Castlevania: El gótico grotesco

Cuando “Castlevania” inicia con el primer encuentro entre Drácula y su futura esposa, Lisa de Lupu, podemos caer en la trampa de estar viendo simplemente una nueva versión de la historia del más icónico de los vampiros. Después de todo ni los vampiros ni el propio Drácula son ajenos a las reinvenciones románticas, pero casi de inmediato vemos el trágico final de la historia de amor: Lisa, quien paso su vida estudiando formas de salvar otras personas, es quemada por brujería.

Desde allí podemos conocer de cerca la crueldad del mundo que Warren Ellis, guionista de historietas como “Ruins” para Marvel y recientemente colaborador de Nick Cave. No solo vemos la muerte de Lisa, sino su cuerpo calcinado. Más tarde veremos como el pueblo culpable de su muerte es víctima de una lluvia de sangre, y cuando conozcamos al héroe de nuestra historia: El caza vampiros Trevor Velmont, lo haremos en un bar lleno de eses, donde además veremos al tipo de personas que intenta salvar y no nos sorprenderemos. 

Parece ser el punto principal de la serie, la crueldad humana generando más crueldad, y todo sin el filtro de belleza oscura que vemos muchas veces en la ficción gótica. El mundo donde nuestro héroe es capaz de escupir en una fosa común, donde el hijo de Drácula, se llena la boca de malas palabras, donde en ocasiones la gente debe esconderse en letrinas de los ejércitos del infierno. 

Es un contraste necesario a los últimos años de historias góticas en la cultura pop, donde piezas como “Crepúsculo”, las “Crónicas Vampíricas” de Anne Rice,  la versión de Andrew Lloyd Webber del “Fantasma de la ópera” o los cuentos de hadas de Tim Burton nos habían dado una versión mucho más limpia de las historias góticas. En el mundo de Ellis lo más cruel de la creación de Bram Stoker sale a pasear, los vampiros tienen su energía sexual no solo intacta, sino que están dispuestos a usarla como arma, los héroes aceptan que algunos civiles son una perdida esperada para salvar a la humanidad y que la soledad viene incluida en su tarea.

Pero a pesar de mezclar la elegancia gótica con la realidad grotesca del mundo medieval donde ocurre la historia hay un arma más en el arsenal de Castlevania: La violencia y la sangre del cine de clase B. Es normal, Warren Ellis no solo se estaba inspirando en la saga de videojuegos sino que las cintas de horror hechas por Hammer y Universal durante la segunda mitad del siglo XX, de hecho no sería difícil imaginar a esta versión de Drácula con la voz de Christopher Lee. 

Después del caos

Pero entre las grandes sorpresas de Castlevania fue la muerte de Drácula, presentado en las primeras dos como el villano principal de la historia, al final de la segunda temporada. La guerra del vampiro mayor llega a su final y las siguientes dos temporadas nos dejan ver los escombros dejados por ellas, desde Isaac y Héctor, los forjadores dedicados a crear los monstruos del ejército de Drácula, pasando por Trevor Belmont, quien parece condenado a pasar el resto de su vida evitando que renazca la creación de Stoker y terminando en Alucard, quién sin sus padres se ve caminando solo por la tierra. 

Eso nos deja no solo conocer el mundo habitado por los personajes con mayor profundidad que cuando Drácula estaba vivo. Podemos ver la corrupción política del mundo, el uso de la magia en los pueblos y como los ciudadanos normales perciben el caos y la oscuridad que enfrentan los protagonistas. 

Animación

Si bien el guion de Ellis es brillante, ningún Castlevania está completo sin hablar de la animación de la serie. Dirigida por Sam Deats, Adam Deats y Spencer Wan y producida por el estudio Powerhouse, quienes también están encargados de revitalizar “He-Man” para Netflix. 

A medida que las cuatro temporadas avanzan la serie va mejorando la calidad de su animación, pero desde el principio la dirección era capaz de cubrir sus faltas. Es un trabajo que toma las influencias de la animación nipona, en particular por los diseños basados en el videojuego “Symphony of the Night”. Es una visión interesante, no solo para los planes de Netflix, sino para el futuro de la animación occidental.

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