«Crueldad» de Chema Madoz: estetización y extrañamiento

El círculo de Bellas Artes de Madrid presenta la última exposición de Chema Madoz titulada ´Crueldad´, un recorrido de 73 fotografías que muestra el distintivo juego conceptual del autor madrileño, esta vez bajo un enfoque tan ´cruel´ como políticamente comprometido.

Según la visión estética de Jean- Luc Nancy, la obra de Madoz podría ser una perfecta encarnación de los ideales del arte contemporáneo, en tanto que su fuerza y capacidad de emocionar provienen siempre de un ´guiño´ se le hace al espectador, el cual que le invita a repensar su realidad críticamente. En esta ocasión, podemos detectar un guiño vigente en todas las fotografías: la insinuación de algún tipo de violencia que subyace nuestra cotidianidad. Una cotidianidad que Madoz identifica y reconstruye en clave posmoderna, pues no sólo decide reflexionar sobre las contradicciones alrededor de la identidad, el tiempo y el sentido vinculadas a nuestras sociedades globalizadas y fragmentadas- siendo éste un diagnóstico muy posmoderno de la realidad- sino que lo hace mediante unos mecanismos de representación puramente posmodernos: la autodescripción, la estetización y el extrañamiento.

El primer síntoma posmoderno de la obra es el carácter puramente descriptivo y autorreferencial de las paradojas que presenta, la ausencia de cualquier propuesta imaginativa o gesto que nos insinúe una posible superación de nuestra frustrante realidad o alguna alternativa a ella. Así pues, de la imagen del collar perlas en forma de soga tan sólo aprendemos la destrucción vinculada al lujo, el pie con las raíces colgando tan sólo nos recuerda nuestro desarraigo en un mundo globalizado y los pétalos debajo del grabado de la rosa tan sólo nos advierten de nuestra creciente tendencia a confundir de lo representado con lo real. La concienciación que ejercen tales imágenes en nosotros convive con un malestar que nos invade al percibir el mal de la realidad como algo ineludible. En esto radica, a mi parecer, la verdadera crueldad involucrada en la contemplación de las imágenes, en la sensación de suspensión, de impotencia y de nostalgia hacia otra realidad (tan diferente a la actual como indefinida) en que la que nos inmersionan.

Tal sensación de parálisis se ve reforzada por las características estilísticas de las fotografías. Llama la atención la solemnidad- narcisismo autorreferencial- con la que aparecen los objetos ante nosotros, siendo esto quizás inducido por su posición de centralidad, su enfatización mediante su contraste con el fondo (siempre del color opuesto) y el hecho de que se muestren de cerca. Por otro lado, podemos identificar un aura de pulcritud, perfección y belleza rodeando a los objetos. Consideremos el brillo del desagüe en la taza, de la pierna del maniquí con cremallera y de la funda de guitarra descendiendo al hoyo; así como la hermosa fragilidad de las grietas adentrándose en el vaso de flores y de la chincheta rozando la pupila; o la sutileza con la que unas nubes se entremezclan con una radiografía humana o aquella implícita en el gesto de la mano intentando cortar el humo.

La solemnidad y belleza que comparten las imágenes nos hacen sentirnos confrontados con algo representado y no real, abriéndose así una distancia entre nosotros y la imagen, aconteciendo algo similar al proceso de extrañamiento entre obra y audiencia que buscaba Brecht. Parece Madoz aspira a una emancipación respecto aquellos aspectos alienantes de nuestra realidad mediante la estetización de sus contradicciones. Asignarle una posibilidad emancipadora dependerá de nuestra opinión sobre qué tipo de arte tiene una mayor capacidad transformadora: bien aquél regido por el principio Aristotélico de la Mímesis que hace que el espectador confunda el arte con la realidad- identificándose con ella- o bien aquél fundamentado en el principio de extrañamiento de Brecht.

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