El libro de los decálogos

En julio de 1927, Horacio Quiroga, gran escritor uruguayo, radicado en la Argentina, publicó, en la revista bonaerense Babel, su ya famoso decálogo para jóvenes aprendices de narradores. A partir de entonces algunos escritores han propuesto los suyos, ya sea como un homenaje a Quiroga, quizá parodiando o contradiciéndolo o simplemente porque, basados en sus propias experiencias, quisieron dejar pequeños legados a otros escritores. Recordemos que un decálogo, según la RAE, es un “conjunto de normas o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad” que, obviamente, tienen su primer antecedente en los Diez mandamientos bíblicos.

En los decálogos literarios se trata de dar consejos sobre el oficio de escribir y de cómo hacer literatura; entre otros escritores que dejaron sus normas para la posteridad tenemos a Joyce Carol Oates, Jeanette Winterson, Margaret Atwood, Julio Ramón Ribeyro, Zadie Smith, Augusto Monterroso y muchos otros. El escritor mexicano Javier Perucho se dio el trabajo de recopilar cuarenta decálogos de escritores iberoamericanos en un libro titulado Decálogos y poéticas del microrrelato, publicado por la editorial peruana Micrópolis, el año 2019, En el Liminar del libro, Javier Perucho, justifica su trabajo: “Al paso del irremediable tiempo, me percaté que no existía en el mercado editorial un libro que compilase o estudiase los decálogos del microrrelato que vagabundeaban por la red, los suplementos culturales y los dichosos libros. Presuroso me impuse a la tarea de buscarlos, editarlos y sistematizarlos. Previamente reuní los publicados en El Cuento en Red. Revista Electrónica de Teoría de la Ficción Breve, pues una de mis tareas fue alentarlos y difundirlos cuando fui editor de la revista”.

La investigadora Ana Sofía Marques Viana Ferreira, de la Universidad de Salamanca, en un artículo[1] sobre este libro detalla los objetivos del compilador y los autores incluidos, señala que “La edición de Decálogos y Poéticas del Microrrelato (Micrópolis, 2019), a cargo de Javier Perucho, investigador experto y docto en la materia, logra aunar en un libro las recetas, instrucciones y consejos de escritores hispanoamericanos y españoles, de la más distinta  generación  y  talla,  sobre  cómo  escribir  un  microrrelato.  Se congregan aquí los textos publicados en papel –recogidos por el mismo autor ya en el apartado “Filosofías de composición” de El cuento jíbaro.  Antología del microrrelato mexicano (México: Ficticia/Universidad Veracruzana, 2006), los disponibles en la Red, dentro de la revista electrónica El cuento en Red y de la bitácora Miretario, contando además con algunos inéditos”.

Los autores incluidos

Luego Marques Viana Ferreira nos informa de los autores incluidos en este monumental trabajo: “En total se citan cuarenta escritores, la mayoría provenientes de México (Armando Alanís, Sergio Astorga, Marco Antonio Campos, Marco Aurelio Chavezmaya, Luis A. Chávez Fócil, Alberto Chimal, José de la Colina, Marcial Fernández, Rogelio Guedea, Enrique Ángel González Cuevas, Mónica Lavín, Agustín Monsreal, Augusto Monterroso, José Manuel Ortiz Soto, el propio Javier Perucho, Raúl Renán, Adriana Azucena Rodríguez, José Luis Sandín, Paola Tena, Edmundo Valadés, Juan Villoro y Laura Elisa Vizcaíno), pero también de Argentina (Raúl Brasca, Orlando Romano, Ana María Shua y Fabián Vique), Perú (Mario Guevara Paredes, Ary Malaver y Rony Vásquez Guevara), Chile (Lilian Elphick y Diego Muñoz Valenzuela), Colombia (Esteban Dublín y Nana Rodríguez Romero), Puerto Rico (Emilio del Carril), Bolivia (Homero Carvalho Oliva), Ecuador (Solange Rodríguez Pappe) y España (Ginés S. Cutillas, Andrés Neuman, Ángel Olgoso y Gemma Pellicer). La idea de reunir a tantos autores, de procedencia y generación tan diversa, funciona perfectamente, en la medida en que permite confrontar y establecer puentes y conexiones entre las concepciones de los autores canónicos y los escritores de última generación responsables de ofrecer nuevo aliento y regenerar el género. Dos secciones más rematan el libro: cuatro decálogos del aforismo (un género que, como refiere el editor, ha estado marginado mucho tiempo por la teoría y crítica literarias), firmados por Benjamín Barajas, Paulo Antonio Gatica Cote, Alberto Hernández y Leonardo Rosenberg, y el apartado bibliográfico, donde constan todas las fuentes citadas. Reflejo del interés que deben suscitar los decálogos para el análisis literario, esta antología aporta un estudio crítico introductorio que toca importantes materias: aclara el rol de los decálogos en algunos géneros”.

Consejos hasta de un conejo

Además de los decálogos de los escritores incluidos, quiero citar artículos algunos que me parecieron geniales: “Si usa una computadora, guarde siempre los textos en un pen-drive”, de Margaret Atwood; “No coma mierda si lo puede evitar”, de Richard Ford; “Evite camarillas, bandas, grupos”, de Zadie Smith. O este consejo de  Antonio Caballero, incluido “En Monólogo del decálogo[2]: “Para un escritor no debería existir más mandamiento de obligatorio cumplimiento que el de la libertad: haz lo que te dé la gana. Es el que practica Michel de Montaigne, y predica el rey de El principito de Saint-Exupéry. O si no, el mandamiento rigurosamente contrario que dicta el ya mencionado Rilke en sus Cartas: escribe solo si no puedes no escribir”. Y ahora algunos consejos de los escritores incluidos en el libro:

  • “Dispones sólo de dos ingredientes: las palabras y el silencio, y debes lograr que ambos sean igualmente significativos”, Raül Brasca.
  • “En la última línea el minificcionista debe dar un giro sorprendente o un latigazo emotivo o crear un anticlímax”, Marco Antonio Campos.
  • “Sí: acepta que nada te saldrá bien a la primera. El genio, si es que lo tienes, no está allí. Por otro lado, trabajar profundamente en tus cuentos es leerte a ti mismo en ellos. Y si esto te da miedo, más urge que lo intentes”, Alberto Chimal.
  • “Elige con sumo cuidado cada una de las palabras”, Ginés S Cutillas
  • “Ahora, aplica el silencio. Aquieta tu mente repleta de adverbios y adjetivos, rebosante de bombos y platillos, ahogada en retóricas, destrozada por los conectores”, Lilian Elphick
  • “Cuando escribas un texto humorístico, desconfía del chiste porque contribuye a desnaturalizar la esencia del microcuento”, Mario Guevara
  • “Nunca aclares: tu arma es la sugerencia”, Mónica Lavin
  • “Haz el amor al cuento”, Agustín Monsreal
  • “Nunca digas: ‘De esa historia no beberé’”, José Manuel Ortiz Soto
  • “No compitas, resígnate a que alguien haya escrito y escribirá mejores cuentos breves que tú. Sólo trabaja para ser mejor que en el pasado”, Solange Rodríguez Pappe
  • “Si se trata de proponer consejos, instrucciones o reflexiones sobre el oficio, que nunca sean diez”, Ana María Shua
  • “Evite el chiste fácil o el juego de palabras barato. Son veneno para el comensal”, Paola Tena
  • “Sea usted breve”, Edmundo Valadés.
  • “Lee otros decálogos. También soy escritor y deseo ser el mejor. Es probable que esté engañándote”, Rony Vásquez Guevara
  • “Corrige mucho; luego agrega un defecto: una coma rara, una mayúscula caprichosa, una palabra repetida. En nada hay que trabajar tanto como en la apariencia de naturalidad”, Juan Villoro

Hablando de los decálogos

A propósito de los decálogos en el breve ensayo “Poética y fragmento en la minificción. Los decálogos de la revista El cuento en red”, el académico Xaquín Núñez Sabarís del Centro de Estudos Humanísticos da Universidade do Minho, explica: “La estética elíptica y la extensión breve que define la minificción se ha materializado también en la expresión de su poética, que ha optado a menudo por recurrir a textos fragmentarios para explicar el microrrelato, aunando, de este modo, teoría y práctica en las formas hiperbreves. Un ejemplo de ello son los numerosos decálogos que recogen el aspecto lúdico, irónico, paródico y contracultural del que ha hecho gala la minificción y evidencian las poéticas del fragmento habituales en la posmodernidad”.

Antes de cerrar el prefacio, Perucho se cuestiona: “Al finalizar el trabajo me pregunto, ¿los preceptos que sostienen estos decálogos obligan al lector, al aprendiz o al escritor en ciernes, a acatarlos? Para el estado calamitoso del mundo actual, los promulgados por Moisés ya ni se acatan, así que considérelos, adóptelos o desprécielos. El único mandato que me atrevo a registrar sin rubor, y con él concluyo, aquí lo predico: ustedes tienen la última palabra”. Predica que comparto.

Para mí, como escritor de novelas, cuentos y microficciones, es un honor estar incluido en este libro junto a escritores que considero mis maestros; este libro ya se ha convertido en un clásico del género y en objeto de estudio, tanto de la academia como de narradores que quieren mejorar su escritura. Aquí les dejo mi decálogo por si quieren seguirlo o contradecirlo:  

Decálogo del imperfecto cuentista

Homero Carvalho Oliva

1.- El cuento es el infinito cuya puerta es la página. Si el poeta Vicente Huidobro propone que “el verso sea una llave/ que abra mil puertas”, que el narrador sea quien nos cuente porqué están esas puertas. En la superficie llana del papel el narrador recuerda que es un cazador perdido, contando historias alrededor del fuego de la horda, y ahora intenta atrapar el dinosaurio de Augusto Monterroso; mientras persigue las huellas del animal da cuenta del universo. Lleva la cuenta de los hechos y los transforma en palabras, las palabras se convierten en imágenes y la historia de la humanidad sigue su curso.

2.- El cuento es la fuente eterna de la comunicación, en la que se mezcla lo popular y lo sublime, buscando nuevas formas de significar lo ya dicho, en la búsqueda cotidiana de escapar de la mediocridad. Hace un tiempo atrás escribí estas definiciones: La novela es un caballo desbocado cabalgando hacia el vacío; el cuento es un salto mortal sin saber la distancia del vacío; y la poesía — ¡ah, la poesía! — es el par de alas que sobrevuelan al vacío.

3.- El escritor es un marinero desatando nudos para levar anclas y navegar en las ominosas aguas del lenguaje, la mar oceánica de las palabras, al mismo tiempo que busca a la ballena blanca. Es un náufrago solitario escribiendo un diario con su bitácora terrestre. Es un jugador de ajedrez, las palabras son las piezas y el argumento el tablero; juega contra sí mismo tratando de no descubrirse o ser descubierto en el otro.

4.- El narrador es un buscador de tesoros, el brillo de las palabras lo deslumbra y sólo su experiencia puede hacerlo distinguir el oro entre la arena de los ríos de la memoria. Es un ser inconforme, un rebelde, nunca se siente a gusto con lo que escribió. Es un guerrero, aprende de cada una de las batallas y no espera morirse en el próximo combate: el miedo lo mantiene con vida. El miedo, el gran hacedor de historias. El narrador es Descartes insepulto, vive en sus palabras; escribe, luego existe.

5.- Es Homero relatando la historia de una guerra causada por un simple lío de faldas y contando que los dioses traman desgracias para que los hombres tengamos algo que contar. Es Odiseo atado al mástil de la nave para escuchar los cantos de sirena, porque sin el riesgo la vida no vale nada. De sirenas y de prostitutas está hecha ahora la noche y la calle y por ahí andamos sin ángel de la guarda. Es un asesino privilegiado, es el único con licencia para matar. Así como es testigo omnisciente de los grandes acontecimientos de la humanidad, tanto pasados, presentes, como futuros; es también un historiador de las rutinas cotidianas, de las epopeyas domésticas.

6.- Es un niño frente a una pared blanca y un lápiz en las manos, está fascinado con el desafío de transformarla; es un adolescente encantado mirando a su vecina desnuda. El narrador es el hada de la mañana, el pirata del mediodía, la enamorada mirando llover en una tarde gris y el fantasma de la medianoche.

7.- El narrador sabe que en los jardines la maleza siempre puede esconder algo y que los espacios vacíos pueden llenarse con lo sobrenatural. Es un músico sin instrumento, que busca en su propia voz los sonidos que le darán el tono necesario para satisfacer el estilo que cree suyo entre inagotables estilos que están en la memoria de la Tierra desde que el hombre aprendió a escribir. Es un alquimista buscando la piedra filosofal en el alfabeto. Es un hierofante, un sacerdote que oficia rituales sin feligreses presentes. Es un adicto, sabe que el relato de hoy no será el último.

8.- El narrador es Giacomo Casanovas, los vacíos sin palabras le sugieren el cuerpo de la mujer deseada, es el amante que cuida de no violar la hoja virgen, simplemente la seduce. Es un onanista, la escritura es su orgasmo.

9.- Es un hacedor, inventa y destruye mundos en cada oración. Es un pequeño dios creando personajes, circunstancias, espacios, tiempos y, sin embargo, sus personajes, como en toda creación, cobran sus propias vidas y se encarnan en la mano del escritor. Sabe que hay muchos mundos y que todos ellos están en su interior, su imaginación es su propio universo, diverso, multiverso, que discurren como un río en su interior.

10.- El narrador es un hechicero penitente, sabe que su escritura no cambiará el mundo y aspira a que, por lo menos, lo ayude a cambiar a él mismo.

(*) Homero Carvalho Oliva, Bolivia, 1957, escritor y poeta, ha obtenido varios premios de cuento, poesía y novela a nivel nacional e internacional. Su obra literaria ha sido publicada en otros países por prestigiosas editoriales y traducida a varios idiomas; poemas, cuentos y microficciones suyas están incluidos en más de cincuenta antologías internacionales, además de revistas y suplementos literarios por todo el mundo. Es autor de antologías de poesía boliviana, de cuentos y microcuentos internacionales publicadas en varios países.

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

homeroantonio@gmail.com

seresdepalabras@yahoo.com


[1] https://revistas.uspceu.com/index.php/microtextualidades/article/view/355/398

[2] http://decalogosliterarios.blogspot.com/2014/10/el-malpensante-monologo-del-decalogo.html

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