El verdadero horror detrás de “Nunca Más”. El Cuervo.

Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.

Así comienza la composición poética más famosa de Edgard Allan Poe, autor norteamericano considerado uno de los maestros del cuento corto y renovador de la literatura gótica.  El Cuervo le dio reconocimiento internacional.

En el poema son notables su musicalidad, el lenguaje estilizado y la atmósfera sobrenatural que logra recrear.

El poema narra la misteriosa visita de un cuervo parlante a la casa de un amante afligido, y del lento descenso hacia la locura de este último. El amante, llora la pérdida de su amada y el cuervo negro, agrava su sufrimiento con la repetición de las palabras «Nunca más».

La locura a menudo es definida como lo que no es aceptado por la sociedad, como todo comportamiento rechazado por las normas sociales, el comportamiento excéntrico de los individuos fue en algún momento razón suficiente para declarar a viva voz a alguien como “loco”. La locura no se entiende, y en algún tiempo no se la consideró una enfermedad; quizás hasta nuestros días se sigue creyendo que las enfermedades mentales son cosas de gente débil, de gente que puede pero no quiere controlarse, pero contrario a esto sabemos que “no es loco quien quiere, sino quien puede”.

El joven amante es descrito como alguien débil y cansado ante la muerte de su amada Aquí observamos como Poe nos va dibujando a un joven atormentado por dicha muerte.

Llaman a la puerta pero al abrirla se encuentra con que nadie está allí, y empieza a dudar de sus sentidos, y a cuestionar lo que éstos le hacen percibir. Escucha de nuevo la llamada a su puerta y la abre para dejar pasar a un cuervo. Ante la presencia del imprevisto visitante, el joven exige que le diga su nombre, llevado por los arrebatos de un hombre desconsolado que no confía en lo que sus oídos escuchan y tampoco de lo que sus ojos ven.  Oye decir al cuervo “Nunca más” y el joven  se esfuerza en negar su terrorífica presencia, como el enfermo que espera que todo desaparezca de un momento a otro como ha aparecido.

Sin embargo no puede evitar, así como el “loco” tampoco, darle significado a lo que percibe, empezando a construir así su delirio, delirio donde sus suplicas por olvidar el dolor que le ocasiona el haber perdido a su amada, sean respondidas por el cuervo en su nefasto “Nunca más”, y delirio que lo condena a nunca tener descanso porque la respuesta del cuervo es “Nunca más”. Ante esto, podríamos pensar que el joven está sumido en una gran depresión que termina por distorsionar su percepción y le hace alucinar con un ave que continua con su auto impuesto castigo, recordándole una y otra vez que su dolor “Nunca más” desaparecerá, y que el ave estará ahí para perseguirlo y hacerle compañía durante su soledad.

El verdadero horror dentro de El Cuervo no es lo sobrenatural o los elementos horribles, sino las consecuencias que  producen. “Nunca más” es un símbolo que implica una realidad fatal e inalterable. El alma humana, que está acostumbrada a alcanzar la verdad a través de la razón, es horrorizada no por un cuervo, sino por la idea de la humanidad para alcanzar algo más allá de la muerte.

Poe, con este poema, quiere transmitir la pequeñez del ser humano, el cual es superado por la belleza suprema de la muerte y de lo hermoso. El tema más melancólico y bello para Poe, no es sólo la muerte de una mujer hermosa, sino la idea de una realidad espiritual más elevada que sólo puede ser alcanzada a través de la poesía.

La grandeza de Poe reside en desnudar el espíritu humano a través de la poesía y exaltar que, la sensibilidad presente en hombres y mujeres, otorga a todos el regalo de la humanidad que implica las capacidades de sentir, tener esperanza, llorar e incluso amar aún más allá de la muerte.

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. En el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!.

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