Damsel: Deseo y Engaño

Hay que mantenerse abiertos a nuevas experiencias y descubrimientos. Asistir a un festival es ideal para ello. En mi primer festival, en el Americana 2014, me topé con el cine de los hermanos Zellner, con Kumiko, La Cazadora De Tesoros. Algunos años más tarde, volvieron al festival con Damsel, una película que tiene ciertos puntos de conexión con Kumiko en sus elementos más esenciales, pero que a su vez es muy distinta. Las entronca, además de la relevancia de la protagonista femenina y la estructura en forma de viaje, una concepción muy estadounidense del sentido de la vida, más bien individualista. De forma muy explícita, el motor de las acciones en ambas películas es el deseo y la necesidad de sus protagonistas.

Respecto a Kumiko, que configura una experiencia quizá más contenida y extraña (en el buen sentido) con su protagonista japonesa atravesando las llanuras del Medio Oeste, Damsel se beneficia de un elenco más amplio que permanece en escena más tiempo. Si Kumiko es prácticamente muda, es difícil que ciertos personajes de Damsel se callen. Para empezar, el título ya da cierto juego. Se refiere a la Penélope de Mia Wasikowska, a quien el Samuel de Robert Pattinson busca para casarse, pero cuando finalmente llegamos hasta ella nos damos cuenta de que no tiene nada de damisela.

Ése es, para mí, el gran interés de Damsel: el engaño y la revelación de la verdad. Toda historia-viaje tiene dos posibilidades: de ida o de ida y vuelta. Kumiko es un viaje solamente de ida, en la que la protagonista se arranca de su entorno y se aleja progresivamente de todo el mundo en consecución de su objetivo. Aunque con un objetivo mucho más concreto (el dinero enterrado bajo la nieve en Fargo), es un viaje que recuerda a las películas de carretera de los 60s y 70s como Vanishing Point y Two Lane Blacktop en la fijación ciega con un destino a pesar de todo. Damsel, en cambio, es un viaje de ida y vuelta. Es una historia de desencanto, de ser embaucados solamente para topar de bruces con una realidad completamente distinta.

Empezamos con un gag surrealista. Un hombre llega, en pleno siglo XIX, a una parada de bus (hecha de madera) en medio de la nada, donde un predicador se encuentra ya esperando. El hombre, interpretado por David Zellner, pregunta por la próxima diligencia, tras lo cual el predicador se desviste y se marcha. Con la película ya propiamente en marcha, el personaje de Robert Pattinson aparece en una orilla cubierta de niebla, junto a un caballo en miniatura. En un pueblo cercano, busca al Padre Henry, que no es otro que David Zellner, enfundado en las ropas del antiguo predicador y ejerciendo fraudulentamente entre borracheras.

Se trata en realidad de un pobre diablo completamente perdido, que busca desesperadamente dar significado a su vida. Ésa es la razón de su engaño, de hacerse pasar por predicador. Cree que el oficio le dará sentido, pero no es así. A pesar de todo, se cartea con Samuel para concertar el enlace de éste con Penelope. Nos encontramos pues que Henry será un mísero Sancho Panza acompañando a Samuel hacia su amada.

Durante el camino, Samuel lo cuenta todo de su amada Penélope y sus pretensiones de casarse con ella. Creemos entender la película cuando ambos encuentran a Rufus Cornell en el bosque, quien termina cayendo de un acantilado perseguido por Samuel. Él confiesa entonces que Penélope fue secuestrada por el hermano de Rufus con la ayuda de éste. Tendremos aventuras. Un western comédico pero más o menos clásico, hasta que llegamos a la casa de Anton, el hermano de Rufus.

Mientras Henry vigila con el rifle, Samuel se acerca por detrás a la casa. Cuando sale Anton, Henry le dispara accidentalmente en la cabeza, y Samuel sale a rematarlo. Entonces emerge Penélope, encañonando a Samuel. A pesar de la petición de matrimonio de Samuel, Penélope lo rechaza y afirma su amor por Anton. Con ello, Samuel se suicida y Penélope toma Henry prisionero.

Aquí nos damos cuenta de que nos han embaucado. Nos prometían un romance descabellado y nos dejan a la orilla de un río de sangre. Así se termina de configurar la terna de protagonistas, con el falso sacerdote que busca quien le de un significado a su existencia, el embaucador que vive para alimentar su autoengaño, y Penélope, la mujer que tiene claro lo que quiere y lo que no. Para mí ésa es una de las vueltas de tuerca con que Damsel excede a Kumiko. Mientras ahí Kumiko huye de gente que quiere lo mejor para ella, es decir devolverla a lo socialmente aceptable, en pos de un tesoro aparentemente ficticio por el cual aparentemente muere, aquí Penélope huye de unas imposiciones sociales que netamente se nos presentan como una farsa y directamente como un peligro. Es esa corriente feminista que las atraviesa que hace ambas películas dignas de atención.

Tras volar su casa con dinamita, Penélope arrastra a Henry de vuelta al pueblo, lejos de allí. De vuelta, encuentran a un malherido Rufus, que pretende también a Penélope e intenta matar a los dos cuando ella se niega. Salvados por un nativo, pasan la noche con él antes de continuar. Henry dice querer unirse a su tribu, pero a la mañana siguiente, el hombre ha desaparecido.Cuando llegan al final del camino, Penélope deja libre a Henry, se abrazan, y él, tras pedirle perdón, le propone matrimonio. Por tercera vez, Penélope rechaza un pretendiente, golpeándole con una roca antes de seguir con su caballo en miniatura más allá de la playa hundida en la niebla.

La insistencia en el matrimonio, con los rechazos consiguientes, refuerza el carácter independiente de Penélope, y la violencia que rodea a cada proposición hace que la absurdidad de cada una de ellas se haga aún más evidente. El conjunto, con la trama de Henry constantemente buscando un nuevo sentido sin sentido alguno, apunta a la idea de que es cada persona la responsable de sí misma y, muy especialmente, de conocer sus deseos y su propio camino. El hecho que ambas tramas transcurran literalmente en paralelo hasta que confluyen al final le da aún más fuerza. Cuando Penélope le mira a medio camino entre el asco y la confusión, el patetismo de la posición de Henry llega al máximo. El hombre que trató de ser predicador y se perdió en la bebida sigue perdido, y no parece tener intención de encontrarse. Por el contrario, Penélope desapareciendo en la bruma no solamente es un cierre redondo, si no que enfatiza la independencia de su voluntad.

Son desde luego dos opuestos, y no es por nada que aunque el viaje de vuelta parezca contener menos obstáculos, es el tramo en que la película se realiza. El velo que se nos había puesto ante los ojos nos es arrancado. El segundo encuentro con Rufus no hace sino más obvio el que el viaje de Samuel es una empresa patriarcal que solamente entiende a Penélope como un objeto a poseer, de nuevo con la recurrencia de la violencia junto con la proposición. En cambio, la petición de Henry es de signo distinto. No quiere poseer a Penélope, sino que se trata de otro intento desesperado de encontrar sentido a su vida- a través del matrimonio con una mujer a quien no conoce y con quien nada la une, más allá del reciente viaje.

La agresión de Penélope aquí es más bien el rechazo a colgarse un peso muerto, a ser el significado de nadie, señalando lo absurdo de esa posición. A eso me refiero cuando digo que la visión de los Zellner es muy estadounidense en ese sentido de una individualidad acérrima. Aunque es cierto que un posible matrimonio entre Penélope y Henry resulta absurdo, los personajes de los Zellner nunca llegan a compartir sus vidas con otros seres humanos. Si acaso la comparten con una mascota. Nunca llegamos a ver el matrimonio realizado de Anton y Penélope, que por otro lado quitaría toda su garra al punto de giro central, y tampoco conocemos los planes de Penélope más allá de marcharse lejos.

Vemos una sombra de una relación en cuanto que Henry acompaña a otros en sus viajes, pero al fin y al cabo esos viajes sólo nos muestran el absurdo de Henry. Esos mismos viajes son parte de su intento de encontrarse sentido a sí mismo, tal como lo es su propuesta a Penélope. Acaso nosotras le diríamos que si, tras el penoso periplo que acabamos de ver? Si algo dejan claro los Zellner es que todo lo que nos rodea está atravesado por lo absurdo, y que solamente cobra sentido si se lo encontramos nosotros.

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