Jacques Audiard: La sensibilidad del ‘macho’

los hermanos sisters Audiard

Una vez alguien me dijo que Jacques Audiard es uno de los diez mejores directores vivos. Después de haber visto la mitad de su filmografía como director, no me atrevería a confirmarlo, pero sí a decir que se trata de uno de los más interesantes. Lo primero que salta a la vista es que, predominantemente, sus protagonistas son invariablemente ‘hombres de acción’, es decir, ‘machos’. Desde un matón que ahuyenta inquilinos morosos, a dos hermanos asesinos a sueldo, pasando por un luchador callejero o un ex-guerrillero tamil. A menudo se trata del estereotipo de hombre fuerte y silencioso. Otras veces se trata de alguien cansado de ese tipo de vida y que habla sin parar. La segunda cosa que salta a la vista, a medida que avanza el metraje, es que a éstos personajes los mueven sentimientos profundos. No son héroes ni caricaturas, son hombres complejos.

Si hay directores famosos por ser “de mujeres”, Audiard merece ser famoso como “director de machos”. No en el sentido de las estrellas de acción ochenteras, o del cine de superhéroes actual, sino de hombres en quiénes la masculinidad no está reñida con una profunda sensibilidad por lo que y por quien los rodea. Eso los hace especiales, y hace destacar sus películas por encima del resto. Si algo se le puede reprochar es la poca relevancia y autonomía de las mujeres en la mayoría de sus películas. No quiero decir que sean personajes sin importancia, sino que son personajes que suelen quedar definidos por su relación con el protagonista más que por ellas mismas. Por desgracia, aún hoy en día esto no es nada fuera de lo común en el cine. De ahí que, a pesar de sus defectos, las suyas sean películas que vale la pena ver.

Su valor está en la masculinidad que retratan. Aunque la violencia aparece estrechamente ligada a sus protagonistas, no suele ser ése el medio de su realización. Al contrario, con frecuencia la violencia es un obstáculo que impide a los protagonistas completar su viaje. Sin embargo, con frecuencia los personajes se ven obligados a recurrir a la violencia con la finalidad de superarla, lo cual complica la lectura crítica del film.

Quizá el caso más enrevesado sea el de De Óxido y Hueso, en que el protagonista es primero portero de discoteca y luego luchador callejero, aspirante a profesional. Aunque el primer trabajo le permite conocer a Stéphanie, con la que forjará un romance y quien le ayudará en su vida de luchador callejero, su ambición le mantiene apartado de su hijo y, hacia el final, cuando éste cae dentro de un lago helado, parece que toda la fuerza del padre con sus puños resulta impotente contra el hielo. Sin embargo, cuando todo parece perdido, logra romper el hielo y salvar a su hijo, rompiéndose en el proceso los huesos de ambas manos. En una escena final, el protagonista aparece vencedor de un combate profesional, saliendo del recinto junto a su pareja y su hijo. Aquí sí que, netamente, la violencia parece ser un vehículo de ascenso y superación. Sin embargo, creo que es importante verlo del revés. Aunque su fuerza y el uso de la violencia es lo que permite al protagonista seguir adelante durante gran parte del filme, no sirve de nada por sí sola. Perseguir su ambición le lleva a abandonar a Stéphanie y a su hijo, y es cuando casi pierde a su hijo definitivamente que tiene el coraje de admitir su amor por ella. El que inmediatamente veamos su éxito, flanqueado por ambos, refleja más bien que una relación sana con quiénes ama es la condición necesaria para ése éxito. Así prefiero verlo.

Es indudable que Audiard se empeña en buscar y empujar a personajes estrechamente ligados a la violencia. A pesar de una mayor sensibilidad y de apostar por un enfoque mucho más dramático que épico, Dheepan se asemeja en los rasgos a los thrillers americanos donde un excombatiente se ve obligado a dar rienda suelta a la violencia en pro de corregir una injusticia. El protagonista homónimo es un guerrillero tamil que busca asilo en Francia, huyendo de una guerra inacabada, bajo un nombre falso y con una familia prestada: una mujer sin familia y una chica huérfana. A pesar de que repetidamente rehuye unirse de nuevo a la causa tamil, y la violencia en general, la situación de precariedad y gangsterismo en el suburbio donde han sido alojados anticipa su estallido. Aunque la violencia tome protagonismo en la parte final como medio para sobreponerse a la violencia, lo interesante de la película es su foco en como una familia de desconocidos se va convirtiendo en una familia real. Ése es el foco, lo cual da al estallido de violencia un sentido mucho mayor cuando se trata de salvar a su presunta mujer del fuego cruzado entre facciones rivales. Indudablemente, es una película mucho más interesante que cualquier Death Wish o Venganza, y la diferencia principalmente radica en el foco de la acción. Éste no es precisamente la acción o la violencia, sino los vínculos que se forman y cómo evolucionan las relaciones.

Por mucho que hasta ahora haya puesto el acento en la violencia, porque salta a la vista y es un elemento importante y recurrente a comentar, hay que recordar que éstas películas se elevan más allá del cine espectáculo de acción. ‘Elevarse’ es un verbo injusto. Por supuesto hay grandes películas de acción y no hay géneros inherentemente mejores que otros. Lo que quiero decir es que mientras la mayoría de películas que tratan con violencia convierten la trama en una excusa para montar su espectáculo, Audiard siempre pone la violencia por detrás de las relaciones entre personajes. Aunque la violencia termine recurriendo como un medio inevitable (frecuentemente con la paradójica finalidad de superar la violencia) el foco se encuentra en lo que causa esa violencia o en cómo ésta afecta las relaciones entre personajes.

Quizá la más desacomplejadamente violenta de sus películas sea la última en estrenarse hasta el momento, Los Hermanos Sisters. Pistoleros y asesinos a sueldo de “El Comodoro”, su viaje de ida y vuelta a las montañas del oro deja tras de sí un reguero de muertos. Como siempre, es el oro por quien caen los muertos, pero de nuevo éstos son más bien una excusa para examinar el contraste entre los dos hermanos, en su comportamiento y su actitud frente a su macabro empleo. Lo que emerge es una relación compleja y profunda entre ambos, marcada por una infancia de abusos y la muerte del padre. Charlie fue quien le mató, y quien mantiene una actitud de indiferencia cuando no de entusiasmo por ejercer la violencia, mientras intenta mantenerse constantemente borracho, como tratando de impedirse a sí mismo reflexionar sobre lo terrible de sus actos. Eli, el pequeño, se unió a su hermano por un sentido desaforado del deber, entre el apego fraternal y la culpa de no poder ayudarle a cargar el peso de su responsabilidad, y detesta tener que seguir matando. A lo largo de su viaje para cumplir el último encargo del Comodoro, con todas las desgracias que les acaecen, la relación se tensa y se transforma. Llegados a San Francisco en su última etapa antes de encontrar al hombre que persiguen, Eli decide nunca más aceptar un encargo del Comodoro. Una vez encuentran a su objetivo se ven obligados a unir fuerzas para ahuyentar unos bandidos en busca de oro. Los Sisters deciden entonces unirse a la prospección, hasta que un terrible accidente resulta en la muerte de los otros dos hombres y la pérdida de Charlie de su mano. Con la amputación de su mano le llega a Charlie la sobriedad, y la realización que sus días de matar han pasado. Los roles se invierten y es Eli quien debe tomar el cargo frente a los asesinos que el Comodoro manda tras ellos, mientras Charlie intenta conllevar su impotencia. La única vía de escape es la muerte del Comodoro, resarcir el crimen de matar el padre matando a otro ‘padre’. Sin embargo, al llegar a Oregon, encuentran que el Comodoro ha fallecido ya. Libres, regresan a la casa de su madre, quien les acoge de vuelta.

Se trata de una suerte de anti-Butch Cassidy, una buddy movie en la que los protagonistas intentan regresar a un estado de inocencia en vez de seguir con su huida hacia adelante, en la que los protagonistas no son bandidos de guante blanco (Butch dice no haber disparado nunca un arma) sino asesinos despiadados. Sin embargo, si en Butch Cassidy se romantiza la vida del bandido y el motor de la acción es sencillamente la alegría de robar y la necesidad de huir, en Los Hermanos Sisters se da una reflexión contínua sobre una vida dura e inhóspita que no conduce a ninguna parte. La necesidad de huir no es de la ley, sino de la criminalidad; del propio estilo de vida. Huir de la violencia.

En Audiard, la violencia es cruda y real, es seca. No es un instante de gloria, no es bella, es algo sucio que forma parte de la realidad. No deja de ser problemático, pero incluso cuando entra en primer plano, la violencia no es la protagonista. Siguen siéndolo los personajes que la ejercen, y los motivos por los que lo hacen. Lo que distingue a Audiard no es cómo retrata la violencia sino cómo el foco está siempre en otra parte, en cómo la violencia habla de los personajes, en cómo éstos se relacionan entre ellos y como eso engendra violencia o como a pesar de ello recurren a la violencia. Es decir, resulta interesante por cómo sus personajes dialogan entre ellos y con la violencia, cuál es su relación entre ellos y con ella. La deliberación con la que construye sus películas, desarrollando unos personajes y las situaciones en las que inevitablemente se verán envueltos, teje un tapete infinitamente más interesante de lo que otros directores son capaces de ofrecer.

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