Dorian Grey y la Eterna Juventud

<…Lo único que importa en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos>.

Con esta frase dicha por uno de los personajes de la obra, Lord Henry, podemos resumir y expresar el espíritu de la novela.

En El Retrato De Dorian Gray (1890) el escritor irlandés Oscar Wilde se sirve del mito de Fausto para escribir esta gran novela (única publicada en vida del autor) con resonancias góticas.

Wilde fue un autor polémico que quería hacerse un hueco en la alta sociedad londinense y destacar por una originalidad agresiva y provocativa que a menudo no conocía límites. Muchos han querido ver en El Retrato de Dorian Gray una especie de alegoría de la tormentosa relación de su autor con Lord Alfred Douglas, relación que lo llevó a prisión por homosexualidad arruinando su carrera. Las alusiones al amor entre hombres, al pecado, al sentimiento de culpa, al remordimiento, al vicio y al sórdido submundo de la noche londinense no diferirán demasiado de las que saldrán a colación en el juicio contra el propio Wilde seis años más tarde. ¿Quiso el autor llevar a la realidad su fantasía?

Un artista llamado Basil Hallward queda fascinado por la belleza de Dorian Gray, un joven de una hermosura fuera de lo común. Dorian accede a ser retratado por Basil y este, pinta un cuadro que recoge la perfección de cada uno de sus rasgos. Un día Dorian mantiene una conversación con Lord Henry -amigo de Basil-un elegante caballero con aspecto de dandi que proclama un dudoso ideal de vida: <lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos>. A Dorian le impresionan tanto las palabras de Lord Henry que desea permanecer para siempre eternamente joven, con el mismo aspecto que refleja el cuadro. La relación entre Lord Henry y Dorian se intensifica y el caballero deposita perversamente en la cabeza de Gray unas reflexiones sobre la juventud, la belleza, la pérdida de ambas y lo lamentable del paso del tiempo. Gray comprende que su álter ego permanecerá en el cuadro eternamente joven y bello mientras que los años harán mella en su físico. Gray se rebela y proclama un encendido deseo de que esto no sea así; un deseo que se convierte en un pacto con el diablo, si bien el diablo no aparece en ningún momento como personaje sino que cada uno lo llevamos en nuestro interior, junto con nuestros pecados.

A partir de ahí, será el retrato el que acuse los estragos del tiempo y el que sufra en las capas de los óleos que llenan el lienzo, los muchos pecados que irá cometiendo el personaje real. Nueva reflexión de Wilde a través de sus personajes: con el tiempo no sólo se pierde la juventud, sino también la candidez, la armonía y la pureza, pues los pecados se suceden.

¿Por qué peca Dorian Gray? Porque es un hombre (entiéndase hombre como especie humana y no como género). ¿Por qué sus pecados acaban por no conocer límites? Porque cuando descubre que es el cuadro el que sufre las variaciones que a él le son ajenas, se sabe inmortal e impune. Pero el crimen es tan antinatural como la eterna juventud de Dorian y llega un momento en el que la impunidad diabólica de la que Gray goza se convierte en un peso con el que no puede vivir. Dorian acabará con Gray cuando no pueda resistirlo más.

Tenemos entonces un posible alter ego de Wilde reflejado en dos personajes separados: Henry, el aristócrata, y Basil, el artista. Ambos admiran el arte, la belleza, la juventud y aman a Dorian Gray. Y ambos, cada uno a su manera, provocan la maldición de su amado; una maldición de la que será víctima el artista (que es un hombre puro) pero de la que se salvará el aristócrata (que es diabólico). El amor prohibido y la necesidad imperiosa de dar salida a las fantasías y necesidades, no siempre virtuosas, que cada cual lleva dentro, conduce a la condenación del alma.  Decir que se ha encontrado cierta coincidencia con la novela El Dr. Jeckyll y Mr. Hyde ya que ambas se plasma la bipolaridad del hombre.

Con todo esto, no es de extrañar que El retrato de Dorian Gray fuese un auténtico escándalo cuando se publicó.

Añadir también que el prefacio del propio autor, lleno de afirmaciones sobre la moralidad y la virtud, fue de lo más escandaloso para la época victoriana y tampoco ayudó mucho.  Comprobadlo vosotros mismos:

<El artista es el creador de las cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte. El crítico es quien puede traducir a otra forma o a un nuevo material su impresión de las cosas bellas. La más elevada, así como la más baja, forma de crítica es la de autobiografía. Los que encuentran intenciones feas en las cosas bellas son corruptos sin encanto. Ésa es su falta. Los que encuentran intenciones bellas en las cosas bellas son los cultivados. Para éstos hay esperanza. Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan sólo belleza. No existen tales cosas como los libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o están mal escritos. Eso es todo. La aversión del siglo XIX al realismo es la rabia de Calibán al ver su rostro en el espejo. La aversión del siglo XIX al romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su rostro en el espejo. La vida moral del hombre forma parte del tema del artista, pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Hasta las cosas que son ciertas pueden probarse. Ningún artista tiene tendencias éticas. Una tendencia ética en un artista es un imperdonable manifiesto de estilo. Ningún artista es nunca mórbido. El artista puede expresarlo todo. El pensamiento y el lenguaje son para el artista instrumentos del arte. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte de la música. Desde el punto de vista del sentimiento, la profesión del actor. Todo arte es a un tiempo superficie y símbolo. Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo. Los que interpretan los símbolos, lo hacen a su propio riesgo. Es al espectador, no a la vida, lo que refleja realmente el arte. La diversidad de opiniones sobre una obra de arte demuestra que la obra es nueva, compleja y vital. Cuando los críticos difieren, el artista está en armonía consigo mismo. Podemos perdonar a un hombre por hacer algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer algo inútil es que uno lo admire intensamente. Todo arte es completamente inútil.»> Oscar Wilde.

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