Madrid y Copenhague, atribuido a Ibn ʽIḏārī al-Marrākušī y traducido por Ambrosio Huici Miranda hacia 1917, se infiere que “este año [1238] subió Abū ͑Abd Allāh b. al-Aḥmar [Muḥammad I, 1238-1273] al sitio llamado «la Alhambra», lo inspeccionó, marcó los cimientos del castillo y dejó en él a quién los dirigiese; no terminó el año sin que estuviese concluida la edificación de sus murallas, y llevó el agua del río, abriendo una acequia con caudal propio”[1]. Especialistas apuntan a que reformó y consolidó parte de las edificaciones que quedaron en dicho sustrato, la colina de la al-Sabῑka, datados desde finales del siglo IX, donde la inspiración obtenida de ciudades islámicas como Madīnat al-Zahrā ͑, siglo X, pudo servirle como modelo a él y al conjunto de sultanes que le sucedieron[2].

Ciertamente no es hasta el siglo XIV cuando adquiere el aspecto con el que podemos admirarla, ya que las intervenciones realizadas por personajes como Muḥammad II (1273-1302) adquieren la grandilocuencia y el esplendor de la mano de sus herederos, como Muḥammad III (1302-1309), Ismā ͑ ῑl I (1314-1325), Yūsuf I (1333-1354) o Muḥammad V (1362-1391). Todos ellos consagrarán las construcciones a la memoria de su linaje y al esplendor de su figura como altos dignatarios y garantes de la dar al-Islam (“casa del Islam”).

Vista del conjunto áulico de la Alhambra, donde centramos especial atención a lo largo del estudio al palacio de Comares, poseedor en esta reconstrucción de espacial importancia por su imponente “Patio de los Arrayanes”.
[La Alhambra: guía gratis. 15 de febrero del 2020, de Granada Smile Sitio web: https://granadasmile.com/que-ver/monumentos/alhambra/]

El caso que nos ocupa nos lleva directamente al espacio palatino de Comares, construido por Yūsuf I[3] y remodelado por su hijo, Muḥammad V. Es curioso pues este espacio funciona como “estadio transitorio” a nivel espacial y funcional entre las residencias del abuelo y del nieto respectivamente, constituyendo un todo-constructivo como unión de tres residencias palaciegas. De alguna forma, esta interrelación volumétrica que nos evoca a espacios como Madīnat al-Zahrā ͑ recuerda a mucha de la tradición arquitectónica regia de la que bebió el reino nazarí de Granada.

Este palacio, cuyo nombre es controvertido: algunos autores piensan que proviene del árabe al-qamiriyya, “usado en oriente para referirse a las vidrieras de colores”[4], mientras que otros, señalan que es un término que se comenzó a utilizar a partir del siglo XVI. Comares, constituye el verdadero eje político-administrativo de todo el conjunto palaciego, aquel donde el sentido protocolario y la conjugación de audiencias con ambiciosos programas decorativos veían sus mejores soluciones formales y funcionales.

Su acceso “perturbado” se produce a través de pasillos y espacios que en un inicio no fueron concebidos para tal fin, ya que a lo largo de los cinco siglos que componen la producción arquitectónica registrada, los accesos vieron redefinidas sus ubicaciones por razones diversas. En el caso de Comares, el espacio del Mexuar –mišwar– (“consejo, cámara”), nos remite a un entorno de audiencia donde los visires procedían a la toma de decisiones en presencia del qāḍī (“juez, agente de la autoridad investido de poder jurisdiccional (…) el representante de la justicia ordinaria”[5]) o incluso del mismo sultán.

A través de una entrada «acodada», seña de identidad de la arquitectura hispanomusulmana en conexión con modelos orientales, se accede a la que se considera como la auténtica fachada del palacio, visible desde el patio del “Cuarto Dorado”. Este espacio, sucediendo a la sala de audiencias en tiempos de Ismā ͑ ῑl I, (el Mexuar), correspondería con el comienzo de un complejo sistema de sucesión de patios y estancias, en las que el protocolo y el “sentido procesional”, marcaban la pauta de los volúmenes. Concretamente, esta rica fachada en la que nos quedamos está concebida como nexo entre el espacio meramente administrativo y el residencial-regente. Precisamente, este patio del “Cuarto Dorado” funcionaba como área de impartición de justicia por parte del soberano, de forma puntual ya que era el qāḍī quien los dirimía asiduamente, mostrándose públicamente ante sus allegados y colaborando en una beneficiosa labor propagandística de su persona y su gobierno trascendente[6].

Accediendo por la puerta de la izquierda y tras suceder pasadizos laberínticos, llegamos al célebre “Patio de los Arrayanes”, “de Comares” o “de la alberca” en relación a la masa de agua longitudinal que preside su desarrollo planimétrico en sentido norte-sur.

Este espacio ajardinado encuentra su fundación a manos de Muḥammad V nos muestra una tipología arquitectónica que ya nos suena: un patio rectangular con dos fachada de arcos en los lados cortos: algo que podemos ver en Medina Azahara o en el palacio de Pedro I en Sevilla hasta un complejo doméstico privado: el palacio no es más que la máxima expresión de la casa. En los lados largos del patio se levantan dependencias que la literatura romántica ha sentenciado su uso para las concubinas del sultán, algo que todavía no ha quedado demostrado.

Hipótesis de la sección del “patio de Arrayanes”
ESCUELA DE ESTUDIOS ÁRABES, C.S.I.C. A.Orihuela, A. Almagro/arq.
[Almagro Gorbea, A. “Casa Real de la Alhambra (Granada) – Sección patio de Comares hipótesis”. Recuperado de: 15 de febrero del 2020, de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Sitio web: https://www.academiacolecciones.com/arquitectura/inventario.php?id=AA-415_13

El profesor J.M. Puerta Vílchez apunta:

  • La gran alberca central (de 34 x 7,10 m.), escoltada por dos largos y estrechos parterres de arrayán, anima, refresca y amplía visual y simbólicamente todo el palacio. En ella tiene su base la maravillosa sensación de ingravidez de esta obra, conseguida gracias a una sutil inversión de las masas arquitectónicas: de su pura imagen especular, surgen, primero, las esbeltas columnas porticales, sus cuerpos superpuestos y la peraltada arquería de sebkas caladas, para manifestarse, finalmente, el tercio superior de la poderosa mole de la Torre de Comares, cuyas torretas laterales y cuerpo con tejado que las une se agregaron modernamente. En la literatura árabe clásica se suelen comparar dichos zafariches con el pavimento de cristal construido por Salomón para Bilqis, la reina de Saba, mencionado en el Corán, y se insiste, sobre todo, en el reflejo de los astros sobre el agua sometiéndose así al soberano constructor y connotando su arquitectura con los valores de elevación y luminosidad astrales; tampoco olvidan los textos árabes y andalusíes la ficción de arquitectura móvil que se provoca cuando los destellos luminosos de la alberca agitada repercuten en los muros de su entorno. La alberca es, además, paradigma del dominio y posesión de las aguas, así como de la perfección y autocomplacencia arquitectónicas[7].

En el extremo norte se abre una de las salas más interesantes de todo el complejo de la Alhambra, el denominado “Salón de los Embajadores”. El tramo que le antecede, la “sala de la barca”, recibe ese nombre debido a la perturbación que de baraka (“bendición”) se hace, en alusión a los triunfos que del soberano Muḥammad V allí se exhiben mediante bellas bandas epigráficas[8]. Según apuntan varios autores, funcionaba como dormitorio y sala de audiencias mayor del reino. Nada podría faltar al soberano, ya que sorprendentemente en estos escasos metros cuadrados de antesala se albergan restos de un pequeño oratorio privado, cuyo miḥrāb o nicho de oración se orientaba con el que tuviera la mezquita mayor de la Alhambra, mirando “precisamente” hacia la Meca[9].

La sala del trono está diseñada a partir de un esquema cúbico en el que la decoración y el juego luminoso son cruciales para la efervescencia propagandística que de este entorno regio. Si algo hubiera que resaltar eso sería la cubierta; una bellísima composición de carpintería a partir de paneles desdoblados, donde la simbología con el paraíso islámico ya fue apuntada por el profesor norteamericano A. R. Nykl, “consumado políglota de origen checo, [quien] pasaría a la historia de las inscripciones granadinas como figura clave de su estudio. (…) debe decirse en su favor que llevó a cabo correcciones de los textos trabajando in situ en los palacios nazaríes, pues residió durante algún tiempo en Granada, en los años de la Guerra Civil, trabajando en concreto en la Escuela de Estudios Árabes. Pero el valor de su trabajo no sólo reside en sus correcciones, acertadísimas en la mayoría de los casos, sino en las nuevas inscripciones que descubrió; tal fue el caso, por ejemplo, de la azora LXVII de la Torre de Comares. Su trabajo, muy breve, se reduce a veinte valiosísimas páginas. Fue publicado en el nº IV de la revista Al-Andalus, en los años 1936-9, y lleva por título «Inscripciones árabes de la Alhambra y el Generalife» [pp. 174-94]”[10].

Espacios como la Alhambra nos permiten comprender «realidades históricas», construidas o no, gracias al estudio de todos los restos que nuestros antepasados han permitido que pudieran legarse a generaciones como la nuestra. Un entorno del calado como lo es un palacio habrá de presentarse a la altura de aquellos que lo construyen así como de las cosmogonía(s) que pretenden transmitir. Esta cuestión nos permite reconocer al objeto como manifestación física y conceptual, el cual, es activado por la mirada de un sujeto-conocedor que le otorga una posición determinada en el plano de la realidad. A partir de esta forma de conocimiento, comprobamos que los usos y funciones de dichos productos se convierten en toda una serie de construcciones culturales que no hacen sino activarse y desactivarse en función de aquellos que ejercen sobre su superficie dicha actividad de “mirar” y vincular materialidad con identidad. Por todo ello, la Alhambra y espacios como el Palacio de Comares, son un buen ejemplo de ese objeto cultural que nos ha permitido conocer a través del exhaustivo análisis de sus partes, y con especial atención a los testimonios de sus muros parlantes, cuál fue el mundo de aquellos que levantaron tan caprichosa construcción que, siguiendo con su intención al erigirse, sigue fascinando a millones de visitantes al año.

Alfonso Gilsanz Calvo.


[1] Cabanelas Rodríguez, D. (1992). La Alhambra: introducción histórica. En Al-Andalus. Las Artes Islámicas en España, Catálogo de Exposición, Nueva York-Madrid (p.128). Madrid: The Metropolitan Museum of New York-Ediciones el Viso.

[2] Ibidem.

[3] Hay autores que apuntan a la probabilidad de que Ismā ͑ ῑl I fuese el verdadero promotor de este conjunto, véase: Dickie, J (Zaki, Y) (1992) p.135. En cambio, especialistas como el Jose Miguel Puerta Vílchez, no asientan la etimología de forma definitiva e indican que el empleo de dicha categoría nominativa comienza a darse sobre todo, desde el siglo XVI; véase: Puerta Vílchez, J.M. (2007). La Alhambra y el Generalife de Granada. Artigrama, 22, p. 206.

[4] Delgado Valero, C. (2008). El Arte del Islam. Antonio Ramírez. J (Eds.). Historia del Arte: La Edad Media (p.93). Madrid: Alianza Editorial.

[5] Maíllo Salgado, F. (2013). Diccionario de Historia árabe e islámica. Madrid: Abada Editores. p.57.

[6] Dickie, J (Zaki, Y) (1992) p.136.

[7] Puerta Vílchez, J.M. (2007). p.218.

[8] Puerta Vílchez, J.M. (2007). p.216.

[9] Hattsein. M, Kubisch. N & Von Gladiß (2000). p.285.

[10] Castilla Brazales, J. (2007). Las inscripciones árabes de la Alhambra. Corpus Epigráfico de la Alhambra. Palacio de Comares, p. 22.

Bibliografía requerida

  • ANTEQUERA, M. (1989). La Alhambra y el Generalife. Madrid: Miguel Sánchez Editor.
  • FERNÁNDEZ-PUERTAS, A. (2006). “La Alhambra. El Alcázar del Sultán (hoy Comares) y el Alcázar del Jardín Feliz (hoy Leones), según los Dīwānes de Ibn al-Jaṭīb e Ibn Zamrak”. En Exposición Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV. Auge y declive de los imperios. Granada: El Legado Andalusí, pp. 98-125
  • CABANELAS RODRÍGUEZ, D. (1992). La Alhambra: introducción histórica. En Al-Andalus. Las Artes Islámicas en España, Catálogo de Exposición, Nueva York-Madrid (p.128). Madrid: The Metropolitan Museum of New York-Ediciones el Viso.
  • CASTILLA BRAZALES, J. (2007). Las inscripciones árabes de la Alhambra. Corpus Epigráfico de la Alhambra. Palacio de Comares
  • DELGADO PÉREZ, Mª.M. (2017). El Palacio de Carlos V en el conjunto monumental de la Alhambra. Contextualización de un edificio singular. En Paisajes, espacios y objetos de devoción en el Islam. Sevilla: Universidad de Sevilla.
  • DELGADO VALERO, C. (2008). El Arte del Islam. Antonio Ramírez. J (Eds.). Historia del Arte: La Edad Media. Madrid: Alianza Editorial.
  • DICKIE, J (Zaki, Y) (1992). Los palacios de la Alhambra. En Al-Andalus. Las Artes Islámicas en España, Catálogo de Exposición, Nueva York-Madrid (p.135). Madrid: The Metropolitan Museum of New York-Ediciones el Viso.
  • ESPINA BRITO, P. (2006). Geogebra. Números: Revista de didáctica de las matemáticas, 64.
  • FUCHS, K & HOHENWARTER, M. (2004). Combination of dynamic geometry, algebra and calculus in the software system GeoGebra. Computer Algebra Systems and Dynamic Geometry Systems in Mathematics Teachings, pp.128-133.
  • HATTSEIN. M, KUBISCH. N & VON GLADIß (2000). España y Marruecos. Hattsein. M y Delius. P (Eds.), El Islam, Arte y Arquitectura (p.282). Barcelona: Könemann.
  • HERNANDO, F.R & PÉREZ, R (1996), Sistemas generativos de composición en la ornamentación geométrica nazarí basados en grupos cromáticos y desarrollados por ordenador (Tesis doctoral). Universidad de Granada, Granada, España.
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  • PÉREZ GÓMEZ, R. (2004). Un matemático pasea por la Alhambra. En Números, formas y volúmenes en el entorno del niño(81-95). Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia.
  • PUERTA VÍLCHEZ, J.M. (2007). La Alhambra y el Generalife de Granada. Artigrama, 22, p. 206.
  • RUIZ SOUZA, J.C. (2004). El palacio de Comares de la Alhambra de Granada tipologías y funciones. Nuevas propuestas de estudio. Cuadernos de la Alhambra, 40, 77-102.

Recursos electrónicos

  • NAVARRO PALAZÓN, J. (2020). Nuevos descubrimientos en los palacios de la Alhambra y Generalife. [Consultado el 15 de febrero del 2020], de Escuela de Estudios Árabes CSIC Sitio web: https://www.youtube.com/watch?v=6y5hpUdY-C8&t=4599s

1 Comentario

  1. Muy bueno el análisis y muy documentado. Realmente uno se admira al ingresar en el complejo Alhambra, Generalife, Palacios Nazaríes y especialmente al llegar al Patio de los Leones uno cree estar fuera de la Tierra. Hay que estar allí para que se produzca milagrosamente esa transcripción de la belleza desde el sujeto que mira y los siglos de sabiduría depositados en las yeserías, las delicadas columnas, las inscripciones de las casidas en las paredes, la luz y el agua. El Palacio y Patio de Comares es uno de esos sitios y obviamente, durante una visita turística se pierden muchos de estos valiosos detalles arquitectónicos que destaca el autor, Alfonso Calvo. Excelente la descripción vinculada a la historia de la construcción.

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