Cuatro dimensiones para analizar el espectro político

La palabra dimensión es de origen latino, dimensio –onis, que significa medición, medida. Imaginemos que tenemos una línea recta y marcamos sobre ella un punto fijo X, de manera que cualquier otra persona pueda encontrarlo con solo leer nuestra descripción. Para empezar, hacemos una señal en cualquier lugar de la línea y la llamamos cero. Medimos luego y comprobamos que X está exactamente a dos pulgadas de la marca del cero. Si está a uno de los dos lados, convenimos en llamar a esa distancia +2; si está al otro -2. Si los demás aceptan estas convenciones, el punto está localizado. Como solo necesitamos de un número para localizar un punto sobre la línea hablamos de medición unidimensional.

Es en la Francia de 1789 donde encontramos la convención que se ha establecido desde entonces de denominar a los partidos de derechas o de izquierdas. Si hacemos un poco de historia, el 28 de agosto de aquel año se preguntaban en la Asamblea Constituyente por el poder que debía tener el rey, aunque la pregunta de fondo era si se debía de continuar con el sistema monárquico.

En aquel disputado debate, partidarios y opositores de la corona, se ubicaron por afinidades a derecha o izquierda del presidente de la Cámara; los realistas y conservadores, que pretendían constitucionalizar la monarquía a derecha y los progresistas que se oponían al derecho de veto de las leyes por parte del rey, a la izquierda, pretendiendo que su derecho no pasara de un derecho suspensivo y evitando de este modo el absolutismo. Desde aquella votación en la que la izquierda se impuso por más del doble de votos de los casi mil asamblearios, la monarquía tenía los días contados.

Este sistema “unidimensional” de medición ha establecido con el transcurso de los siglos convenciones simples como que progresismo, laicismo, regulación económica, bienes comunes, igualdad, incluso optimismo y pluralidad en el gobierno, quedan a izquierda, mientras que el conservadurismo, tradicionalismo, liberalismo económico y unidad en torno a un único jefe de estado quedan a derecha.

Sin embargo, esta convención simple derecha-izquierda puede ser orientativa, pero a veces insuficiente como se demostró con la llegada de los totalitarismos. La línea que separa al fascismo del comunismo es lábil, así como la que separa al anarquismo del liberalismo.

Alguien como Ortega y Gasset, intelectual muy crítico al respecto, afirma en La rebelión de las masas que “Ser de izquierdas es, como ser de derechas, una de las infinitas maneras que el hombre tiene de ser un imbécil; ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral. Además, la persistencia de estos calificativos constituye no poco a falsificar más aún la realidad del presente (…).”

Estas palabras de Ortega y Gasset están escritas precisamente en la Europa de entreguerras, y aunque pueden resultar hirientes, desafortunadamente siguen encontrando su sentido cuando comprobamos todo el tiempo que se pierde en debates parlamentarios estériles que consisten en reivindicar las bondades de las ideologías propias y en acusar a la bancada del lado opuesto, o cuando la discusión consiste en demostrar quién es la verdadera izquierda o quién la verdadera derecha. El centro no sale mejor parado cuando los partidos que optan por este posicionamiento lo hacen como mero ejercicio de restyling.

Así que, si queremos medir de manera más o menos objetiva estos matices ideológicos para que nadie se ofenda, recurriremos a una medición más allá de la unidimensional; si volvemos al ejemplo de la hoja de papel en la que se quiere localizar el punto fijo X; Empezamos en la marca del cero y comprobamos que está a cinco pulgadas… ¿pero en qué dirección?, lo que podemos hacer es descomponer la distancia en dos direcciones. Tres pulgadas al norte y cuatro al oeste. Si llamamos al norte más y al sur menos y al este más y al oeste menos podremos localizar el punto con dos números +3, -4. Necesitaremos de este modo dos números para localizar un punto fijo en un plano, de manera bidimensional. Un ejemplo de modelo bidimensional, entre otros, sustituye norte por autoritarismo, sur por libertarismo, este y oeste, como de costumbre, por derecha e izquierda e introduce otras variables para aportar precisión.

Se han creado varios modelos de este tipo como el de Hans Eysenck en su libro «Sense and Nonsense in Psychology» (1964), utilizando dos ejes derecha-izquierda (horizontal), autoritarismo-democracia (vertical). Otros son el gráfico del libertario de David Nolan (1971), combinando los ejes político y económico o el de Jerry Pournelle (1962) un eje horizontal izquierda (libertad) derecha (control) y otro perpendicular respecto al racionalismo con que se ejercen la libertad o el control.

Sin embargo, todos estos modelos, incluso los de tres ejes o de cubos, podrían recordarnos aquella idea de Octavio Paz de que no se puede pretender que la realidad quepa en modelos cuadriculados.

Prosiguiendo con nuestra demostración, si lo que tenemos es un espacio como el interior de una habitación, un punto fijo lo podríamos localizar diciendo que está a siete pulgadas, por ejemplo, al norte de la marca cero, tres pulgadas al este de ésta y nueve por encima de ella. O dando una distancia y dos ángulos. En este caso necesitaremos tres números para localizar un punto fijo en el interior de una habitación. Llegamos a la tercera dimensión.

Conceptos como feminismo, ecologismo, etnicismo o religión pueden encontrar dificultades para ubicarse en dos parámetros o dimensiones en relación con otras variables, sean la economía, la cultura, la política o el derecho. ¿Se puede ser republicano, del Real Madrid, ecologista, feminista, xenófobo, preferir el campo a la ciudad, el liberalismo económico al estatalismo y, sin embargo, desear un autoritarismo político, aunque sea electo? Este tipo de perfiles que beben de corrientes antagónicas, aunque les parezca una exageración, son frecuentes entre los votantes.  

En el espectro político, también encontramos rarezas, tomemos como ejemplo el nacional veganismo que emerge en Sudamérica, inspirado en la ideología nacionalsocialista alemana. Aunque cabe aclarar que el supuesto veganismo de Hitler estaba vinculado a la preservación de la pureza de raza más que a cuestiones ecologistas, si bien son los movimientos sociales ecologistas los que más ruido han hecho apostando por el veganismo y contra el consumo de carne, especialmente la de vaca. Se trata, en definitiva, de aportar relieve para interpretar estas ideologías dentro del espectro político; otra cosa es que luego se institucionalicen en forma de partidos y que éstos sean legales o que simplemente sean sectas, lo que dependerá de su compatibilidad con el sistema jurídico en cuestión.

A la hora de analizar los movimientos sociales también resulta imposible utilizar los modelos uni- o bidimensional cuando, a menudo, se nutren de participantes cuya principal afinidad se encuentra en el objetivo final siendo de ideologías o tendencias diferentes, incluso opuestas. Véase el ejemplo de los chalecos amarillos en su origen, en otoño de 2018. Tratándose los partidos políticos o los movimientos sociales de organismos vivos y en movimiento, podemos añadir el tiempo como cuarta dimensión, aunque habrá quien prefiera una dimensión espacial adicional, estamos hablando de eso a que los científicos llaman “hiperespacios”. Este mismo nacional veganismo de origen chileno de principios del siglo XXI del que les hablo, no será, aunque se parezca, el nazismo que germinó en la Alemania de la república de Weimar.            

A pesar de todo esto, a la mayoría de los votantes les gustan poco las mediciones complicadas. Votan de forma ideológica, de forma coyuntural, por castigo, al enemigo menor en segunda vuelta si su candidato ha sido eliminado, o simplemente, no votan o votan en blanco. Prima la unidimensionalidad, mientras que a algunos partidos les es vital atrapar votos de diferentes altitudes y latitudes, profundidades o generaciones. En la última década hemos asistido a una desafección del electorado en países de tradición democrática y a una fragilización del bipartidismo a raíz de la crisis de 2008. Actualmente, mientras que en España aquellos partidos que rompieron el tablero político han perdido empuje o así lo parece, aunque han llegado a gobernar tanto en el gobierno de la nación como en gobiernos territoriales, en Francia el espectro político está hiperfraccionado de cara a las elecciones presidenciales del mes de abril. En Alemania ha resultado que SPD o CDU, primera y segunda fuerza en las recientes elecciones, serían prescindibles de forma individual, mientras que verdes y liberales aparecían en las combinaciones de coalición más lógicas con una de las dos anteriores.

Inspirarse en teorías como las leyes del movimiento que Isaac Newton estableció en el siglo XVII o en las posteriores de Einstein en sus teorías especial o general de la relatividad puede ser ilustrativo para, mediante la analogía, analizar comportamientos políticos, alianzas y coaliciones o interpretar ideologías, aunque no sea más que una manera de hacerlo ni se requieran siempre de una tercera o cuarta dimensión. Y a los nacionalismos, ¿se les pueden aplicar las teorías de Copérnico, Galileo o Kepler?.

Deje su comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here