Blackout

Ya habían pasado tres años desde el apagón, habían caído la red eléctrica, las redes de telefonía y comunicación, luego las antenas de televisión, y finalmente la red de internet.

Los primeros días todos pensaron que era una de las tantas sobrecargas del sistema, y que había ocasionado un corte por un tiempo determinado; sin embargo, al término de la primera semana, se había anunciado el Blackout Global.

No había sido esclarecida con certeza la causa del apagón, algunos decían que había sido un sobrecalentamiento de las redes y plantas de energía eléctrica, otros decían que la satélite madre que abastecía y alimentaba   las señales de internet y televisión a las antenas repetidoras ubicadas en la tierra, había sido destruido por una asteroide.

Otras teorías más conspirativas decían que había sido un acto de terrorismo informático impulsado por un movimiento de hackers, ex trabajadores de Google y Facebook que se habían unido para destruir la Bigdata, debido a que este sistema estaba subyugando al ser humano a través de una nueva forma de esclavitud silenciosa.

Con el pasar de los días se comenzaron a producir los usuales colapsos en los servicios básicos, y cadenas de suministro, supermercados, bencineras, bancos. La falla había ocasionado que no funcionaran los cajeros, los dispensadores de bencina, el sistema de pagos en líneas; en definitiva, no se podía realizar ningún trámite que utilizara electricidad, estuviera automatizado o que utilizara tecnología digital.

Para la segunda semana, comenzaron a generarse los primeros focos de protestas globales, exigiendo la vuelta a la vida normal. Los grupos estaban encabezados principalmente por adolescentes y jóvenes., quienes exigían la recuperación de la red.

¡No más oscuridad!, ¡Queremos que vuelva la luz!, ¡no al nuevo oscurantismo! ¡We went to back!, ¡Nos fuimos a negro!

Al cumplirse el mes, todos los sistemas financieros habían colapsados, produciéndose una debacle de todas las bolsas del mundo, y del sector bancario.

Los analistas políticos internacionales hablaban de la peor crisis desde la segunda guerra mundial, se hablaba de la guerra invisible, una guerra sin balas y bombas, que no tenía un claro enemigo; la primera guerra en que todos y todas eran víctimas.

Como todas las crisis de magnitudes planetarias, fue cosa de tiempo para que los estados alrededor del mundo comenzaran a decretar regímenes de excepción o estado de catástrofe. El despliegue de militares en las calles fue utilizado principalmente para resguardar las áreas estratégicas, abastecimiento de alimentos, combustible, plantas de agua y gas.

En el caso de las distribuidoras de combustible, funcionaban con un sistema de bombeo arcaico, que generaba largas filas debido a la demora. También había comenzado el racionamiento de todos los servicios básicos.

Unos de los efectos más negativos del primer año fue el aumento en un 500% los suicidios principalmente en el segmento de los trece a veinticinco años. Según los entendidos, expertos, psicólogos, siquiatras, antropólogos y sociólogos, esto se debía principalmente a una enfermedad que tenía muchos nombres, ciberadicción, tiktokinesis, dataismo; El Blackout mundial, había generado también un verdadero Balckout de una generación que no sabía cómo seguir, que caminaba a oscuras, sin internet, sin smartphone, sin iPad, sin tiktok, Facebook, Twitter e Instagram.

Los síntomas de esta enfermedad, era desorientación, inapetencia, perdida de las rutinas humanas básicas como asearse, ducharse, aislamiento extremo, (des)vinculación social. Sin embargo, curiosamente muchas de estas características ya existían antes del blackout, por parte de muchos jóvenes de la generación Z.

Como todo proceso incierto, el apagón trajo consigo efectos y consecuencias inesperadas, como el florecimiento de las iniciativas culturales y artísticas, debido a la necesidad de la gente de encontrar espacios de esparcimiento y ocio. Hay que recordar que el apagón, trajo consigo que no funcionara la televisión, el cine, además que había reducido a los smartphones, tabletas, notebook y los videojuegos a la obsolescencia, y condenado a convertirse en el mejor de los casos como pieza de museo.

Pero al lero de este apagón, florecieron las compañías de teatros, de marionetas, danza, los grupos musicales. También renacieron clubes de lectura, talleres de artesanías, cocina, horticultura y compostaje.

Comenzaron a ganar gran preponderancia los museos, galerías de artes y parques. Los cuales reemplazaron a los malles y centros comerciales. No obstante, los Malles devinieron en espacios de encuentro y trueque, donde se daban citas los coleccionistas, que intercambiaban juguetes, cucharas, monedas, lápices, poleras de rock, chapas, revistas de comics.

La vida transcurría de día, el gruñido de las maquinas en la calle había sido silenciado.  En las casas pasaba lo mismo, no había televisión, sonido de lavadoras, batidoras, jugueras, impresoras, ni sonidos de video juegos. Era cosa de tiempo para que se desempolvaran los libros de las estanterías, y también se sacaran los juegos de mesa, naipes, ajedrez, damas o ludos.

No es que la noche no existiera, sin embargo, esta era mucho más silenciosa e íntima; los bares y restaurantes funcionaban con la tenue luz de las velas; ya no había música envasada, con parlantes estereofónicos, luces estereoscópicas, sonidos eléctricos y de sintetizadores. Se escuchaban las conversaciones de las gentes, y un canto intimo al sonido de una guitarra o un piano.

Otro de los efectos inesperados, es que renació la adhesión a las distintas iglesias y un renacimiento del fervor religioso. No se había visto tal cantidad de feligreses en iglesias mezquitas, sinagogas y templos, desde la primera mitad del siglo XX.  Aunque no es tan llamativo, dado que la historia nos había mostrado que, en tiempos de incertidumbre, oscuridad y miedo, el ser humano se refugiaba en explicaciones y experiencias trascendentales, espirituales o místicas.

Sin embargo, uno de los impactos más positivos que había tenido el blackout, dice relación con en el ecosistema. Según climatólogos, ecólogos, biólogos, entomólogos, botánicos y oceanógrafos, el deterioro climático era algo irreversible, pero en los últimos años al menos no había aumentado, se había producido un proceso de encapsulamiento o congelamiento del deterioro.  Existían excelentes indicadores en el aire, océanos, emisiones de CO2 y reducción de gases de efecto invernadero.

Esto puede deberse muchos factores. Circulaban menos autos por las urbes. Los problemas iniciales de desabastecimiento alimentario, había generado la proliferación de la cultura del autocultivo domiciliario de hortalizas y alimentos orgánicos. Por lo Cual lo que antes era una moda, se había vuelto una necesidad practica de sobrevivencia.

Que no hubiera electricidad significo que los supermercados ya no podían disponer de alimentos que necesitaran refrigeración. Y Solo se encargaban de distribuir aquellos alimentos de mayor duración.

La reducción de los ritmos de consumo salvaje se había reducido de manera abismal. El menor consumo, significo menos basura, menos plástico, menos pets, menos chatarra informática, pilas de litio y una larga lista de etcéteras.

Las únicas plantas que funcionaban eran las que utilizaban matriz renovable como la solar, la geotérmica, eólica e hidráulica. Esto trajo consigo menos emisiones contaminantes debido a la paralización de fábricas e industrias de carbón, eléctricas y nucleares.

Los escases de los combustibles hicieron que las personas dejaran los vehículos, y utilizaran los autobuses recargados de energía solar.  Y se masifico el uso de la bicicleta.

Al segundo año del blackout, tras la caída de los grandes gigantes, China, EEUU y el bloque de la Unión europea, los distintos estados y naciones acuerdan construir un nuevo orden, “El Estado global cosmopolita, cuyos principios se centrarían en la Cooperación, interdependencia y sustentabilidad.

Uno de los primeros acuerdos fue la desmilitarización absoluta y el desarme nuclear.

Otro de los ejes centrales era hacer frente a los tres grandes efectos que había traído el apagón mundial; desempleo y desocupación, seguridad alimentaria, y crisis de salud mental.

Quizás el mayor escollo de este nuevo orden, fue establecer la orgánica de su funcionamiento, quien o quienes liderarían este conglomerado supranacional. Sin embargo, se llegó a un acuerdo por votación general (una nación un voto).

La propuesta consistiría en un mandato rotativo de los estados y naciones en el cargo de director mundial por un periodo de dos años. Esta votación claro está, no estuvo exenta de ´polémica, debido a las históricas pugnas entre hegemonías de EEUU, Rusia y China, sin embargo, primo la prudencia y se impuso el consenso de la mayoría de las naciones.

Respecto a lo referente al sistema económico, podríamos señalar que el capitalismo tal y como lo conocimos hasta finales del siglo XX alcanzo a durar dos años más desde el inicio del blackout, sustentándose principalmente en el mercado de capitales que había sobrevivido, sin embargo, la crisis de liquidez, y el derrumbe del marcado financiero mundial, terminaron por sepultar el sistema.

En su lugar comenzó una suerte de neocomuntarismo, principalmente basado en sistemas de intercambios, aunque mucho más complejos que el de la era neolítica de la sociedad agricultora-ganadera. Los intercambios eran principalmente en base a servicios y oficios que se habían valorizado según su importancia para la subsistencia de la especie humana.

El criterio de asignación era valorado de acuerdo a las siguientes clasificaciones:  Servicios esenciales para la subsistencia material, aquí tenían la mayor preponderancia por ejemplo oficios, profesiones u ocupaciones como agricultores, carpinteros, albañiles, artesanos de los metales, cocineras; en esta categoría también se incluían   profesionales de la salud, como médicos, enfermeras, dentistas, veterinarios.

En la segunda categoría estaba la categoría servicios esenciales para la preservación de la vida social, moral y espiritual, aquí entraban educadores, profesores/as, artistas, músicos, literatos/as, poetas, deportistas y los agentes espirituales; respecto a estos últimos se consideraban los clásicos representantes de los credos, pero también de nuevos movimientos espirituales.

La tercera categoría de servicio, era la de soporte al funcionamiento de la paz: en esta categoría entraban las fuerzas armadas, de orden y emergencias, Esto fue largamente discutido por el consejo de naciones, debido al riesgo y temor de que las milicias pudieran seguir caminos paralelos fuera del nuevo orden, y se produjeran matanzas y baños de sangre. Es por ello que se aseguro que las fuerzas armadas y de orden tuvieron un rol de soporte para garantizar la distribución básica de alimentos y servicios básicos. Además, tenían otros roles, como el apoyo humanitario ante desastres, distribución de vacunas, la construcción, reparación y mantención de obras civiles y viviendas.

En la cuarta categoría estaban los servicios comodines: donde se encontraban muchas de las profesiones o ocupaciones que ya no tenía cabida dentro del nuevo orden, ejemplo las asociadas a la tecnología de la información, o la mercadotécnica, y el mundo del por búsiness.

Los economistas, ingenieros de empresas, Ingenieros en Informática, robótica, CEOS, corredores de bolsa, Expertos en management, publicistas, gente de los medios de comunicación, y todos aquellos profesionales que desarrollaban actividades al alero de silicón valley, Google, Facebook, Spotify, Amazon, Netflix, y todas las cadenas de telecomunicación, debieron reconvertirse en algunos de las categorías existentes. La era tecno digital había llegado a su fin.

La caída de la era tecno-digital significo la caída del sistema capitalista, y esto significó una nueva reconfiguración en la relación entre las personas, los grupos, las naciones y las comunidades.

Cabe señalar que el dinero todavía existía, pero no tenía una connotación incremental, y de acumulación, su importancia no radicaba ya en su valor de cambio, sino por el valor de uso. Esto quiere decir que el dinero servía en la medida otorgar valor a algunos servicios estratégicos de subsistencia. Sin embargo, se podía intercambiar sin contar con dinero, esto a partir de la entrega de servicios, productos, destrezas, habilidades y competencias que eran valoradas en el nuevo orden social.

En el nuevo orden post Blackout, el prestigio estaba dado por la utilidad y retribución social que se daba a la comunidad, y no por la cantidad de capital acumulado.

En palabras simples el nuevo orden apuntaba a dar prioridad a las necesidades básicas para existencia de la especie humana y la preservación de la naturaleza.

Otras de las curiosidades es que una de las medidas que se impulsó a nivel global, fue la instauración de una canasta global de existencia básica garantizada, que consistía en entregar alimentación básica, principalmente harina, semillas, granos y tubérculos, y distribución de agua y gas.  Además, la canasta contemplaba también acceso a sistema integral protección social y de salud.

Esta canasta era asegurada por el Fondo mundial de Subsistencia Humanitaria, del cual participaban todos los estados y naciones de la tierra.

La paulatina desmercantilización de la vida, produjo situaciones nunca antes vista en la historia, los libros eran de libre acceso, lo mismo que los espacios culturales, artísticos y deportivos.

Surgieron escuelas unificadas, que enseñaban a vivir acorde los principios del nuevo orden: Cooperación, interdependencia, sustentabilidad, diversidad. Colocándose fin a la la segmentación de la educación por clase y estrato socioeconómicos.

Para el tercer año ya se había comenzado hablar de una new light; una nueva generación que había comenzado a salir del largo periodo de hibernación y adormecimiento, que había sido caracterizado por el capitalismo y la era tecno digital.

Las personas habían comenzado a salir a las calles, apropiarse de los espacios públicos, había proliferado la cultura y las artes, se comenzaba a ver más personas practicando deportes, se volvía a ver niños jugando al aire libre en parques y plazas.

Los niveles de delincuencia e inseguridad habían bajado debido entre otras cosas el nuevo sistema de intercambios, la canasta básica global y la apertura de los espacios culturales, artísticos y deportivos.

Pese a los malos indicadores iniciales de salud mental, con el pasar del tiempo, había aumentado los índices de bienestar y calidad de vida. Estudios realizados, señalaban que las personas estaban consumiendo menos medicamentos, menos ansiolíticos; también se hablaba, de cómo se había reducido las visitas a los terapeutas y la compra en farmacias.

Ya no había espacio para las emociones de posesión, las exigencias y las presiones de la vida exitosa que demandaba el antiguo orden de consumo compulsivo. Como así mismo, se había reducido el hedonismo y narcisismo que exacerbaban las redes sociales.

Por cierto, que el apagón también había impactado la vida privada. El primer impacto fue la crisis financiera, que extinguió la deuda crediticia. Esto sumado a la instauración de la canasta básica global y el sistema de intercambio, lograron dar cierta estabilidad y certidumbre a la gran mayoría de las familias tanto del norte como del sur global.

El Blackout también produjo que renaciera la vida social, los encuentros, el cultivo de las relaciones afectivas y de amistad, que habían sido tan virtualizadas y mediatizadas por la era tecno digital. Es así como era cada vez más usual, ver personas en parques, plazas y playas, cantando alrededor de un fogón con una guitarra, escuchar declamar a una poetiza, o ver una obra de marionetas.

Para muchas miembros de la generación Z, al principio, miraban estas prácticas, como una suerte de rituales atávicos, si embargos con el pasar del tiempo fueron haciéndose parte de estos rituales, haciendo amigos, volviendo a experimentar emociones y sensaciones nuevas (u olvidadas por desuso), como el mirarse, tocarse, abrazarse y vincularse.

Es inevitable hacerse varias preguntas, ¿por qué habíamos llegado hasta donde llegamos? Nuestra creación, nuestro Frankenstein, nos había nublado la razón; todos estábamos hipnotizados ciegamente con los logros de la era del consumo infinito, la conectividad virtual, la tecnocultura; pero lo cierto era que a pesar de que hablábamos de conectividad, cada vez estábamos más desconectados los unos de los otros.

Lo paradojal, es que este renacer había surgido de la mano de un apagón total.  Se habían apagado las pantallas, pero esto consecuentemente había encendido nuevamente la luz humana, que resplandecía con más brillo que nunca.

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