Sólo Dios Perdona: Un dios inmisericorde

Todo el mundo tiene distintos requerimientos para disfrutar de una película. Igualmente hay muchas maneras en que una misma persona puede disfrutar de películas muy distintas. Sin embargo, algo que siempre se suele enfatizar es la fuerza de un buen guión, el apego a personajes complejos y bien desarrollados, y por supuesto la belleza de la imagen. A veces, sin embargo, aparece un cineasta con una película que no se preocupa tanto de bastir una película formalmente buena, sino de crear una experiencia singular.  Éstas películas podrán ser mejores o peores, pero casi siempre son memorables. Nicolas Winding Refn es uno de esos directores, y Sólo Dios Perdona su película más única.

No es por nada que la película está dedicada a Jodorowsky. Viendo Sólo Dios Perdona, los primeros referentes que pueden saltar a la mente son ciertas películas de David Lynch y, sobretodo, Jodorowsky. Gaspar Noé aparece junto a Jodorowsky en los agradecimientos, y se explicita así como otro referente. Lo más destacable de éste filme es como, a diferencia del humanismo que destaqué como gran baza del cine de Kore-eda en el anterior artículo, se despoja de casi cualquier rastro de humanidad y se reduce a una suerte de cuento mitológico entre símbolos y visiones. Ése es su punto fuerte. Es una película que no puedo recomendar, precisamente porque no es algo que sea agradable para mucha gente, pero que desde luego resulta fascinante a quien pueda soportarla.

En cierto modo, y tal como Winding Refn señala, Sólo Dios Perdona constituye una cierta continuidad visual con Drive, que luego se prolongaría a través de The Neon Demon y hasta Too Old To Die Young. Sin embargo, narrativa y ambientalmente el mundo de Sólo Dios Perdona se ha colapsado completamente. Si ahí teníamos cierta intuición de un mundo más grande en el que los personajes se mueven, aquí el mundo queda completamente reducido a un bosquejo habitado por criaturas apenas humanas. Es una película económica y ágil. A pesar de los planos más bien largos que tanto le gustan a Winding Refn, las escenas son cortas, con la acción mínima necesaria antes de pasar a la siguiente. Eso es parte de lo que impide que nos acerquemos a los personajes, pero a la vez sirve para entender exactamente quién son y cuál es su rol en la trama con gran rapidez.

El primer plano ya es de por sí sugerente: un trávelin lateral desde un plano vacío hacia la hoja de una espada, bañada en luz roja, sobre la cual aparece el título. Éste es un filme sobre el crimen, el pecado, la justicia, y el castigo. Mientras se nos quiere hacer creer que Ryan Gosling es el protagonista, nos vemos cautivados por el centro real de la acción, el “Teniente Chang” de la policía de Bangkok interpretado por Vithaya Pansringarm, quien blande la misma espada del inicio en repetidas ocasiones. Winding Refn dijo del personaje que en cierto sentido es la continuación de los personajes de Mads Mikkelsen en Valhalla Rising y de Gosling en Drive, un sólo personaje casi mitológico que convive con la realidad que le rodea en sus propios términos. Alguien que, otra vez según Winding Refn, se cree un Dios “en el mismo sentido en que Dios en el Antiguo Testamento dice tanto ‘soy cruel, debes temerme’ como ‘soy amable, debes amarme’”.

Dentro del filme, Chang es indudablemente un dios, vidente del bien y del mal y dispensador de justicia. Cuando Billy, el hermano del Julian interpretado por Ryan Gosling, viola y mata a una prostituta de 16 años, Chang permite al padre decidir y ejecutar el castigo. Una vez éste ha matado a Billy, Chang le corta al padre un brazo por permitir que su hija se prostituyera. Chang es un dios sin piedad, un castigador del mal en todas sus formas: como crimen y como pecado. Su instrumento es la espada que maneja con total precisión, pero todo en él está por encima del mundo que le rodea.

Mientras tanto, Julian está atado a una silla viendo masturbarse a una prostituta. En plena sesión, Julian tiene una visión en la que recorre los pasillos rojos del club de boxeo hacia una habitación completamente oscura donde aparece Chang para cortarle los brazos. A lo largo de toda la película, Julian muestra una extraña obsesión por sus manos y sus antebrazos. Lo que parece perseguirle es la conciencia de sus pecados y la incapacidad de lavarlos. Las manos aparecen como un símbolo de esos pecados, recordando tanto los antiguos castigos de mutilación por distintos crímenes como la locura de Lady Macbeth. Más tarde sabremos por su madre Crystal, una desbordante Kristin Scott Thomas, que Julian mató a su padre con sus propias manos.

La muerte de Billy es el detonante del cual se sigue el resto de la película. Crystal llega y manda asesinar al padre de la chica muerta después de perdonarle Julian al creer que la muerte de su hermano es un justo castigo a su crimen. Chang va tras la pista de los asesinos, y Crystal manda asesinarlo a él también, resultando en la ejecución de Crystal a manos de Chang. Un momento clave llega cuando Chang visita a Julian a la salida de un local y éste le reta a una pelea. Creemos que las cosas van a cambiar, que Julian saldrá empoderado de la pelea va a luchar por la familia, que será el anti-héroe. Sin embargo, Chang le derrota con gran facilidad. La superioridad de Chang queda remarcada por la fotografía. Rodada a base de planos abiertos, la escena no sigue la acción sino que simplemente nos la muestra. Vemos como Julian no acierta ni un solo golpe mientras Chang le esquiva y golpea con gestos sencillos y rápidos, precisos y eficientes. Su superioridad es aplastante.

Lo que la película nos muestra, y queda realzado en la pelea, es que Julian y Chang son en realidad muy parecidos, pero que Julian es una versión mucho más pobre y apagada de Chang. Quizá por eso Julian, que muestra un fuerte sentido de cierta moralidad perdonando al padre de la chica y luego evitando que un sicario de su madre mate a la hija de Chang, y quien también se ve lastrado por la conciencia de su pecado original, tiene la visión de Chang surgiendo de sus propias tinieblas para cortarle los brazos.

Al fin y al cabo, y volviendo al inicio, ésta es una película sobre el pecado y la justicia. Chang se aparece, Chang es venerado por los luchadores en Muay Thai en el club de boxeo de Julian, y sobretodo es implacable. Hay dos momentos especialmente destacables que realzan a Chang y su estatura casi divina. El primero es cuando la policía visita el club de boxeo tras la muerte del padre de la chica. Mientras sus subordinados interrogan a Julian, Chang entra y es reverenciado por los luchadores. Saliendo, sin siquiera hablar con él, decide que Julian no ha sido el asesino. Más tarde, al vencer a Julian en la pelea, Chang cruza miradas con Crystal, acabada de llegar. En ese instante, él sabe que fue ella, y ella sabe que él lo sabe.

Hay otros momentos intermedios, como cuando Chang es víctima de un intento de asesinato y reacciona antes de que sus atacantes saquen las pistolas y captura a uno de ellos atacando con una sartén. Aunque a un nivel más físico, de nuevo Chang parece dotado de ciertas capacidades superiores. De nuevo vemos la dualidad de su justicia cuando ejecuta a ese mismo cautivo, pero deja a su jefe para que cuide de un hijo discapacitado. Prosigue torturando brutalmente al mafioso al que Crystal hizo el encargo, demostrando una tenacidad y crueldad inhumanas.

Todo lo que hay en Sólo Dios Perdona y sus personajes nos aleja de ellos y de la película misma. Maldad, crueldad, inhumanidad son las palabras que una vez y otra sirven para describir la mayoría de personajes y sus acciones. Sin embargo, también hay instantes de piedad y contrición. Éstos llegan siempre o a través de Chang o a través de Julian. La escena final, antes del karaoke que cierra el filme, es un gran ejercicio de síntesis. Julian se deja llevar por Chang a un campo arbolado, donde ofrece sus brazos en penitencia y entendemos que Chang los rebana a la altura del codo. El penitente es redimido de sus pecados por la ofrenda de su carne. No hay crimen sin castigo.

A pesar de su dureza y crudeza, Sólo Dios Perdona se constituye en una suerte de cuento de hadas retorcido. Con un ‘protagonista’ lastrado por sus pecados pasados y presentes que busca la redención, una sofocante madre dominante y posiblemente incestuosa, un hermano encarnación del mal y un ángel vengador, el filme avanza segando almas e impartiendo la justicia de Chang. La fotografía llevada al extremo nos tiene enganchadas a las escenas más desagradables mientras todas las piezas van cayendo en su sitio, y Julian y Chang avanzan hacia su encuentro definitivo. Un encuentro en que Chang limpia a Julian de sus pecados con un solo tajo de su espada. Una fábula sangrienta sobre crimen y castigo más allá de la ley.

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