La cuarentena eterna y la salud mental en el Brasil de 2021

Brasil sufre los efectos de la pandemia de COVID-19 incrementados por una mala administración gubernamental. En este momento, la gestión de la pandemia pasa por una investigación parlamentaria para identificar los responsables de más de 487 mil muertos. Como consecuencia clara, hubo un retroceso del 4,1% del PIB en el 2020 y el número de personas en el paro asciende a los 14,8 millones. Pero, ¿en qué medida estos datos afectan a la salud mental de los brasileños y, consecuentemente, al acceso a los tratamientos psicológicos? 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la pandemia de COVID-19 ha perjudicado o impedido el acceso a tratamientos de salud mental en más de 90% de los países. En el país, no fue diferente. Las terapeutas brasileñas Malu Duarte Ribeiro y Karine Ferreira comentan las diferencias que han notado en las terapias psicológicas después del principio de la crisis sanitaria.

La migración de las sesiones presenciales para las sesiones remotas no ha sido inmediata para Karine Ferreira, profesional especialista en terapia lacaniana. La psicóloga comenta que, por lo general, las terapias han cesado durante dos meses. Las sesiones remotas no son discutidas en la Facultad de Psicología y los profesionales han tenido que adaptarse a la nueva realidad. Pero, los atendimientos en línea no han significado un impedimento para el desarrollo terapéutico, con excepción a las oscilaciones en la conexión de internet que pueden provocar una dificultad de comprensión.

Malu Duarte Ribeiro, especialista en orientación analitica, confirma el relato de Karine y acrescenta que la terapia se ha fortalecido, en ciertos aspectos, durante la pandemia. “Tuve que adaptarme al nuevo. (…) En mi experiencia, no hubo un impacto negativo en la relación terapéutica. He logrado crear una relación de intimidad con los nuevos pacientes y fortalecer mi relación con los pacientes antiguos”, comenta Malu.

Las profesionales de salud mental han relatado un incremento considerable en los números de pacientes. En su caso, Karine observó un crecimiento en la búsqueda por tratamiento psicológico a partir del mes de julio del año pasado. Desde entonces, recibe un número bastante elevado de pacientes, el mayor de su carrera. Algunas personas han encontrado en esta forma de atendimiento una manera de comenzar o mantener la terapia, ya que se puede hacerla desde cualquier lugar. “Creo que, después de un período, las personas se encuentran más en la situación en que están viviendo. Creo que esto también ha influido [en este incremento]. En el principio, todo esto era bastante nuevo para todos y ha exigido una adaptación”, afirma.

La pandemia se ha tornado una temática sustancial de las sesiones de manera directa o indirecta, es un punto en común entre todos los pacientes. El miedo a la enfermedad, a la pérdida de personas importantes, a lo desconocido, al hambre, a la dimisión, además de un fuerte sentimiento de impotencia se movilizan a partir de cuestiones y traumas personales, según Malu. Pero, ¿en qué influye la mala gestión de la crisis en la salud mental de las personas? 

Las crisis económicas afectan a la autoestima y a la seguridad emocional, de acuerdo a Karine. “La economía afecta al desempeño en el trabajo que afecta a la autoestima que afecta a el humor y la salud mental. Todo esto afecta a las personas. La calidad de vida, las condiciones básicas de supervivencia, la buena alimentación, la capacidad de sostener financieramente una casa. (…) Afecta mucho a las personas y todo esto aparece mucho en las sesiones de terapia”, afirma.

Malu dice que “hay un sufrimiento en común entre todos los pacientes, pues de alguna manera todos han sido afectados por el virus, y existe una indignación colectiva con respeto a la gestión de la pandemia”.

Si de manera individual no se puede cambiar el rumbo de un país, ¿cómo se puede sobrellevar una pandemia en constante agravamiento, una larga cuarentena y una desastrosa política de combate al virus?.

Malu apuesta en el establecimiento de unos hábitos de rutina. “Es necesario una organización interna y externa y, en este caso, la rutina es una estructura para que no sintamos la vida perder el sentido”. Además, para ambas el contacto con familia, amigos y colegas de trabajo es esencial para mantener un vínculo, un sentido que estamos conectados a pesar de la distancia física. “Mantener contactos sociales es esencial para preservar la salud mental, renovar la fuerzas y sostener la esperanza”, contesta Karine. Además, aconseja que se hagan planes para el post pandemia en conjunto con personas cercanas y que “se construya un discurso posible para un futuro posible”.

Entonces, ¿cuál es el mejor momento para empezar un acompañamiento psicológico? Las dos terapeutas contestan lo mismo: no hay un momento clave. Empezar un tratamiento antes de una crisis emocional o mental es lo que va a evitar una situación dramática. También es importante percibir las señales. Malu dice que el cuerpo y la mente nos dicen cuando algo no va bien: es importante prestar la debida atención a los cambios comportamentales, emocionales y físicos. 

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