Política y delito

“(…) al apoderarse de un Estado, todo usurpador debe reflexionar sobre los crímenes que le es preciso cometer, y ejecutarlos todos a la vez, para que no tenga que renovarlos día a día y, al no verse en esa necesidad, pueda conquistar a los hombres a fuerza de beneficios.”

Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, Cap.VIII, “De los que por medio de delitos llegaron al principado”.

“Política y delito” del original “Politik und Verbrechen”, es el título de una recopilación de nueve ensayos aparecida en 1964, cuyo autor es el polifacético poeta, escritor, traductor y periodista Hans Magnus Enzensberger (Baviera, 1929).

En esta obra, el intelectual alemán ilustra la correlación entre política y crimen comenzando en sus primeras páginas por una serie de reflexiones conceptuales sobre el crimen, sus acepciones jurídicas, o el crimen comprendido en virtud del carácter arquetípico del asesinato. Al abordar la historia natural del crimen, estima que el homicidio ha jugado un papel importante desde el inicio de la humanidad, a pesar de la inexistencia de normas codificadas. Igualmente hace referencia a la descripción clásica del “primer crimen” de Sigmund Freud, en el capítulo V de Tótem y tabú, el cual deriva de la horda darwiniana y consiste en el asesinato del padre despótico, celoso, que guarda para sí toda mujer, por parte de sus propios hijos, expulsados en un acto de despotismo.

“El acto político original coincide por lo tanto, si damos crédito a Freud, con el crimen original. Entre asesinato y política existe una dependencia antigua, estrecha y oscura” (pág.11).

Se sirve a su vez, en sus razonamientos del primer capítulo del ensayo, de los postulados del escritor búlgaro de expresión alemana Elías Canetti que considera al gobernante un superviviente, ya que “ejerce el poder quien puede dar muerte a los súbditos (…) La muerte por el hombre está prevista, por tanto, en las estructuras sociales, incluso las más avanzadas, y la toleran aunque en casos extremos, como la revolución o la guerra. Pero por lo demás no se ponen de manifiesto los cimientos de la tiranía, se hallan encubiertos. La orden, dice Canetti, es siempre una sentencia de muerte en suspenso” (páginas 11 y 12).

Niño y adolescente en la época del nazismo y la II Guerra Mundial, Enzensberger escribe con ingenio, agudeza y mordacidad sobre esta correlación política-delito tomando numerosos y ricos ejemplos como la dictadura de Leónidas Trujillo y su tiranicidio, o las organizaciones criminales de los gánsters de Chicago y la camorra napolitana; según Enzensberger, “Tan pronto como la criminalidad se organiza, se convierte, tendenciosamente, en un Estado dentro del Estado. La estructura de tales comunidades de delincuentes reproduce fielmente aquellas formas de gobierno de las cuales son rivales o competidores” (pág.28). Enzensberger también evoca el caso de Wilma Montesi y el llamado “proceso del siglo”, caso de 1953 que nunca se ha resuelto, así como los orígenes de la revolución rusa a mediados del siglo XIX, hasta la muerte del zar Alejandro II y la creación de una policía secreta rusa por el propio zar, la Ochrana, tres años antes de su muerte, o el caso del único desertor americano ejecutado en la segunda guerra mundial, para ilustrar el tema. A lo largo de esta obra, se demuestra cómo el propio Estado puede legitimar el delito y cómo el delito llega a legitimar al Estado, o cómo el mismo delito se considera o no como tal, dependiendo del contexto histórico y sociopolítico así como del tribunal sentenciador correspondiente.

Esta refundición de ensayos, algunos de ellos emitidos por la radio, termina con un capítulo dedicado a una teoría de la traición, en el cual, de la misma manera que hace al principio de su obra con el crimen, el autor pretende encontrar una definición de la traición, ya sea jurídica, histórica, filosófica o psicológica, pues en este capítulo, Enzensberger también hace referencia al tabú de Freud, “Este tabú es la condición por excelencia de la posibilidad de gobernar” (pág.299); según el cual el gobernante es intocable y a su vez con él se protege a sus súbditos de éste, pero considera que la excesiva obsesión con el tabú es incompatible con la democracia puesto que la política debe ser de dominio público. Por este motivo, según él, los secretos de estado, consecuencia del empleo del tabú del gobernante o del gobierno, imprescindibles, por ejemplo, en la carrera armamentística, son antidemocráticos, ya que ocultan la verdad a la ciudadanía que representan. Esta idea persiste hasta el final del ensayo; “Un gobierno, cuantos más secretos de Estado guarde, tanto más debe ocultar a aquellos que pretende representar. Cuantos más tabús de traición se establezca, tanto más será despreciado y temido por sus ciudadanos, y tanto menos estará a su servicio” (pág.312).

La obra, repito, es de 1964, se debe de comprender al autor y sus ensayos en su contexto histórico, algunos objetos de interés como la pena de muerte, han evolucionado desde entonces, además, Enzensberger deja una serie de preguntas abiertas del tipo : ¿Hay asesinos justos? ¿Somos todos traidores? ¿Hay aún inocentes?, ya que considera sus respuestas provisionales e invita a la reflexión, pero mediante estos nueve ensayos responde con argumentos suficientes a la correlación política-delito.

Política y delito, delito y política se vinculan, se combaten y se complementan, se odian y se necesitan, se reiteran y se perpetúan a lo largo de la historia. Tal es así, que sobre el tema política y delito podría encontrarse suficiente información como para escribir una “enciclopedia ilustrada de la política y el delito”, en la que cabrían el magnicidio de Julio César, el del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, el de J.F. Kennedy o el de Gadafi; el terror de Robespierre, el incorruptible abogado que murió en la guillotina; el holocausto, el bombardeo de Guernica, el comando Txiquia, el asesinato de Giovani Falcone, Al Qaeda, los “yakuza”, el gobierno de Duterte, el caso Watergate, los intentos de asesinar a Fidel Castro, Ramón Mercader y el asesinato de Trotsky, el envenenamiento de Navalny o el de Yushchenko; Ratko Mladić, el “Carnicero de Srebrenica”, que nos ha vuelto a recordar el horror de la guerra de Bosnia; la matanza en la Plaza de las tres culturas en Tlatelolco o la masacre de Tiananmén; el caso Escobedo, Mateo Morral; los desaparecidos de las dictaduras militares y los desaparecidos de las democracias, como los 43 estudiantes de Iguala. El número de ejemplos es casi inabarcable.

Magnicidio del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, en Sarajevo, en junio de 1914, que sería detonante de la I Guerra Mundial.

La corrupción, aparecería de forma trasversal, considerada en las últimas décadas endémica, incluso inherente a las democracias contemporáneas que venían a solucionar los problemas de los sistemas políticos precedentes; muchos son los partidos políticos que se ven obligados a renovarse desde la regeneración moral, así como son muchos los nuevos partidos que surgen para combatir la corrupción, o de forma coyuntural, para afrontar la crisis, y encuentran o han encontrado su espacio en la última década en que se ha instalado la desafección política y los sistemas tradicionalmente bipartidistas se han visto cuestionados y desestabilizados. Los partidos extremistas, entre éstos, se nutren igualmente, en parte, de los deslices y trapos sucios de los partidos más demócratas. Estas malas prácticas también han puesto en evidencia a algunas monarquías, pero en ellas el tabú sigue jugando un papel más efectivo que en los gobernantes que proceden de la sociedad civil, a los cuales, si sucumben a la imprudencia, y aunque esté prohibido -el significado polinesio de tabú es “lo prohibido”-, se les abofetea.

“ Los tres monos sabios”; Esculturas de Hidari Jingorō en el santuario Toshogu en Nikko (Japón).

Siempre inconclusa, esta enciclopedia necesitaría de revisiones y actualizaciones de forma periódica; recientemente, hace apenas unas semanas, se han celebrado las elecciones más grandes de la historia de México; 95 millones de mexicanos fueron llamados a las urnas para elegir a diputados, gobernadores y cargos locales, pero la campaña electoral estuvo marcada por la violencia hacia sus candidatos, de los cuales 89 políticos fueron asesinados y del mismo modo que ocurrió en la contienda electoral de las federales de 2018, los casos de acoso, extorsión u homicidio vinculados directa o indirectamente a la contienda electoral son incalculables.

BIBLIOGRAFÍA :

MAQUIAVELO, Nicolás , El Príncipe, Ed. Alianza, Madrid, 1981.

ENZENSBERGER, Hans Magnus, Política y delito, Ed. Anagrama, Barcelona, 2002.

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