¿Lenguaje inclusivo o excluyente?

“La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben contribuir personalmente, o por sus representantes, a su formación; debe ser la misma para todos: todas las Ciudadanas y todos los Ciudadanos, siendo iguales ante sus ojos, deben de ser igualmente admisibles en todas las dignidades, plazas y empleos públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que las de sus virtudes o sus talentos ”.

Artículo VI de la Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana (1791). Olympe de Gouges

El tema de debate no es nuevo aunque siempre está de actualidad, porque las palabras y el lenguaje tienen un verdadero poder, si lo consideramos una construcción cultural consecuencia de su uso o desuso, su aceptación, su imposición y su prohibición.

El lenguaje es un arma de conquista y colonización o de resistencia; algunas lenguas aspiran al centro, a la hegemonía, en detrimento de dialectos minoritarios, indígenas, o de lenguas regionales, censuradas durante largos y oscuros periodos de la historia, como fruto del poder de una ideología. También existe rivalidad entre lenguas mayoritarias concurrentes en la sociedad internacional, aspirantes a ocupar ese primer puesto como lengua más utilizada en el mundo, como lengua de los negocios, de la diplomacia, y ser una lengua en expansión. Entre ellas, mayoritarias y más pequeñas se prestan y se cambian palabras, se asimilan, se deforman, interactúan.

El dominio de una lengua, a título individual, puede ser sinónimo de éxito profesional o social, de estar en “vogue”, de sofisticación o de erudición.

Desafortunadamente, el lenguaje, también puede estar cargado de connotaciones, de estereotipos, y ser consecuencia de una sociedad patriarcal, sexista, clasista o reflejar racismo, y en ocasiones se revisan las acepciones académicas. Como ejemplo les puedo citar la modificación que se realizó en el año 2015 en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de la palabra ‘gitano’, en su acepción ‘trapacero’ aclarando que este término es usado como ofensivo o discriminatorio, sin embargo el Consejo Estatal del Pueblo Gitano y el Instituto de Cultura Gitana solicitaban la eliminación de esta acepción, algo que no se ha realizado, según la RAE, porque son palabras que existen. 

Otorgadas estas cualidades, ¿podríamos comprender que el lenguaje puede ser un motor de cambio, para bien o para mal?

Al referirnos al lenguaje inclusivo, hablamos de utilizar el lenguaje como un medio que desde el cambio de la forma de las palabras, de algunas formas tipográficas o reglas sintácticas, tuviera el objetivo de conseguir una sociedad más igualitaria, de nombrar lo que existe, lo que podríamos vincular al progreso social. Sin embargo, no hay consenso ni sobre su utilización, ni sobre la eficacia en la consecución de sus objetivos, y mucho menos en la viabilidad de su puesta en práctica.

Las voces más críticas, consideran al lenguaje neutro, herramienta de comunicación, cuya buena utilización depende de la correcta correlación del significante-significado que se quiera emplear.

La propia RAE considera, por ejemplo, innecesaria la utilización de la letra “E” como supuesta marca de género inclusivo ya que su uso es ajeno a la morfología del español e innecesario puesto que el masculino ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género.

Otras voces normalmente conservadoras, desde el ámbito de la política, se muestran igualmente contrarias ante la posibilidad del empleo del femenino singular de forma genérica como medida de discriminación positiva o ante la posibilidad de utilizar letras como la “e” o la “x” o el símbolo @ en busca de un empleo del lenguaje más neutro y menos discriminatorio.

Los miembros de la Academia Francesa, “Los Inmortales”, así denominados por la divisa “A la inmortalidad”, inmortalidad de la lengua francesa, divisa de su sello desde la creación de la Academia por el cardenal Richelieu, consideraron por unanimidad “un peligro de muerte” de su lengua, el empleo de la escritura inclusiva, una de las formas de lenguaje inclusivo, en octubre de 2017. Ya aquel año se produjo una polémica a raíz de la publicación de un manual escolar de Historia de CE2, educación primaria, redactado en escritura inclusiva. La Editorial Hatier respondía a las criticas alegando haberse orientado por las recomendaciones del Alto Consejo de igualdad entre mujeres y hombres del año 2015. El ministro de educación nacional se manifestó ya en aquel entonces, en 2017, en contra de la utilización de la escritura inclusiva en los manuales escolares y una cincuentena de diputados presentaron una propuesta de resolución para prohibirla.

En el año 2016, todavía con el gobierno socialista en el Elíseo, la agencia de comunicación de influencia MOTS-CLÉS, publicó el primer manual de escritura inclusiva, declarado de utilidad pública, con el objetivo de hacer progresar la igualdad entre mujeres y hombres, en concreto la igualdad profesional. Este manual, gratuito en un enlace internet, formalizaba tres convenciones simples:

-Acordar en género los nombres de funciones, rangos, oficios y títulos.

-Usar el femenino y el masculino, ya sea utilizado en orden alfabético, el uso de un punto medio, o el uso de términos epicenos (nombre animado que con un solo género gramatical puede nombrar seres de uno u otro sexo, como bebé, delfín, pantera, cadáver).

-Cesar en el empleo de la antonomasia de los nombres comunes “Mujer” u “Hombre”. Actualmente esta agencia de comunicación aboga como tercera convención por cesar el empleo de la mayúscula en la palabra “Hombre” para designar al conjunto del género humano.

La Academia francesa, reacia a este empleo, criticaba que tendría como consecuencia “una lengua desunida, dispar en su expresión, confusa e ilegible”. Así como que sus objetivos estaban poco claros y que serían numerosas las dificultades prácticas para afrontar los obstáculos de lectura o escritura. Las tareas pedagógicas serían igualmente engorrosas y la adquisición de conocimientos aumentaría en dificultad.

Ya en este año 2021, los trabajos en el seno de la Asamblea Nacional francesa se han continuado, en el mes de febrero se presentó una proposición de ley por un centenar de diputados para prohibir su utilización por personas morales  encargadas de una misión de servicio público, y posteriormente en el mes de marzo otra, esta vez por casi  cincuenta diputados, en la cual no solamente se pretende la prohibición sino la penalización por su utilización en las administraciones públicas y los organismos encargados de servicio público o beneficiándose de subvenciones públicas.

En esta última, en su exposición de motivos, a pesar de considerar que la igualdad entre mujeres y hombres es un objetivo que se debe de defender fuertemente, no solamente se reivindican los orígenes y constitucionalidad de la lengua francesa o se considera a la Academia como única institución habilitada, sino que se expone que la puesta en práctica de la escritura inclusiva produciría confusión e impediría el objetivo pretendido. La proposición vincula directamente esta utilización a intereses ideológicos, faltos de respeto por la democracia y considera necesaria su prohibición. Para terminar, se expone igualmente que la escritura inclusiva excluye a los alumnos con hándicaps no visibles como la dislexia, por una mera voluntad política escudada tras la igualdad.

En España, al contrario, el actual gobierno en coalición está realizando una política que apuesta por el lenguaje inclusivo como medida de conseguir la igualdad de género. Cabe comentar, por ejemplo, que la comunicación y el lenguaje inclusivo se recogen en uno de los ejes del I Plan de Igualdad de las Cortes Generales del 11 de marzo de 2020; de la misma manera esta política pro igualdad se desarrolla en la ley 2/21 de igualdad social y no discriminación por razón de identidad de género, expresión de género y características sexuales y desde la LOMLOE, ley de educación, en que se adoptan medidas en respuesta a las nuevas exigencias sociales para el fomento de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

No obstante, entre la oposición, concretamente el partido VOX, se siente molesto por el empleo del lenguaje inclusivo en los documentos oficiales ya que lo consideran un fenómeno obstructivo que estorba e incomoda la fluidez de la interlocución entre emisor y receptor. Este grupo parlamentario también presentó una proposición no de ley a la mesa del Congreso de los Diputados recomendando la exclusión del lenguaje inclusivo de los libros de texto escolares asumiendo las sugerencias de la Real Academia Española y utilizando el ejemplo de la Asamblea Nacional francesa anteriormente citado.

Desde dentro del propio gobierno tampoco existe unanimidad en su empleo, como se ha observado en las diferentes promesas de cargos y toma de posesión de carteras ministeriales.

Los trabajos e investigaciones que se desarrollan desde el ámbito universitario son muy importantes, tanto para avanzar en la igualdad de género como para aportar soluciones satisfactorias con las cuales una parte de la ciudadanía no se sienta incómoda.

Según la profesora universitaria emérita de literatura del Renacimiento, la francesa Éliane Viennot, “la lengua no cambia la sociedad pero acompaña sus cambios”. Ella centra sus estudios en su lengua con una perspectiva historicista, ofreciendo posibilidades de cambio tanto en la escritura como en la expresión oral de manera de obtener un resultado inclusivo, ya sea desde el uso de la abreviación, al parecer el empleo del punto intermedio sería el más conveniente, ya desde el empleo de neologismos o de las desviaciones semánticas, entre otras soluciones. Sus trabajos no se centran en una feminización del lenguaje sino en una “desmasculinización” de éste.

El tema se aborda desde distintas disciplinas, por citar otro ejemplo, a principios de este año, en el marco del Programa de Género e Inclusión de la Universidad Iberoamericana de México, la Ibero, universidad privada, presentó junto a la investigadora de la Universidad de Valencia, la Doctora Capitolina Díaz, el software CaDi, un traductor de lenguaje inclusivo, herramienta de utilidad para emplear este lenguaje en la redacción de textos, ante la Red Universitaria de Géneros, Equidad y Diversidad Sexual (Rugeds). 

A pesar de todo, el debate, como dije al principio, sigue abierto, ya que el consenso, al menos a corto plazo, parece difícilmente alcanzable; al grado de complejidad gramática o morfológica de las diferentes lenguas se une la mayor o menor importancia que tenga el género en éstas y por supuesto la aceptación social o la desigualdad de género existente en las diferentes sociedades.

Por otra parte, el arraigo del empleo del lenguaje actual en las generaciones alejadas de la edad de escolarización exige un trabajo de reeducación que se presume complicado, y desde el punto de vista institucional, al referirme a las Academias lingüísticas como la Academia Francesa o la Real Academia Española, la presencia de la mujer entre sus miembros sigue siendo modesta en cuanto a su número, aunque no afirmo que éste sea el principal motivo de su inmovilismo ni puedo afirmar que las mujeres que las componen tengan opiniones divergentes de las de sus compañeros en cuanto al lenguaje inclusivo se refiere.

Terminaré por decir que si bien parece por los distintos ejemplos que he evocado, que el objetivo de alcanzar sociedades más igualitarias en cuanto a género es común a la mayoría de las sociedades civilizadas, ya que esta igualdad se considera un valor fundamental y un principio jurídico universal, existe un obstáculo eminentemente político, tanto las tesis a favor como en contra de este tipo de lenguaje se acusan recíprocamente de su utilización política e ideológica y ambas argumentaciones, en mi opinión, tienen puntos fuertes y débiles. Desde el lado más conservador parece contradictorio aceptar las orientaciones que deben de guiar las decisiones políticas animadas por instituciones supranacionales, las cuales consideran la desigualdad como históricamente real, tanto en política, como en derechos, etc. y no querer reconocer que en el lenguaje también se establecieron reglas gramaticales partiendo de una sociedad patriarcal, y considerarlo neutro en su forma, y machista, clasista o racista en su utilización.

Por otra parte, es posible que modificar el lenguaje no sea una garantía de alcanzar sociedades más igualitarias y se deben de implementar con cautela las medidas de discriminación positiva para evitar, como consecuencia indeseada, la discriminación negativa de otros sectores de la población.

Es muy importante que las lenguas convivan, mayoritarias con minoritarias, y que se enriquezcan, y se depuren para facilitar el respeto por la diversidad y el objetivo de conseguir sociedades más igualitarias, que los vocabularios renieguen de alguna de sus acepciones peyorativas, como mejor garantía de erradicarlas y condenarlas al desuso.

Lanzo mi botella al mar de las dudas para invitarles a reflexionar al respecto:

¿El lenguaje debe de servir para nombrar la realidad, de forma meramente descriptiva, además de para comunicarse, aunque muestre una cultura desigualitaria, o debe de ser de utilidad para conseguir, mediante la comunicación, una cultura y por consiguiente, una sociedad más justa e igualitaria y modificarse de la mano de la realidad que describe? 

Bibliografía

Josée Lartet-Geffard, Benoîte Grould, Paroles de femmes, Albin Michel Jeunesse, 1999.

Sitografía

Diccionario de la lengua española | Edición del Tricentenario | RAE – ASALE

https://www.congreso.es/cem/plan_de_igualdad

https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/D/BOCG-14-D-282.PDF

https://www.boe.es/eli/es-cn/l/2021/06/07/2

https://www.educacionyfp.gob.es/destacados/lomloe.html

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La langue française est-elle sexiste ? Par Eliane Viennot, Professeuse émérite de littérature – Bing video

https://www.assemblee-nationale.fr/dyn/15/textes/l15b3922_proposition-loi

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https://www.motscles.net/ecriture-inclusive

https://ibero.mx/programa-asuntos-genero

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