Explotación digital. Concienciación y resistencia

Con frecuencia se nos recuerda los inconvenientes asociados a nuestra transición hacia una sociedad cada vez más digital y tecnológica. El escándalo de Cambridge Analytica nos concienció de cómo la tendencia de los gigantes tecnológicos a transgredir la privacidad de los usuarios amenaza la capacidad democrática de nuestra sociedad. La propuesta de Trump de investigar la actividad online de personas con discapacidad, con el objetivo de prevenir falsas solicitudes de subvenciones estatales, mostró cómo el rastreo digital puede ser empleado para justificar una mayor discriminación social. Hay quienes cuestionan la misoginia e interés de controlar el cuerpo de las mujeres implícitos en las proliferantes tecnologías reguladoras de salud de ésta (ej. las aplicaciones menstruales). Desde hace años varios estudios llevan anunciado la correlación entre una alta comunicatividad online y la depresión. Redes sociales como Twitter se han convertido en el nuevo epicentro del hate speech y radicalismo que, como el asalto al capitolio a principios de año probó, pueden materializarse en actos de violencia real. Éstos son algunos ejemplos del clima de preocupación alrededor del aumento de la digitalización. Podría parecer lógico que, frente a esta amenaza, la reacción principal fuese cuestionarse qué incentivos nos abocan a esta situación y cuáles son sus impactos psicológicos y sociales más profundos. Sin embargo, la respuesta predominante es una combinación de medidas regulatorias (orientadas sobre todo a salvaguardar la reputación de las empresas tecnológicas) y una creciente digitalización.

Varias instituciones jurídicas y supranacionales han reconocido algunos de los casos anteriores como abusos condenables, pero fácilmente prevenibles. Así pues, las amenazas asociadas a la digitalización suelen ser conceptualizadas como una cuestión de mayor protección de datos y de responsabilidad social. Constantemente vemos a la Unión Europea emprender nuevas luchas antitrust contra gigantes tecnológicos y proliferar servicios de consultoría y think tanks dedicados a idear y vender estrategias de privacidad y transparencia a las empresas digitales y estados.

Tales medidas son necesarias, pero insuficientes. Están fundamentadas en la falsa asunción que el usuario tecnológico es un recipiente pasivo de un abuso de poder.  Se considera que acabar con lo peyorativo de lo digital es fácilmente realizable mediante la recapacitación del mismo organismo de poder (ej. Facebook, Twitter…) o la intervención de otros organismos como la Unión Europea o del Estado. Esta definición del poder como unidireccional y concentrado, no tan sólo evita la carga de responsabilidad a los usuarios, sino que también permite su perpetuación, al hacernos creer que ´una pequeña modificación desde arriba´ es la solución a todas nuestras inquietudes. Así, se oculta la autonomía del usuario al decidir hacer uso de la plataforma y, por ende, los incentivos que recibe por parte de cierto discurso social que promueve la satisfacción personal a través de la producción y consumo de datos, así como por la configuración de las plataformas. Ésta última, los comportamientos que desencadena y la narrativa hegemónica social que alimenta, es aquello que no será cuestionado por la ley hasta que no lo hagamos nosotros.

Este parece ser uno de los propósitos de Byung-Chul Han en su libro ´Psicopolítica´, concepto que, inspirado en la ´biopolítica´ de Foucault, comparte la asunción de que el poder tiene una naturaleza descentralizada y productiva para describir nuestra relación con el Big Data.

Según Foucault no debemos localizar el poder en una entidad autoritaria y represiva, sino en la multiplicidad de interacciones y el conocimiento producido bajo ciertas instituciones y discursos hegemónicos. Foucault famosamente analiza tal axioma en el desarrollo de la sexualidad humana en los últimos siglos. Contrariamente a lo más extendido, desde ya la época victoriana la sexualidad tiene un carácter productivo y ocupa un lugar central en la sociedad. Su restricción a la esfera familiar a través de un discurso puritano coincidió con su medicalización (que por primera vez se hablase de patologías sexuales) y el que las personas viesen su subjetividad marcada por diagnósticos en base a sus características y comportamientos sexuales: ej. pervertido, histérica, homosexual. Es este proceso de subjetivización – a través de la exposición de la gente a un creciente conocimiento y a sus correspondientes instituciones (colegio, psiquiátrico) – la manifestación principal de las relaciones de poder sobre las que se sustenta cierto status quo.  Foucault identifica como principal efecto de tal subjetivización una capacidad de control sobre los cuerpos gracias a su confinamiento en diferentes espacios (hospital, psiquiatra, colegio). El concepto de ´biopolítica´ subraya precisamente el interés e impacto político implícito en tal administración de la vida, es decir, de los cuerpos de la población.

Para Byung-Chul Han el Big Data ha impulsado una nueva realidad en la que debemos hablar de ´psicopolítica´, o del interés político vinculado al control, la explotación y subjetivación de nuestra psique. El proceso de subjetivización ya no ocurre en un lugar concreto debido a la naturaleza dispersa del espacio virtual que habitamos. La subjetivización digital se distingue por alentar al sujeto a expresar lo máximo posible mientras le crea una sensación de insatisfacción constante ante el prospecto infinito de la automejora. Emotividad, acumulación, y optimización son los valores principalmente propugnados. Han observa como estos nuevos ideales de conducta respaldados y fomentados por las opciones de las plataformas (sistema de likes, re-tweet, biografía) no son fortuitos, sino que se compaginan con los intereses de un tecnocapitalismo cuyos beneficios dependen de la máxima producción de información y de servicios posible, además de con una concepción de la libertad posmoderna que equipara ésta última a una expresión irrestringida y a un derecho ilimitado a todo. No es difícil ver cómo un mayor consumo de servicios e información es potenciado por un discurso social que derrocha ´positividad´. Éste es el término acuñado por el autor para referirse a la obsesión con valores de connotación positiva: la apariencia de emancipación, bienestar y eficiencia. Una comunicación ininterrumpida, el registro de datos y el asesoramiento algorítmico son algunas de las fórmulas principales para alcanzar tal ideal. Para comprobar la seducción que ejercen estos valores positivos en nuestra era tecnológica, no hay nada más que observar la proliferación de las aplicaciones de meditación y salud y la fascinación por las propuestas algorítmicas y por los resultados que nos ofrecen los test psicológicos online. También se manifiesta, asimismo, en el creciente deleite en hacer pública nuestra vida en las redes (a través de los stories, por ejemplo) y en reaccionar a la de los otros.

Esta reflexión no pretende despertar una intolerancia acérrima a la tecnología, sino hacernos más conscientes del papel que nuestro deseo y ciertas motivaciones de carácter sociológico ejercen en la configuración de una realidad con cierta tendencia a la explotación y al abuso, de la que después nos quejamos. Es cierto que ningún sistema es perfecto. No obstante, aspirar a su mejora implica preguntarnos la autenticidad y la legitimidad de las fuentes de satisfacción que nos proporciona. La decisión de Instagram de ocultar los likes es un buen ejemplo de una victoriosa resistencia ejecutada por los usuarios: la mezcla de miseria y placer inherente a la acumulación de likes ha tenido que ocupar un lugar destacado en el debate público para que Instagram suspendiera su visualización.

 En resumen, considerarnos agentes activos en el proceso de explotación tecnológica es esencial para la creación de medidas que, en vez de estar enfocadas en consolidar la legitimidad de una mayor digitalización, tengan como meta nuestro bienestar. Un bienestar que no sea sólo apariencia.

Bibliografía

Foucault ‘Two Lectures: Lecture II 14th Jan 1976 ’ in Power/Knowledge (Pantheon: 1980).

Han, B., n.d. Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder.

How A Trump Proposal Could Reduce ‘Happy’ Disabled People (forbes.com)

Period-tracking apps like Clue and Glow are not for women – Vox

EE UU y la UE se lanzan a tratar de rebajar el poder de las tecnológicas | Economía | EL PAÍS (elpais.com)

Mika Tajima: Illusions of Control – ArtReview

Imagen:

Mika Tajima, Anima 6, 2020, vidrio, boquilla de chorro de bronce fundido, 48 x 51 x 36 cm. Obra inspirada en la descripción de los efectos del tecnocapitalismo en nuestra psique por Byung-Chul Han. Imagen: cortesía del artista y de Kayne Griffin Corcoran y Simon Lee Gallery.

Deje su comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here