La multiplicidad religiosa en Asia a través de la simbología del film Gokseong

El film Gokseong, traducido como “El extraño”, dirigida y producida por el director Na Hong-jin, narra la historia de un modesto pueblo de Corea del Sur que se ve súbitamente amenazado por una serie de asesinatos violentos que, aparentemente, tienen que ver con la llegada de un anciano japonés. La historia gira alrededor de un agente de policía encargado del caso, Jong-goo, que juntamente con su equipo muestran una absoluta incompetencia en lo que a resolver los crímenes se refiere; se recurre, finalmente, a los servicios de un chamán para deshacerse de las intimidaciones que sufre el lugar. Así, a lo largo de la cinta apreciamos una serie de confluencias de tipo religioso, como rasgos característicos del taoísmo, budismo, muísmo y cristianismo, que nos darán pie a poder advertir la multiplicidad y la diversidad religiosa en Asia en un radio reducido, como lo es el pueblo coreano donde se desarrolla el film. A lo largo de este breve ensayo se sustentará la premisa que defiende que la película Gokseong es una muestra cinematográfica de la pluralidad religiosa en el continente asiático.

El muísmo adopta uno de los papeles protagonistas a lo largo de la película, pues el director opta por hacer presente el chamanismo coreano mediante escenas y personajes que dan vida a la religión autóctona del sur de la península. El muísmo es un dogma que opta por la distinción de dos realidades, la de los dioses y espíritus y la de los hombres; está profundamente asentada en Corea, tal y como afirma Tongshik: “The pervasive influence of shamanism in Korean culture has produced an intricate network of connections relating this underlying religious phenomenon both to the major established religions and to the new religions of today as well” (Tongshik, 1984: 8). Así pues, con dicha presencia muísta en la realidad coreana el director se adentra en elementos propios de la tradición para mostrarlos en la cinta. ¿Cómo observamos entonces esta religiosidad a lo largo de la película? Una de las principales ceremonias relacionadas con el chamanismo es la realización del kut[1] con la presencia de un mundang[2]: este ritual conforma una de las principales y más importantes escenas del film. Tal y como se ha mencionado anteriormente, la familia del jefe de policía del pueblo, Jong-goo, junto con los vecinos de la zona deciden contratar los servicios de un mundang que consiga deshacerse del ser maligno que amenaza la comunidad. El director representa el ritual de la forma minuciosa y con las doce secuencias que lo forman -Tongshik nos detalla todos los pasos a seguir en el kut en su artículo-, pero Na Hong-jin decide centrarse en las tres últimas etapas rituales, en las cuales el chamán rinde culto a los dioses y ofrece sacrificios a los espíritus para que así no haya consecuencias perjudiciales para la comunidad (Ibidem: 12). En la escena apreciamos el sacrificio de una vaca junto con una gran variedad de invocaciones y danzas, las cuales desencadenan en el abandono del mundo de los hombres por parte del espíritu.

Dejando atrás la presencia muísta en la cinta, a la cual recurriremos de nuevo posteriormente, nos adentramos en uno de los rasgos propios de la religión cristiana. Tal y como afirma Míguez, un tercio de la población es católica o protestante, pero “el sustrato primordial procedente del muísmo aún sigue tan presente en las zonas rurales que podríamos llegar a apreciarlo amortiguado en ciertos gestos de las misas cristianas; tal es su poder de permanencia” (Míguez, 2017: 2). Aún así el film no hace uso de esta miscelánea religiosa y opta por caracterizar esta diversidad con facciones propias de cada una. Por su parte el director simboliza el cristianismo con el personaje de la mujer de blanco; actúa como contrapunto de los espíritus malignos, el cual es personificado con el viejo ermitaño japonés, sospechoso de las terribles muertes que amenazan el pueblo. Este personaje femenino vestido de blanco alegoriza la santidad, la pureza y el triunfo del bien sobre el mal gracias a la simbología del color albino. Apreciamos este símbolo cristiano en una escena donde dicha mujer acompaña a Jong-goo y le lanza piedras; ella es una representación del bien y con este ataque hacia el oficial de policía pretende que se percate de que el culpable es él, pues previamente ha intentado asesinar al anciano nipón, acción categorizada como pecado a ojos de este culto religioso. Por lo tanto, este elemento propio de la dicotomía establecida por la religión cristiana entre el bien y el mal representa un punto de inflexión en la película a la hora de observar los recursos del director para ofrecer una representación simbólica de la multiplicidad de signos y orientaciones religiosas que podemos observar en el film y en la realidad coreana.

El taoísmo hace acto de presencia en el largometraje en tanto que el director opta por manifestar los conceptos del bien y el mal como algo relativo y con intenciones de mantener un equilibrio entre ambos términos. Para la corriente de pensamiento taoísta cada una de las figuras cuenta con dos vertientes heterogéneas y no las podemos clasificar como “buenas” o “malas”. Míguez compone una reflexión verdaderamente sugerente sobre la naturaleza de los personajes y especialmente entorno al individuo del extraño japonés, principal sospechoso de los singulares sucesos:

¿Sería “el extraño” un ser maligno? Sin duda lo es desde nuestra visión católica, pero stricto sensu no sería malvado entendiéndolo como un espíritu dentro del taoísmo […].  Porque, ¿sería censurable en un sentido cósmico que un pescador acabara con la vida de los peces? […] Hilando con lo anterior, el demonio interpretado por el soberbio Jun Kunimura sería en un sentido taoísta tan superior a los humanos como estos lo son a su vez comparados con los peces. De hecho, recordemos el plano general que abre la película, donde se muestra al “extraño” pescando en el río en una metáfora elocuente de lo que acabamos de desarrollar. (Ibidem: 5)

Esta consideración se puede aplicar a lo largo de toda la película, pues el director pone en entredicho de manera incesante las actuaciones de todos y cada uno de los personajes; su capacidad evocadora para determinar la pluralidad de estos hace que no simpaticemos con ninguno de ellos, sino que pongamos en duda su doble intencionalidad. El largometraje, ganador del festival de Cannes como mejor cinta asiática y mejor fotografía, está configurada con muchos elementos de fundamento asiático que desde un punto de vista occidental no llegamos a apreciar, pues la mentalidad cristiana que despunta en la sociedad europea genera la falta de perspectiva en términos tan presentes como el descernimiento entre el bien y el mal.

En lo que al budismo se refiere, el director decide abordar esta religión de manera no tan presente en la cinta; en una de las escenas finales de la película el extraño nipón adopta la forma de demonio en presencia de un sacerdote cristiano. Este individuo toma la forma de diablo con piel rojiza y totalmente canónico. Pese a ello observamos un rasgo muy particular en este y es que dispone de tres cuernos y no de dos, tal y como se configuraría en la representación tradicional cristiana de lucifer. Los tres cuernos son propios de los oni, los demonios budistas. ¿Por qué el director recurre entonces a esta peculiaridad? Na Hong-jin parece que quiera hacer confluir estas dos perspectivas religiosas que afectan al agente de policía, el principal protagonista, el cual sigue una doctrina cristiana con reminiscencias claramente budistas, pues su origen es asiático. Una manera de mostrar esta concurrencia es manifestando la representación del demonio tradicional cristiano con un rasgo propio del budismo, como son los tres cuernos, lo que en última instancia simbolizaría el elemento asiático propio de sus raíces. Por lo tanto, pese a que las referencias budistas no se muestren de manera explícita en el largometraje vemos como el director trata de incorporar la pluralidad religiosa presente en cada uno de los personajes y en las diferentes perspectivas que nos ofrece la película. Es interesante observar como la esencia judeocristiana propia de la doctrina que sigue el oficial de policía confluye con las evocaciones asiáticas a la hora de adoptar la forma del mal y encarnarlo. El film adopta símbolos de lo más apelantes para configurar la pluralidad religiosa asiática y las diferentes formas de culto y tradición que se adoptan mediante un punto de mira muy peculiar: un pequeño pueblo surcoreano.

En conclusión, Gokseong es un film singular que nos transporta a una Asia desconocida para la mayoría de población occidental y Na Hong-jin nos lo intenta transmitir así; con una fotografía y unos diálogos excepcionales el director nos mantiene ensimismados en una historia repleta de matices estilísticos y mensajes en clave fruto de un trabajo verdaderamente profundo en materia cinematográfica. En lo que se refiere a la inclusión de la diversidad religiosa, el director nos intenta propalar la realidad asiática mediante un enfoque distintivo como lo es el pueblo surcoreano donde se desarrollan los hechos: es una pequeña muestra de una realidad presente. Por lo tanto, la disposición de las distintas religiones toma forma de simbolismo, pues la sutilidad es una de las más singulares facciones del largometraje. El director nos presenta cuatro grandes tradiciones, como lo son el muísmo, el cristianismo, el budismo y el taoísmo; estas cuatro religiones son una parte muy significativa de la cinta, pues está cargada de símbolos en representación de estas cuatro doctrinas que nos permiten entender de una manera mucho más concisa el verdadero objetivo del director, mucho más allá de presentarnos un largometraje catalogado en el género de “terror”. Estos elementos, arraigados a una realidad religiosa, son aplicados de manera discreta en ciertos momentos de la película, como los que hemos analizado anteriormente, para así mostrarnos que va mucho más allá de los rasgos religiosos categorizados en cada creencia. El muísmo ocupa uno de los papeles protagonistas, pues el director opta por mostrarnos la Corea más profunda, donde el chamanismo obtiene una importancia primordial debido a su posicionamiento como religión autóctona de la península. Uno de los símbolos utilizados en la película, tal y como hemos observado, es la representación de uno de los rituales principales de la aludida religión: el kut. Esta idea se cohesiona con otros dogmas, como lo son el cristianismo, el taoísmo y el budismo; ¿por qué es importante y esencial entonces la mención y aparición de otras religiones?

Another way in which shamanism was transmitted is what I will call sycretistic transmission. This was a process in which shamanism was passed on by being incrporated into the beliefs and practices of other religions. […] Another way of putting it is to say that  shamanism survived and grew by disguising itself in the clothes of the foreing religions.  This type of development is particularly evident in the history of Buddhism in Korea” (Tongshik, 1984: 9)

Por lo tanto, podemos apreciar como la realidad coreana se basa en la confluencia con otras religiones, especialmente la budista. Por otro lado, observamos como el cristianismo adopta la forma de la mujer de blanco, símbolo de pureza y encarnación del bien, y además el director opta adicionalmente por la representación del mal con el demonio canónico propio de la religión cristiana. El budismo y el taoísmo, en tanto que adopta un símbolo demoníaco y el otro la dicotomía entre el bien y el mal, Na Hong-jin revela particularidades propias de las religiones que encontramos en Asia; aparentemente estos elementos no se pueden apreciar, por lo que con una visualización superficial no podríamos adentrarnos en la realidad de la simbología religiosa que incorpora el director, pero si realizamos un análisis profundo de los diferentes componentes que se integran vemos como se transforma en un film cargado de dobles sentidos, alegorías, críticas y referencias. Por lo tanto, en lo que se refiere a la hipótesis planteada inicialmente, la cual defiende que Gokseong es una muestra cinematográfica de la pluralidad religiosa en el continente asiático, podemos concluir que es acertada ya que la clara confluencia de religiones y la carga simbólica del film nos corroboran que a partir de la muestra que nos ofrece el director, un hecho insólito en un pequeño pueblo de Corea del Sur, podemos determinar la gran cantidad de congregaciones religiosas que conviven en una misma localización llegando a convergir más de una en un solo personaje, como es el caso del protagonista Jong-goo. Esta confluencia dogmática casa con la diversidad étnica y cultural que genera la diversificación religiosa. Sin duda es un film evocador fruto de un gran trabajo de investigación que nos relata y nos nutre de la realidad asiática sobre las supersticiones, tradiciones, rituales y religiones.

Bibliografia: 

  • MÍGUEZ, Antonio (2017): “Los lugares del mal: Muísmo y Cristianismo en “El  Extraño” de Na Hong-Jin”. Ecos de Asia. Recuperado de:  http://revistacultural.ecosdeasia.com/los-lugares-del-mal-muismo-y cristianismo-en-el-extrano-de-na-hong-jin/#_ftnref1 
  • TONGSHIK, Ryu (1984). Shamanism: The Dominant Folk Religion in Korea. Inter-Relgio, 5, 8-15: Indiana University. 
  • YANG, Jongsung. (1988). Korean Shamanism: The Training Process of  Charismatic ‘Mudang’, Seul: Yionsei University.

[1] Uno de los principales rituales del chamanismo utilizados para proporcionar prosperidad a las familias y las comunidades. En un plano espiritual se utiliza como medio para mantener un diálogo entre el mundo de los espíritus y el mundo humano para así solucionar posibles conflictos. De TONGSHIK, Ryu (1984). Shamanism: The Dominant Folk Religion in Korea. Inter-Religio, 5, 8-15: Indiana University.

[2] Chamán, quien se comunica con los espíritus que controlan el mundo. De YANG, Jongsung. (1988). Korean Shamanism:The Training Process of Charismatic ‘Mudang’, Seul: Yionsei University, p.21.

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