Manuel Scorza, a 51 años de la primera publicación de Redoble por Rancas

Cuando rendí mi última materia, que por cierto fue Literatura Hispanoamericana, quise probar que en la literatura llamada “indigenista” había habido una evolución. Tomé como referentes a Ciro Alegría (El mundo es ancho y ajeno); a José María Arguedas (Los ríos profundos) y a Manuel Scorza (Redoble por Rancas), que no figuraba en el programa, pero afortunadamente, había caído en mis manos casualmente. Mi hipótesis de la evolución se basaba en la demostración, a partir de citas de las novelas mencionadas, del paternalismo hacia los pueblos originarios presente en El mundo es ancho y ajeno; el mestizaje lingüístico de la narrativa de Arguedas; y la evolución a la lucha política de los pueblos aborígenes contra el saqueo de tierras en la novela mencionada de Scorza. El tribunal examinador se escandalizó, en tanto mi hipótesis-tesis proponía un enfrentamiento con los poderosos y hasta nombraron a APRA y a Sendero Luminoso, que yo, lectora joven y desprevenida, sólo había escuchado nombrar, sin ahondar nunca en los hechos. Sin embargo, calificaron mi trabajo con un notable diez.

Me había embelesado con la narrativa del autor, y había tomado sus epígrafes como recursos de verosimilitud, que me parecieron muy valiosos en tanto que por esa época yo trabajaba en el área de Educación Popular de una ONG, y alfabetizaba a mujeres aborígenes al sur de Río Negro. Una de ellas, Herminia, me había dicho: acá los peones de la estancia nos corren los alambrados, pero de noche. Vale aclarar, además, que Sendero Luminoso apareció en la década del 80; en tanto la novela se publicó por primera vez en 1970. Además, el movimiento autodenominado APRA no contaba en su accionar con hechos terroristas; sólo que Manuel Scorza, integrante del mismo, había partido al exilio en 1948, a partir de la dictadura de Manuel A. Odría.

Pasados los años, reviso esa hipótesis y salvando las distancias de los contextos de las tres novelas, y la supremacía ineludible de Arguedas, si es legítimo calificar novelas tan disímiles en composición estética tanto como en intención escrituraria, compruebo cuan cierta era, a la luz de los acontecimientos que persisten en Latinoamérica y en mi propio país. Pero a eso me referiré al final de este trabajo. Me interesa poner sobre la mesa a Manuel Scorza (1928-1983) y esa novela, publicada por primera vez en Perú en 1970, por varias razones: en abril del año pasado se cumplieron 50 años de su publicación; según el artículo referenciado, no se pudieron realizar los correspondientes homenajes, por la pandemia[1]. Sin embargo, el contexto actual de Neoliberalismo y apropiación de los recursos naturales de los países pobres por parte de algunos países imperialistas, me hace pensar que es preferible para algunos no “remover las aguas”.[2] Escribir sobre su novela es de alguna manera un homenaje a su autor, que (no puedo decir predijo, porque en los epígrafes iniciales él aclara que es “la crónica exasperadamente real”) pero sí, alertó de lo que estaba pasando en su Perú natal y sobre todo, porque siendo una historia real, Scorza la transforma en un hecho indiscutiblemente estético que comparte los cánones del realismo mágico. La novela es la primera entrega de la pentalogía “La guerra silenciosa”, que fue seguida por las siguientes publicaciones: Garabombo, el invisible (1972); El Jinete insomne (1976); Cantar de Agapito Robles (1976) y La tumba del Relámpago (1978), consideradas por algunas editoriales un ciclo épico.

En este trabajo me propongo develar cómo está construida la primera novela; cuáles son los recursos estéticos de que se vale el autor para transformar acontecimientos ominosos en un notable hecho ficcional, tomando el concepto de ficción según lo plantea la teoría literaria, como organización de la trama y del lenguaje, como modo de configuración del relato. Siendo Scorza un autor evidentemente comprometido con la realidad que denuncia, no deja de ser un lúcido escritor al novelizar esos hechos de tal manera que, si por un lado la novela se corresponde con el paradigma del realismo mágico, definido por Alejo Carpentier, por otra parte, se aproxima a lo cinematográfico en la organización de la trama (oponiendo aquí trama a argumento, como reconstrucción, este último, secuencial y de causa consecuencia que es necesaria para la comprensión, en el acto de leer). Por otra parte, siendo una novela monológica (opuesta al dialogismo que reconoce Mijaíl Bajtín en Dostoievski), algunas frases o dichos de los personajes muestran cierta polifonía y la apropiación evidente del habla de las comunidades aborígenes de la sierra peruana.

Me referiré en principio a la trama, que va dando al lector, la lectora, una perspectiva cinematográfica. El epígrafe titulado: “Noticia”, asevera:

Este libro es la crónica exasperadamente real de una lucha solitaria: la que en los Andes Centrales libraron, entre 1950 y 1962, los hombres de algunas aldeas sólo visibles en las cartas militares de los destacamentos que las arrasaron…[3]

Leído el epígrafe, la lectora, el lector, espera encontrar una crónica. Nada más lejos de la realidad, ya que la trama abunda en analepsis (flash back) y prolepsis (mención de hechos que sucederán después). La reconstrucción del argumento exige atención en la lectura; por ejemplo, el capítulo tres narra el conciliábulo de algunos comuneros para matar al juez Montenegro; el capítulo trece narra como el Abigeo (uno de los personajes) trata de armar dicho conciliábulo y recién en el capítulo veintiuno, la comunidad marcha hacia el comparendo, para la situación planeada. Otro ejemplo: en el tiempo de la novela, Héctor Chacón es un adulto. En el capítulo nueve, en analepsis, lo vemos de pequeño observando cómo el juez Montenegro humilla bárbaramente a su padre y quita el sustento a su familia. Sólo en el capítulo dieciséis nos encontramos con  el género crónica (con el recurso de la analepsis o flash back) para narrar la historia de la Cerro de Pasco Corporation Inc. Delaware en el Perú, desde 1903, como compañía minera y luego como hacienda. Por otros datos diseminados a lo largo de la novela, los lectores reconocen la contaminación que produjo la minería y en el tiempo de la novela, la avaricia por la tierra, que hace que quienes reclamen por pasto en una tierra que consideran de todos (cosmovisión de los pueblos originarios), terminen desalojados, siempre, y fusilados en muchos casos, con la complicidad de las autoridades y fuerzas armadas locales. Por otra parte, en el capítulo treinta y dos se narra en paralelo la historia de Perú en el siglo XIX, con el avance de las tropas sobre Rancas, la aldea de comuneros que resistían a la Compañía. No quiero dejar de mencionar, que con una fuerte relación con lo cinematográfico en el capítulo dos el personaje de Fortunato está corriendo, a lo largo de los capítulos siguientes se observa la lucha solitaria del viejo Fortunato, y por fin en el capítulo treinta y dos Fortunato se entera de que van a desalojar Rancas, su aldea, logra llegar y es él quien habla al alférez, quien lo asesina a sangre fría.

En segunda instancia, voy a enumerar sintéticamente los artificios del lenguaje que hacen de esta novela un ejemplo más del realismo mágico. Creo que el más importante es la personificación del cerco con que la compañía va adueñándose de la tierra: “se parió al cerco” (37)[4], “…engulló el cerco…” (76). Podríamos pensar que se trata de la perspectiva cosmogónica de los pueblos originarios, que tal parece que los ranqueños (excepto el personaje de Fortunato) tardan en tomar conciencia de qué es lo que los está perjudicando. No obstante, las personificaciones abundan: “el atardecer exhaló un traje negro…” (15); “Las fiestas (…) sobrevolaron la moneda…” (17); “…la neblina pariría los pesados camiones…”; “…enrollado como un gato, el camino a Rancas dormitaba…” (39); “El viento (…) lame rencoroso la tierra pelada…” (66); “…cenicientos rumores demacraron la llanura…”; y así podríamos seguir por páginas. De las hipérboles, propias del realismo mágico, hay una que, planteada la novela como denuncia, puede no ser un artificio, sino un hecho real, y terminaríamos hablando de realidad maravillosa (en las definiciones de Carpentier). Se trata del envenenamiento a quince campesinos que querían formar un sindicato. El parte al juez es que se trató de un “infarto colectivo”; dictamen aceptado y aprobado por el Dr. Francisco Montenegro. Las metáforas son notorias también: “…sus manos visitaron los cachetes…” (Bofetadas del juez) (32); “…todos los trámites administrativos padecieron reumatismo…” (33); “…el gusano de alambre…” (64); etc. Además de estos artificios, aspectos de los hechos narrativos remontan al realismo mágico: una partida de póker que dura noventa días; un personaje que habla con los animales y organiza la rebelión de los caballos para el día del comparendo; los muertos hablando desde una tumba a otra en el final (como años antes había hecho Juan Rulfo en su ficción).

Por último, además de un desplazamiento del narrador en la focalización de los hechos, a veces aparece un narrador en primera persona protagonista que no cubre el capítulo completo: El cantinero de Yanacancha; Fortunato; Héctor Chacón. No interesa: son comuneros; se trata del punto de vista colectivo de una comunidad que poco a poco sale de su visión mítica de la realidad, para tomar conciencia, tal como lo explica Juan González Soto en “El tiempo del mito en Redoble por Rancas de Manuel Scorza”[5]. Además, me he referido a la polifonía, aunque no se trate precisamente de una novela polifónica; pero es muy interesante remarcar los ideologemas presentes en las distintas voces: el narrador se refiere a los ciudadanos de Yanahuanca, temerosos del juez, como “lameculos”; los militares a los aborígenes como “comemierdas”; los comuneros en su propia voz en relación con los abusivos: “¿Y quién les para el macho?”; el sargento Cabrera: “Rancas es el culo del mundo”; el inspector Galarza, refiriéndose a los comuneros: “¿cuándo progresarán estos salvajes? ¿cuándo se civilizarán?”; el padre Chasán: “Hay que pelear”; Montenegro, a Héctor: “Lárgate de aquí, cholo de mierda”. Doña pepita (la mujer de Montenegro): “Y quién es la comunidad? Me cago en la comunidad, tú eres un cholo insolente, un indio de mierda”; el padre de Héctor Chacón: “Ustedes, las autoridades, no valen nada”.

Después de esta mirada general sobre lo artístico en la novela, me referiré a su influencia sobre la realidad y luego a su actualidad. Sus temas son la minería o la apropiación de tierras con otros fines por parte de una multinacional, acción que se empieza a realizar después de la colonización y que se sigue realizando. No se puede eludir, además, la referencia a la Teología de la Liberación, de la que parece imbuido el padre Chasán que, junto a la imagen de Fortunato con un cordero u oveja en los hombros, como un profeta, dan el matiz religioso, junto a los otros temas de la novela.  La influencia sobre la realidad aparece en las propias palabras del escritor, redactadas en 1983 y presentes en la edición que tengo en mano: Además de referirse al secuestro de la mujer del juez, por parte de Sendero Luminoso en junio de 1983 y ejecutada en la plaza de Yanahuanca, refiere la liberación de prisión de Héctor Chacón, amnistiado por el presidente del Perú, Juan Velasco Alvarado. El autor hace la salvedad de que sólo mantuvo algunos nombres reales en su novela.  Cuando narra la liberación del Nictálope, dice: “…el sorpresivo eco de este libro también sacudió al Perú…” (260). Pero con toda la potencia escrituraria, Manuel Scorza no es responsable del accionar de Sendero Luminoso. Scorza es periodista, además de poeta y narrador. Él escribe comprometido con los pueblos originarios y lo hace bien; elige la ficción en vez del relato testimonial, como “nuestro” Rodolfo Walsh y, sin embargo, por lo menos Héctor Chacón es liberado de la cárcel, forma de reconocimiento de la legitimidad del reclamo de los pueblos serranos del Perú.

También en Argentina se han cometido abusos inimaginables con las comunidades aborígenes, empezando por el reparto de tierras a familias que pudieran pagar la conquista del mal llamado “desierto” (de tal manera que la tierra hoy está en unas pocas manos[6]) el genocidio indígena, la caza de aborígenes que habían escapado del ejército por parte de los estancieros que contrataban a verdaderos gánsteres para mutilar a los que vagaban en la que había sido su tierra. Pero, además, las luchas continúan: por el respeto de los caminos de sirga en costas de lagos y ríos[7]; por la oposición al fracking[8] de grupos de ciudadanas y ciudadanos que vemos con preocupación cómo se producen sismos en lugares donde nunca los hubo, además de las luchas de las comunidades mapuche en tierras colindantes; las luchas de ciudadanos de Esquel[9] (provincia de Chubut) para que no se realice minería a cielo abierto, ciertamente contaminante, etc.

Bibliografía

Fernández Moreno, (coordinación), América Latina en su literatura (1972), México, Siglo veintiuno editores.

González Soto, Juan: “El tiempo del mito en redoble por Rancas de Manuel Scorza”, en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2936908

Gómez Valderrama, Pedro, “Prólogo” a El reino de este mundo, de Alejo Carpentier (1978), Barcelona, Círculo de Lectores.

Marchese, Ángelo, Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria (1986), en colaboración con Joaquín Forradellas. Barcelona, Ariel.

Scorza, Manuel, Redoble por Rancas (1983), Barcelona, Plaza&Janés.


[1] https://elperfil.pe/cultura/redoble-por-rancas-50-anos-de-la-primera-novela-de-manuel-scorza/

[2] Dejo fuera de esta aseveración a homenajes desconocidos por mí y, por supuesto, a la reedición de Alfaguara por cumplirse los 50 años de su primera publicación.

[3] Scorza, Manuel, Redoble por Rancas (1983), Barcelona, Plaza&Janés

[4] Utilizo la edición de 1983 de Plaza&Janés, referenciada en la cita anterior.

[5] https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2936908

[6] Listado de terratenientes de la Patagonia argentina: http://www.polosproductivosreg.com.ar/2020/02/28/listado-de-los-terratenientes-de-la-patagonia-argentina/

[7] https://www.enestosdias.com.ar/4832-piden-la-anulacion-de-la-compra-de-tierras-de-lago-escondidopor-parte-delewis

[8] https://geoinnova.org/blog-territorio/medioambiente-fracking-y-sus-riesgos-ambientales/

[9] http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.5171/ev.5171.pdf

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