Stardust: odisea interior

Puede que el biopic sea uno de los géneros más complejos del cine. Reviste probablemente las mismas encrucijadas y trampas que la adaptación literaria o de cualquier otra obra preexistente. Como un texto conocido, la vida de un personaje relevante o famoso parece estar a la mano de todos, lo cual representa un compromiso y un vértigo para quien entra en esos territorios.

La tentación y el atajo más común, -a favor de las audiencias-, es el desarrollo de un arco global en busca de ese momento de quiebre o de auge, de caída y gloria.

La humanización de los ídolos y de los héroes elige la mar de las veces un  viaje convencional. Un viaje que esconde el conflicto del personaje, anteponiendo la obra como decorado y no como fondo.

Así, aquel rasgo diferenciador se convierte en algo circunstancial en el progresivo camino hacia la fama como golosina para el espectador. 

Los biopics más relevantes nacen de la revisión de un momento. De un fragmento de esa vida inusual, pero tan cercana al espectador que obliga a una mayor empatía. 

Problemas legales y de permisos familiares con los herederos de David Bowie, obligaron a Gabriel Range,  director de Stardust (2020) a renunciar a una banda sonora plagada de éxitos del intérprete británico.

Lo que parecía el naufragio insalvable del proyecto, terminó convirtiéndose en su mayor virtud. Sin muletas de ningún tipo en las cuales apoyarse o escudarse, el guion y el film se apropiaron de la caja de resonancia para contar al personaje que subyace debajo de Ziggy Stardust.

En medio de una gira imposible, sumergido en el anonimato más allá del Atlántico, Bowie (interpretado por el actor, músico y poeta Johnny Flynn) se lanza a conquistar Estados Unidos como antes lo hicieron sus vecinos, The Beatles. Un empeño casi suicida y un espíritu naif son sus mejores cartas ante la resistencia de sus agentes y ejecutivos discográficos, incapaces de entender el viraje de su música.

Siguiendo la ruta de ese camino de oscuros ladrillos y con la guía de un lazarillo lleno de fe (Marc Maron), Bowie emprende un viaje por carreteras secundarias que le llevan desde el centro de Estados Unidos a Nueva York y Los Ángeles.

El viaje en cuestión le sirve más al espectador que al personaje. Aquel se adentra en el universo de una personalidad compleja, dueña de un ego asumido desde  esa actitud infantil y lúdica. Como si para el resto,  su genio debía resultar más que evidente.

Su ego es tal que su capacidad para comprender los entresijos y prejuicios de la industria, de sus gerentes y de la prensa  especializada es prácticamente nula. De De allí su elocuente –y ansioso-, deseo de presentarse en una o  todas sus facetas: cantante, actor, mimo, irreverente, enfant terrible, sin percatarse de aquél latente suicidio publicitario.

El Bowie de Stardust no pone de duda su grandeza, sino las flaquezas que la alientan y transforman su búsqueda en una huida hacia adelante que deje atrás el fantasma de la locura que azota a su familia.

La “odisea espacial” que narra Stardust no es precisamente la construcción de un ídolo o la creación de su alter ego. Es en realidad el viaje hacia una odisea interior. Un largo viaje para volver al hogar, para el autoconocimiento. El Bowie de Stardust comprende en el silencio de una noche y en la contemplación de su hermano en un hilo para reconciliarse con sus lazos y romper con sus miedos. Así, aquel viaje hacia el mundo no es más que un viaje a la semilla que Range junto a su coguionista Christopher Bell hilan con delicadeza y también genio a la hora de sortear lo que parecía infranqueable.

Con una maravillosa dirección de arte y una cinematografía que sirven el contexto, Stardust ofrece momentos delirantes y de revelación maravillosos. Ni qué decir el buen hacer de sus dos personajes, capaces de sostener ese viaje sin que se pierda un ápice de interés por el relato.

Stardust . 2020. Reino Unido. Género: Biopic, Drama, Musical. Dirección: Gabriel Range. Guion: Christopher Bell, Gabriel Range. Música: Anne Nikitin. Fotografía: Nicholas D. Knowland. Int: Johnny Flynn, Marc Maron, Jena Malone, Aaron Poole.  Productora: Salon Pictures, Wildling Pictures, Film Constellation. Distribuidora: IFC Films

Deje su comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here