La necesidad de una democracia comunicativa en los medios de comunicación españoles

En la actualidad cada vez cuesta más encontrar medios de comunicación que nieguen de forma abierta la violencia machista. Los casos en los que se encuentran presentes estas conductas se suelen encontrar en todo caso en los titulares, pero no en una estrategia comunicativa intencionada por parte de los medios de comunicación. Sin embargo, está claro que la estructura del patriarcado es invisible, no es algo que se pueda tocar y vive de diferenciar a las personas, formando los roles de género e imponiéndolos a través de la violencia para castigar todo lo que se salga de la “norma ajustada” a los roles impuestos. Los medios de comunicación son también susceptibles de estas dinámicas que rigen la sociedad.

En el mundo hay “diez democracias plenas” según los índices de Freedom House. En estas democracias plenas uno de sus principales pilares es la libertad de prensa, y los medios de comunicación están regidos por unos principios democráticos, impregnados del ideal de imparcialidad, que automáticamente en nuestras cabezas está relacionado con el concepto de justicia. Alguien es imparcial cuando es justo en el pensamiento colectivo, alguien que considera las circunstancias, necesidades y deseos de los demás, incluyendo los suyos. Sin embargo, esta definición universal democrática, que apela a valores como la igualdad y la participación plena de toda la sociedad, puede generar también desigualdades en determinados campos, como es el caso de la desigualdad de género.

Repetimos, ningún medio de comunicación va a plantear de forma directa que la violencia de género no exista, ni va a negar los feminicidios, pero sí es cierto que hay una serie de resistencias por parte de los medios de comunicación para implementar una perspectiva de género total.

En primer lugar estas resistencias las encontramos en los titulares. En España, la anterior editora de igualdad de Televisión Española, Alicia Gómez Monano (2020) confirmó que “el problema a lo largo de abordar los asesinatos machistas en España es la indiferencia”. Esto hace que todavía muchos medios de comunicación traten los casos de Violencia de género como sucesos meramente pasionales y sin incidir en que estos asesinatos tienen unas condiciones estructurales. En estos casos no es que una mujer “sea hallada muerta” como si fuera por una causa repentina y natural, sino que es asesinada. Probablemente esto se deba a la desinformación por parte de los medios y que todavía haymucho que hacer en materia educativa.

En segundo lugar estas resistencias las encontramos en la participación y representación de las mujeres en los medios de comunicación. Las cuotas de género en los consejos de administración de las empresas, y por ello también en las plantillas de las mismas,  poseen una “regulación débil” (Lombardo, 2017). ¿Por qué decimos que hay una regulación débil? Precisamente porque a pesar de que por ley han de implementarlas, se deja mucha libertad a los medios de comunicación para llevarlas a cabo como quieran precisar. Si observamos los principales medios de comunicación, y acudimos al Estudio General de Medios, (Telecinco, Antena 3 y Televisión Española) encontramos que hay una paridad en sus presentadores, pero lo que no encontramos es que todos participen en los horarios de máxima audiencia. Esto realmente es importante porque no sólo implica la presencia femenina, sino que esas profesionales tengan realmente voz, uno de los principios esenciales de la democracia, que todos los colectivos puedan participar.

¿Cuál es la solución para que realmente exista una igualdad de género real dentro de los propios medios de comunicación? Fomentar una verdadera democracia comunicativa. La politóloga Iris Marion Young proponía un modelo democrático que no sólo tuviera en cuenta la voz, sino que tomara en consideración también la escucha, posibilitando de esta manera la inclusión de más realidades y permitiendo la participación real de todos los sujetos en la toma de decisiones.

De esta manera, elaborando un código deontológico por parte de todos los medios de comunicación se pueden reformular las dinámicas de resistencia a la implementación de una perspectiva feminista, y por tanto a la consecución de una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en los medios de comunicación, ya no sólo españoles, sino de todo el mundo.

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