El Fantasma de la Ópera: Mito o Realidad

<Y en su mirar infinito es su dolor, un suplicar que amenaza dando amor>.

¿Quién no ha escuchado hablar alguna vez del Fantasma de la Ópera? Es un clásico que ha sido versionado en multitud de ocasiones en el cine, teatro y musicales.

París, cuna de la revolución bohemia de finales del siglo XIX, utiliza como escenario el edificio del teatro de la Ópera para representar una de las obras góticas más intensas de amor, misterio y terror. Escrita por Gastón Leroux (1868-1927), es la historia de un tenebroso personaje, quien, a pesar del tormento que le provoca su fealdad, lucha por vivir para satisfacer su pasión por la belleza.

Erik (el Fantasma) es uno de los personajes más bellos de la literatura. El mundo le ha dado la espalda desde que nació porque era deforme y ha tenido que aprender a vivir con ello en las tinieblas de los subsuelos de un teatro, que era el centro de la sociedad europea más adinerada (la francesa). Desde que nació, Erik ha tenido que vivir pagando por su fealdad y aprendiendo por sí mismo de la vida que ha sido tan cruel con él. Él es tierno, angelical y, a la vez, violento y omnipotente. Para poder vivir, ha tenido que hacerse temer por los demás y ser llamado “el fantasma de la ópera”.

Erik odia al mundo, odia la vida y lo único que desea es encontrar a alguien que por primera vez se entregue a él infinitamente, sin excusas, sin tenerle miedo. Por eso encontró en el personaje de Christine un primer amor mientras que Christine ve en el fantasma al “ángel de la música” que la ayuda en su carrera. Erik decide mostrarse ante ella y se lleva una gran decepción porque Christine, en lugar de ver en él al «ángel» que le escribe las óperas, sólo ve un hombre con la cara deformada. 

¿Mito o Realidad?

Gastón Leroux dedicó a investigar los extraños sucesos que ocurrieron en el teatro de la Ópera a finales del siglo XIX.

<El Fantasma de la Ópera existió de verdad. No era, como se creyó por largo tiempo, una criatura producto de la imaginación de los artistas, la superstición de los empresarios o la mente absurda e impresionable de las jóvenes integrantes del ballet, sus madres, las acomodadoras, los empleados del guardarropa o el portero… No, era de carne y hueso, aunque tenía todas las características externas de un verdadero fantasma, es decir, de un espectro>. Señalaría textualmente Leroux en su novela.

Tras numerosas investigaciones en la Biblioteca Nacional de la Ópera, se ha encontrado que la soprano Christine Nilson encaja asombrosamente con las mismas características de la protagonista de la novela, Christine Daae; ambas interpretaron los mismos papeles operísticos en la Ópera Garnier, también fueron protegidas por una institutriz llamada Valerius, y terminaron casándose con un vizconde, entre otras coincidencias…

En el caso de Erik no hubo un personaje como tal, pero sí un hombre que estaba desfigurado y usaba una máscara para no dar miedo y que vivía un amor platónico con una actriz.

La famosa lámpara del salón de actos que cayó contra el público ocurrió realmente en la Ópera Garnier en mayo de 1896, matando a una portera. Este desastre fue ampliamente difundido en todos los periódicos de la época.

La pasión de Gastón Leroux por el teatro fue un factor importante para ahondar en los misterios más profundos de la Ópera de París que quedaría inmortalizado con su máxima obra El Fantasma de la Ópera. La maestría de la historia la ha elevado a categoría de leyenda, desconociendo sus orígenes reales. Esto es un claro ejemplo de lo que debe primar en un relato: la verosimilitud.

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