Leia Fisher

Dicen las periodistas Isabel Calderón y Lucía Lijtmaer en su podcast (recientemente premiado con un Ondas) Deforme Semanal Ideal Total: Carrie Fisher es muy lista. Y sí, aunque no parezca una reflexión demasiado elaborada, después de leer El diario de la princesa una se siente con la obligación de darles la razón. Porque Fisher no tenía por qué ser buena escritora además de la icónica actriz que fue, pero el caso es que lo es y lo demuestra con esta reflexión sobre el rodaje de su primera película que ya quisieran muchos escritores de oficio.

Carrie Fisher desgrana en su libro el concepto de lap dance entendido como el acto de firmar merchandising por dinero. Esto es el baile sucio que lleva a cabo el actor a cambio de ciertos ingresos extra que le permitan continuar con su acelerado ritmo de vida. El diario de la princesa podría perfectamente haber sido un lap dance, una forma de seguir sacando dinero explotando hasta el infinito su fama como Leia Organa en Stars Wars, no obstante Fisher opta por escribir unas memorias en las que intercala recuerdos y las reflexiones que ha ido elaborando a lo largo de los años sobre lo que implicó interpretar a Leia y, por qué no decirlo, sobre mantener esa expectativa hasta el mismo día de su muerte. Como hizo Bojack Horseman dos años antes, Fisher explora lo que supone la fama para los que se ven atrapados en ella desde demasiado pronto, habla sobre las drogas, sobre los rodajes, sobre su familia y sobre Harrison Ford.

Más allá del morbo que da conocer a la mujer detrás del personaje, El diario de la princesa ofrece un retrato honesto de lo que puede suponer la primera relación, especialmente si esta es con un hombre mayor y aparentemente inaccesible. Es gracioso porque Fisher habla de la poca inteligencia emocional de Harrison Ford con cierta ternura, como si de un niño pequeño se tratase. La conclusión viene a ser que, si un hombre no te habla, probablemente la causa no tenga nada que ver contigo y sea, simplemente, que no tiene nada demasiado interesante que decir. Después de toda una vida castigándose a sí misma (para entender esto corred a ver la película Postales desde el cielo), Fisher parece haberse reconciliado por fin con la adolescente que un día fue y que nunca le dejaron ser.

El diario de Leia se convierte así en el diario de Carrie hasta tal punto que uno es incapaz de diferenciarlas. Tampoco es lo importante. Una de las fans histéricas de Leia le confiesa en uno de los múltiples lap dances a los que Carrie Fisher tuvo que someterse a lo largo de su vida que “la fuerza vive en ella”. De la misma forma Leia vive en Carrie (y viceversa).

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