La semilla de Cannes

Durante un año entero y poco más, los organizadores del Festival Internacional de Cannes esperaron pacientemente por las soluciones que la ciencia pudiera ofrecer, por las gestiones que los gobiernos de Francia, Europa, el mundo, pudieran realizar para hacer frente a las consecuencias generadas por la Covid-19. Llegadas las vacunas y no pocas herramientas de contención para un virus esquivo y vigoroso que mantiene a raya todo exceso posible, el certamen de mayor lustre cinematográfico en el planeta anunció y realizó una muestra que fue todo CINE. Con mayúsculas en cada una de sus letras. Cine en grande y con una clara intención industrial y política. La primera reposicionando al cine ya no sólo como una expresión creativa sino como un medio y espacio de encuentro en plenas condiciones. La segunda, una edición claramente orientada en cada una de sus secciones a subrayar y destacar el talento femenino concentrado en el oficio de la dirección.  De Jodie Foster a Julia Ducournau esa intención estuvo literalmente en lo alto del palmarés.

Tras suspender la edición de 2020, Pierre Lescure y Thierry Frémaux decidieron que la selección se integrara a otras muestras y eventos, de cara a mantener el sello vivo y también respaldar a los creadores. Another Round de Thomas Vinterberg y Soul de Pete Docter y Kemp Powers fueron las más premiadas y celebradas, consiguiendo al final de una larga temporada el Óscar a Mejor film internacional y Mejor film animado respectivamente. No fueron las únicas. En esa suerte de Cannes flotante triunfaron también Beginning de Dea Kulumbegashvili, Limbo de Ben Sharrock, Josep de Aurel y Sweat de Magnus von Horn. Una vez más: no fueron las únicas.

Si el festival esperó pacientemente por volver y desplegar su alfombra roja, los realizadores también lo hicieron. El que más, Wes Anderson y su Crónica Francesa. Conscientes del trampolín que el evento representa viejos y amigos frecuentes aguardaron el tiempo necesario para estar allí.

Historias dirigidas, producidas, narradas y protagonizadas por mujeres recorrieron transversalmente a todas las secciones. The Divide de Catherie Corsini, Bergman Island de Mia Hansen-Love, Noche de Fuego de Tatiana Huezo, Freda de Géssica Généus, Unclenchin the fists de Kira Kovalenko, Women do Cry de Mina Mileva y Vesela Kazakova, Cow de Andrea Arnold, Jane by Charlotte de Charlotte Gainsbourg, Playground de Laura Wandel y la ganadora de la Palma de Oro Titane de Julia Ducournau.

También historias dirigidas por hombres que hablan sobre el universo femenino como Annette de Leos Carax, Benedetta de Paul Verhoeven, Compartment NO. 6 de Juho Kuosmanen, The Worst Person in the World de Joachim Lafosse o Where is Anna Frank de Ari Folman.

Dentro o fuera de concurso, la selección apostó por no dejar región sin representación, buscando un impacto global, o al menos ser el altavoz de un cine de autor con potencia para estar en las pantallas del mundo. Cierto que Europa acaparaba esa representación muy por encima de Estados Unidos incluso en esas sesiones y estrenos especiales. Cierto que África y América Latina entraron a la baja, pero con México presente. Como también apuntando a Asia: Corea, China y Japón.  Todos países donde las pantallas cinematográficas han tenido siempre un alto impacto, un alto nivel de consumo, ubicándose entre los 10 primeros en ese contexto. El de Cannes fue un mensaje para recordar que el cine existe. Que todo aquello que lo nutre está vivo. Cannes preparó según se apunta, 4 mil pruebas PCR diarias para garantizar la seguridad de todos. La mascarilla fue representativa dentro y fuera de la alfombra roja. Las vacunas una llave de acceso. Las grandes estrellas no renunciaron a estar presentes y dar también ese espaldarazo. Los rostros de Nanni Moretti, Asghar Farhadi, Apichatpong WEERASETHAKUL, Ryusuke HAMAGUCHI, Jacques AUDIARD, Mahamat-Saleh HAROUN, Semih KAPLANOGLU y sus intérpretes se cruzaron con  los de Justin CHON, Hafsia HERZI, Jiazuo NA,  Aleksey German Jr., Yohan Manca y Valdimar Johannsson. Maestros y creadores en relevo y mucho más. Un mensaje que muestra la vitalidad del cine. Un cine vivo.

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