El viejo fantasma europeo

A raíz de los más recientes conflictos fronterizos en Europa, entiéndase frontera Polonia-Bielorrusia, me surgió la pregunta que se me repite cada vez que las fronteras europeas son testigos de la violación de derechos humanos más evidente del continente; ¿porqué la UE, siendo región abanderada por los DDHH no hace cumplir a cabalidad los Convenios de Ginebra?, ¿dónde queda el derecho internacional ante las violencias que se generan en las zonas fronterizas de Europa?.

Antes de continuar, se antoja necesario describir muy someramente el conflicto actual en la frontera que divide Polonia y Bielorrusia. Los resultados electorales efectuados en agosto del 2020 en las elecciones de Bielorrusia y las protestas surgidas a lo ancho del país reclamando la no transparencia del conteo del voto y por lo tanto el fraude electoral fueron el pistoletazo para la sucesión de enfrentamientos entre civiles y policías. Manifestaciones precedidas por la censura de los medios de comunicación y la represión a los opositores del partido de Lukashenko dejaron en evidencia la violación de derechos humanos generalizada en el país.

Además de imponer sanciones a Bielorrusia, la Unión Europea no reconoce los resultados electorales. De este modo, el ministro de Defensa de Polonia acusa al Gobierno de Bielorrusia, representado por Aleksander Lukashenko, de enviar miles de inmigrantes provenientes de países en conflicto como Irak, Afghanistan o Siria en represalia a las acciones que ha tomado la UE. Provocando así una crisis que se ha agudizado este último mes y generando tensiones en las fronteras europeas. 

La categoría frontera que se utiliza en este análisis parte de la perspectiva que propone Gloria Anzaldúa (1999) donde se definen las fronteras como; «…una línea divisoria, una fina raya a lo largo de un borde empinado. Un territorio fronterizo es un lugar vago e indefinido creado por el residuo emocional de una linde contra natura. Está en un estado constante de transición. Sus habitantes son los prohibidos y los baneados….La ambivalencia y el malestar residen allí y la muerte no es una extraña.» (Anzaldúa, 1999: 42)

De este modo, las fronteras delimitan quién puede entrar y quién no y sobre todo bajo qué categorías jurídicas se deja entrar a una persona con todo lo que dicha categoría significa para quien intenta cruzarla. Es decir, las fronteras, más allá de ser estructuras físicas custodiadas por fuerzas policiales, representan lo que Foucault (1992: 250) llama “mecanismos globales de regulación y de seguridad de la biopolítica”. En la línea de análisis de Foucault, se entiende la biopolítica como las decisiones y acciones de las instituciones de poder que determinan la vida de las personas. Tanto en la línea de Anzaldúa (1999) como de Foucault (1992) nos encontramos con un territorio (frontera) que despoja de derechos y protección a cierto grupo de personas de manera legal creando categorías jurídicas que en cierto modo permiten la violencia institucional.

Es decir, las fronteras representan en sí mismas la arbitrariedad de la ley y la justificación de dicha arbitrariedad a través de diversos y variados mecanismos jurídicos que en muchos casos chocan con los convenios de derechos humanos, como en este caso el de Ginebra. Y es aquí donde surge la problemática señalada al principio de este escrito sobre porqué la Unión Europea no cumple con los Convenios de Ginebra violentando así derechos humanos. 

Ante este y otros conflictos fronterizos, en la Unión Europea se ha actuado de varias maneras y de acuerdo a momentos históricos específicos. Actualmente varios países de la UE se han visto señalados por las políticas anti-inmigración llevadas a cabo en sus fronteras, entre estos, Italia o España y ahora Polonia.

Varios autores han reflexionado sobre la cuestión, en este sentido Escamilla (2009) expone el constante quebrantamiento de derechos humanos que suponen las políticas migratorias y las instituciones gubernamentales ya que no solamente se limita la libre circulación de un grupo de personas (promoviendo así la discriminación) sino que en muchos casos se les niega la propia humanidad con tratos violentos y vejatorios en las propias fronteras.

Al día de hoy un sinnúmero de personas ha muerto en la frontera polaca debido sobre todo a las bajas temperaturas y hambre. A estas muertes se suman las que ya se han prácticamente normalizado en la frontera sur de España, en Italia o en el mar debido a la inacción de rescate por parte de la autoridades policiales. 

Por otro lado, hace falta hablar sobre qué pasa una vez se cruza la frontera; ¿continúa la discriminación o se cumplen con derechos humanos?. Hector Silveira (2012) habla de “Estados Expulsores” y el “giro gerencial” de las políticas públicas y señala: “La conversión de los Estados europeos en máquinas de expulsión de extranjeros ha llevado a los gobiernos y la administración a crear un susbsistema jurídico sancionador, con reglas específicas para detener, internar y expulsar extranjeros. Al amparo de este subsistema ha nacido una cultura administrativo-penal que configura a la inmigración irregular como un “cuasi-delito” y que no duda en utilizar el internamiento y las expulsiones como un instrumento de control social.” (2012: 504) Cabe mencionar que cuando se habla de «internamiento» en la cita anterior, también se incluyen los «campos de refugiados» o los «CIES».

Vemos que ya no es sólo la violencia institucional que impera en las zonas fronterizas, sino cómo se ha creado todo un aparato jurídico que más allá de promover la inserción social de las personas que logran entrar al país, promueve la expulsión y la discriminación hacia dichas personas. Las políticas públicas migratorias de Europa y Estados Unidos representan una paradoja en sí misma, una contradicción y sobre todo una barbaridad que atenta contra la integridad física de personas y provoca un sinnúmero de muertes cada año.

El Estado Constitucional actual, fundamentado en valores democráticos, entra en una contradicción cuando se exponen las políticas de inmigración. No puede ser justo un país con una “democracia” en la que no participan todos los ciudadanos que conviven. Tampoco puede ser justo un país que dota a su gobierno de todo un aparato político, legal y económico, para violentar el derecho a la libre circulación de las personas.

El viejo fantasma europeo nunca estuvo dormido, el “problema” migratorio es una prueba más de que a pesar de los sendos conflictos en y alrededor del continente a lo largo de la historia, no se han creado mecanismos jurídicos eficaces a la hora de proteger a las personas indefensas. En este escrito se intentó llevar a cabo una reflexión muy superficial sobre el tema migratorio en Europa con el ánimo de suscitar un debate sobre la temática en cuestión. Está claro que son problemas de gran envergadura y que se deben tener en cuenta un sinfín de factores alrededor de esta problemática, ya sean económicos, estructurales u otros. 

Bibliografía

Anzaldúa, G. (1999) Bordeline/La Frontera: La nueva Mestiza. Capitan Swing Libros, S. L. Madrid.

Escamilla Martinez, M. (2009) Inmigración, Derechos Humanos y Política Criminal: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?, en InDret, 2009 (electrónico).

Foucault, M. (1992) Genealogía del racismo, Madrid: La Piqueta.

Silveira, H. (2012) Biopolítica de los Estados Expulsores, Política y Sociedad, 2012, Vol. 49 Núm. 3: 497-517

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