Al otro lado

David Bruckner se ha curtido en el género de terror con devoción absoluta. Primero en compañía (The Signal, V/H/S o Southbound), luego en solitario con la escalofriante El ritual (2017).  Otro largo (Demonios Paranormales) y su paso por la serie Creepshow han servido como preludio para la que probablemente sea su mejor trabajo a la fecha: La casa oscura (2021). Un film, que de no ser por el terror que abraza al personaje y desde allí al espectador, resultaría cuando menos fascinante. Esta vez, Bruckner pasa de largo del susto convencional, para construir un relato afincado en el duelo y el dolor, pero también en un laberinto de dudas que conducen a la protagonista a un viaje tan extraño como abrupto en su final.

La casa oscura es una historia de amor espectral con un tercero en discordia, aún más pavoroso. Un terror que emerge de la psique de su protagonista, del dolor por la pérdida y por la “certeza” de la absoluta oscuridad tras la muerte.

Beth (Rebecca Hall) ha perdido a su esposo, un suicida que no ha dado pistas de su determinación. Antes, ella ha perdido su vida, o al menos estuvo muerta durante un fragmento de tiempo. A partir de allí, en un tiempo narrado, pero no visto, la certeza de ella choca con la obsesión de él por anhelar la existencia del más allá.

A partir de la muerte de su esposo, Owen (Ewan Jonigkeit) lo que resta para ella es el limbo. Siguiendo el guion de Ben Collins y Luke Piotrowski, Bruckner construye una sucesión de hechos que transitan desde la realidad al sueño, del sueño a la pesadilla. De la realidad a una inasible realidad paralela. Beth es una Alicia al otro lado del espejo, al otro lado de su duelo. Aquí, al otro lado del lago, donde dos casas se miran mutuamente y sus habitantes parecen construir realidades con puntos en común. Salvo aquél que sumerge a un universo más oscuro a los personajes.

Entre esas dos orillas y esas dos residencias, Beth parece asisitir a otra vida, la de su esposo convertido en un personaje irreconocible, con no pocas cosas que ocultar. Una pulsión letal que desconocía en él y la sumerge en la locura. Pero también, en una suerte de esperanza, en tanto, que a su alrededor una entidad la observa, la sigue, la asalta como si Owen estuviera allí, al otro lado también, aguardando.

La casa oscura es un relato sofisticado, un film de terror que deja más de una puerta abierta y muchas preguntas sin responder. Esa ausencia de cierres que obligan a repensar de nuevo sobre las especulaciones del más allá. De esa vida después de la vida, de ese vacío existencial y de ese miedo atávico que nunca parece abandonarnos.

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