The Father: el mundo delirante de Anthony Hopkins

Recuerdo que la única y última vez que hice un comentario sobre una obra cinematográfica fue acerca de una película poco reconocida de Stanley Kubrick el pasado siglo. En general, el cine que se estrena en pantalla gigante en una buena parte del mundo, y especialmente en América Latina, están destinados al entretenimiento poco sano y más bien pueril.

Cosa diferente ha sucedido, en la primera película que vi en Montevideo, después de la larga pandemia que todavía no acaba. Anthony Hopkins – ganador del Óscar al mejor actor – hace gala de su más que meritoria actuación. El octogenario no solamente nos hace reír, sino también estremecer, y anudar la garganta. Sin duda, tratase de una actuación más que ponderable.

No me quiero detener en los aspectos técnicos o la dirección encomiable de The Father, sino en el mundo delirante del protagonista que suele confundir personas, historias recientes y pasadas, y es sacudido por el pánico en escenas memorables por su alto grado dramático. Por el contrario, este filme despierta en mí, más que una interrogante: ¿la demencia senil es irreversible e incontrolable?; ¿no se hace sutilmente una suerte de “apología” de la antipsiquiatría?.

Mi impresión es que lejos de mejorar el estado de la cuestión relativa a la demencia en su generalidad; muchos son los espectadores algo intrépidos y desinformados que pueden creer que la ciencia médica y la psiquiatría han fracasado. Algo similar a lo que Foucault y toda la antipsiquiatría empezó a orquestar sin base científica ni real desde el pasado siglo. Porque Hopkins delira. Y delira sin parar. Toma medicinas, pero no mejora. ¡Inclusive toma un whiskey junto con su acompañante terapéutica!.

Escalofriante es el mundo de los delirios, pero hoy en día la psiquiatría y la psicología cognitivo conductual, sumada a la psicoeducación, y el tratamiento farmacológico necesario, han hecho posible que las enfermedades de salud mental no sean tan irreversibles – salvo excepciones – como en el filme.

Ficción, en gran medida nada más que eso. Pero sin duda, los delirios y sufrimientos de Hopkins son reales en el mundo de muchos quiénes padecen o padecieron enfermedades mentales. Tanto así, que estremece el hecho de que el protagonista cree que alguien lo golpea con el puño, o llora por recordar la muerte de su madre.

Pero calma. La psiquiatría y la psicología, sumadas a una conciencia de la enfermedad, pueden ayudar al paciente y a su entorno. Es por eso que The Father debería ser recordada como cualquier otra ficción más. Y con una actuación única, mayestática, fuera de serie.

Gracias Anthony. Ahora te veo en la cumbre de los grandes y más afamados actores del siglo XX y XXI, a la altura, claro está, de un Robert de Niro, un Jack Nicholson, o un Al Pacino.

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