El Cine ha muerto. ¿Ha muerto el Cine?

2020 lucirá en tiempos futuros como una de las dagas más filosas y mortales recibida por medio alguno. Ni la llegada de la Radio, la Televisión ni de la propia Red consiguieron tambalear las capacidades narrativas, de entretenimiento, tecnológicas y económicas del Séptimo Arte.  El meteorito ha llegado desde un sistema muy diferente. El terremoto ocasionado por la Covid-19 ha socavado no sólo las bases de la industria audiovisual sino cada aspecto de la vida humana y sus construcciones sociales, políticas, culturales, económicas. Siendo pronto para decantarlo, el futuro inmediato y el siguiente permitirán tomar la distancia necesaria para realizar el balance global.

El parón de estrenos, el cierre de salas, la suspensión de festivales y la imposibilidad de seguir rodando puso en jaque a una industria que sólo el año anterior había conseguido generar 42.200 millones de dólares.

Las plataformas digitales tomaron el testigo y la delantera, experimentando un crecimiento extraordinario. Mientras el sector de la exhibición se veía obligado a bajar sus santamarías, las plataformas ampliaban sus espacios y sus usuarios.

Los estudios, por su lado, iniciaron un proceso de transformación –que aún no se detiene-. Modelos híbridos (estrenos simultáneos en salas y plataformas), adquisición de estudios, fusiones, ampliación del catálogo: “todo un +”.

Las proyecciones económicas para el streaming son astronómicas para el presente lustro. La industria audiovisual que nace y se desarrolla en y desde ellas parece más que promisoria. Más de 60 billones de dólares en inversión de contenidos y unos ingresos que para el entorno digital se ubica en más de 400 billones (de dólares). Si bien el ritmo de crecimiento ha desacelerado, el sector sigue creciendo.

El principal afectado, sin embargo no parece ser el Cine, ni las salas; sino el modelo –ya clásico-, de la Televisión Paga, cuyos ingresos decrecerán en favor del nuevo paradigma.

El Cine, sin embargo, parece estar despertando de este obligado invierno.  Las casas de apuestas ya se preguntan cuál será la película que sobrepasará los primeros 100 millones en este también complejo 2021. 

El fin de semana del Memorial Day fue la primera prueba de fuego para los nuevos blockbusters. Sorpresivamente, el film de Paramount A Quiet Place Parte 2 de John Krasinski consiguió el primer lugar con una recaudación temprana de $47.547.231 en 3.726 teatros (EEUU). Muy por delante de Cruella de Craig Gillespie para Disney que consiguió $21.496.997 con 3.892 teatros. En suspenso quedan los visionados que el film haya podido tener en Disney + donde tuvo su estreno simultáneo.

En la lista de próximos estrenos aguardan Black Widow, F9 (Fast & Furious), Space Jam: A New Legacy, Samaritan, Expediente Warren: Obligado por el demonio, Spirt: Indomable, The Suicide Squad 2, Venom 2… Scarlett Johansson, Vin Diesel, Charlize Theron, Sylvester Stallone, Margot Robbie, Idris Elba, Viola Davis, Tom Hardy, Michelle Williams y más de un escuadrón de superhéroes dispuestos a que las salas vuelvan a llenarse como hace apenas un año.

Hollywood y las salas en Estados Unidos no son las únicas dispuestas a recuperar el esplendor del Cine. Los festivales de Berlín, Cannes y Locarno ya tienen sus ediciones de 2021 a punto. Berlín de hecho, acaba de cerrar una edición híbrida en dos tiempos que ha concedido el Oso de Oro a la cinta rumana Bad Luck Banging or Loony Porn‘ de Radu Judu. Daniel Bruhl, Hong Sangsoo, Céline Sciamma, Alonso Ruizpalacios y Ryusuke Hamaguchi entre los directores con películas en competencia. Este último ganador del Gran Premio del Jurado por Wheel of Fortune and Fantasy.

Los festivales han conseguido mostrar la vitalidad del Cine en este último año. En ediciones híbridas, en formato online o con público, los cientos de festivales que ocurren alrededor del mundo han reunido las obras de creadores nóveles, consolidados y maestros; quienes insisten en apostar por estos espacios como plataformas de lanzamiento, para darse a conocer o conseguir mejores oportunidades de distribución y exhibición.

Los films seleccionados y estrenados en estos certámenes son los que más han brillado en la reciente temporada de premios: a decir Nomadland (Venecia) de Chloé Zhao y Another Round (Cannes/San Sebastián) de Thomas Vinterberg.

La pantalla de Cine sigue siendo un espacio que aporta valor al film, a la obra. Un valor que, significativamente no tiene el espacio digital. La sala de cine es el único lugar en el que el hecho cinematográfico tiene lugar. Cuando el film llega a la sala oscura se convierte en Cine, por el contrario en la “pequeña pantalla” sólo se trata de películas. La sutileza cuenta, se convierte en otro tipo de “+”. Otro plus.

El Cine, qué duda cabe, reproduce el misterio de la Caverna de Platón. El efecto que la proyección y la materialización de la representación en la subjetividad del espectador es exclusivo de ese espacio cerrado que Máximo Gorki denominó “El reino de las sombras”.            

La simpleza de la “situación cinematográfica” aporta en realidad un alto grado de complejidad que coloca al espectador en el privilegiado lugar del receptor/protagonista tras el acto de identificación o empatía con aquello que es narrado a través de las imágenes.

Lo que Lacan denomina la “fase del espejo”, reproducida una y otra vez por el “dispositivo” cinematográfico dista mucho de lo que ocurre con el espectador en un espacio familiar, pero menos controlado, distante y repleto de factores que interrumpen constantemente esa conexión con lo transmitido, descargado y nunca proyectado.  En la actualidad, además, en competencia con el dispositivo móvil en permanente interferencia.

La fidelización del espectador con la pantalla de un televisor está ligada a la tradición folletinesca del relato que acoge. A la periodización y frecuencia del mismo. No así al fenómeno identitario que ocurre en la sala de cine, donde la distancia, paradójicamente se acorta en una experiencia en dos direcciones: individual y colectiva. La “experiencia” tan necesaria para los gurúes del marketing es, en el caso del Cine, irremplazable. Sus propiedades fantasmagóricas y oníricas no son transferibles a ningún otro medio. Al menos no a sus competidores industriales.

Un ejemplo cercano de esa distancia puede encontrarse en el Universo Marvel en su Fase 4. Las series que se desprenden de la saga Vengadores no han conseguido el impacto esperado, ni adquirido el nivel de aquello calificado como “serie evento”. Por fortuna para esta franquicia extendida y sus fans, en breve (9 de julio) se estrenará en sala el film sobre Viuda Negra dirigido por Cate Shortland y más adelante Eternals (noviembre) de Chloé Zhao.

En su defensa, tales series tienen una función industrial más importante: mantener la presencia de Marvel en los espectadores y/o comunidad hasta la llegada de ese nuevo ciclo de films con los superhéroes de siempre y los que se van sumando desde las páginas al “celuloide”.

Según el Observatorio Audiovisual Europeo, durante 2020, el 89 % de las películas que llegaron a las plataformas o las televisiones pagas ya habían pasado antes por los cines.  Lo que permite deducir que poco más del 20 % fue directo a ellas. Y aunque ello son no pocas películas, sin el impacto en salas, el valor del film en la memoria del espectador sin duda será menor. En el espacio del streaming son las series y no los films los que acaparan la atención del marketing.

Pensemos exclusivamente en películas como Roma de Alfonso Cuarón. El Irlandés de Martin Scorsese y Mank de David Fincher. Tres obras de altísima calidad, mejor recibidas en las salas que en la propia plataforma que las produjo: Netflix.

Lo anterior no hace sino subrayar el valor del Cine como Arte e Industria. Y por ende el de sus contenidos en desarrollo y estrenados en salas, vale decir su amplísimo catálogo universal de más de un siglo de films. Las funciones científicas, económicas y culturales del Cine, pese al parón obligado por la Pandemia, puede que hayan sido coaccionadas a retirarse. Sin embargo, queda mucho por probar antes de que los creadores se rindan, que las estrellas se rindan, el espectador se rinda, el Cine se rinda. Que el nuevo paradigma propuesto por los agoreros sea un absoluto. Cierto es que tras un evento global e inesperado como la Covid-19, sus consecuencias aun estén por mostrarse con toda claridad. Entre ellos, el impacto del consumo audiovisual por parte de los espectadores y los usuarios. Pero también, el impacto en los modos de financiación, producción, distribución y exhibición. Que el Reino de las sombras deje de existir es todavía una sentencia imponderable. 

Deje su comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here