Lo amoroso en la poesía de Idea Vilariño

Menos resonancia tuvo la muerte de la poeta Idea Vilariño, cuando finalmente se fue de paseo para siempre, un 28 de abril de 2009.

Menos resonancia que el fallecimiento de Mario Benedetti, amigo y colega de la Generación del ´45, que fallecería pocas semanas después. Ambos, Idea y Mario, hubieran cumplido 89 años con pocos días de diferencia también, en septiembre de ese año.

En un par de semanas, las letras uruguayas perdían dos imprescindibles bastiones de dicha generación.

Idea Vilariño no necesitó carteles luminosos, exposición mediática, ni gritarle a la cara a nadie su poesía.  Idea, portadora además de una singular belleza, se fue haciendo camino en la poesía nacional a pasos lentos y seguros, tal fue la manera de dejar su imborrable huella en la literatura uruguaya. De hecho, no fue una poeta de extensa bibliografía, pero además, varios de sus libros resultan aún hoy difíciles, cuando no imposibles de encontrar, tanto sea por lo complicado para  ubicarlos, como por la falta de reedición, mal que sufren muchos autores nacionales.

Por más que gozó de cierta popularidad en vida, Idea era una poeta “boca a boca”, aquellos que leían y gustaban de su obra eran casi como parte de alguna logia, un grupo que se sabía privilegiado por el disfrute que significaba delectar sus poemas.

Adentrarse en la poesía de Idea, es involucrarse en un viaje del cual, afortunadamente, no se sale ileso. Tal vez, el tópico en el cual no cabe discusión respecto a su calidad y altura creativa sea el amor.

Desde la edición de su primera colección de poemas bajo el nombre de La Suplicante, en 1945, Idea nos enseñó una particular manera de aproximación al amor desde lo poético. Con la edición de su libro Poemas de Amor en 1957, nos entregó un perfecto manual sobre el amor, sus ángeles, sus demonios. Hay un desgarro dulce, “un grito apagado”, que Idea comparte con el lector palabra a palabra, verso a verso. La poesía de Idea, y sobre todo aquella que nos enseña los ásperos caminos del amor, justamente no nos muestra la acera más límpida, sino más bien nos involucra, nos arroja de lleno al fango que la tormenta dejó en ése camino. Es difícil acercarse al amor desde la poesía, y no caer casi predeciblemente en innumerables lugares comunes, en maneras de declarar o terminar el amor que se ven venir a lo lejos.

El amor en la poesía de Idea, siempre nos ofrece un inesperado giro que nos golpea en donde más nos gusta, o donde más nos duele. Eso es bueno, el poema no debe pasarnos por el costado, Idea nos toma y nos sacude cuestionándonos, zamarreándonos en innumerables por qué, mostrándonos la herida abierta que puede curarse o tal vez no. Esa bucólica manera de reconocer el abandono, la resignación, la angustia, la pérdida del amor, es también de una sublime belleza. El amor en lo cotidiano, ése amor de un sólo acorde tan parecido al tedio, al hastío, un amor que se parece a una taza de café sin azúcar. El amor ya acabado, sobre el cual se saca cuentas y se concluye con una raya al final bajo la cual ningún número cierra, ningún amor concluye del todo. Es una poesía de revolver en las entrañas y extraer alguna clase de gema que nos devuelva la esperanza de que no todo está perdido. Bien sabido es que Juan Carlos Onetti fue destinatario de mas de un reproche y de mas de una caricia a través de los versos que la poeta le dedicó. Los poemas de Idea van por el carril de lo sencillo, no se trata tampoco de una poesía super ornamentada, no existe un rebuscamiento excesivo en la utilización de las palabras que emplea la poeta a los efectos de que su mensaje llegue clara y profundamente al lector.

Los recursos verbales de Idea son escuetos, suficientes, jamás superficiales, impresiona la manera en que la poeta dice tanto, con tanta profundidad con tan poca verborragia impresa. Entendemos perfectamente lo que nos quiere decir con sólo ésos mínimos, escasos guiños.

La poesía de Idea establece su calidad indiscutible desde otros terrenos, donde predomina una ondulación leve con riachuelos cada tanto, donde se puede abrevar para seguir creyendo en el amor; aunque a veces una montaña nos desconcierte; y es conversacional en cuanto plantea un diálogo con ése lector que se siente tocado por sus versos.

Idea escribe, pero en los versos hay preguntas sin resolver, sin contestar, a veces es un cuestionamiento de brazos abiertos y mirando al cielo, para buscar en las alturas alguna respuesta. Idea se movió sin bombos ni platillos durante décadas en el ambiente literario nacional, sus poemas de amor poseen una voz única, llegan a la memoria de quienes los leen y jamás se van.

La poesía de Idea y sobre todo aquella que nos habla del amor, está allí, vigente, caminando por las calles, buscando y encontrando o no. Como dijo la misma poeta: Ver a los otros y a uno mismo caminando hacia la muerte, vivir el amor a término, tal vez hagan el amor y la vida más terribles y amargos, pero, tal vez, también, más intensos, más hondos.

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