Literatura y crítica: la teoría de la mala literatura

Teoría de la mala literatura

La crítica literaria y la mala literatura

En el desarrollo de la crítica literaria y los estudios acerca del concepto “literatura” se han dejado expuestas las ideas de lo que la sociedad y cultura entiende como “buena literatura” y “mala literatura”, qué necesita una obra para considerarse portadora de valor literario y, sobre todo, cómo se escribe o cómo se hace un escritor un buen escritor.

Tal es el impacto del deseo de conocer y aprender la buena práctica literaria que muchos de los más célebres autores han dado su opinión al respecto, abordando su explicación desde distintos puntos de vista, dado que, es cierto, el mundo literario y la búsqueda de su perfección siempre ha dependido del contexto: “nos guste o no, todos somos hijos de nuestro tiempo” (Comte, Discurso sobre el espíritu positivo: 1844).

Ahora bien, ¿de qué factores depende un escrito para entrar dentro de todo aquello que conforma la calidad literaria?, ¿cuál es la diferencia entre un escritor bueno y uno malo?, ¿quién lo decide?

La calidad literaria

La literatura y el mundo editorial

Expertos hablan de la importancia de la comercialización literaria en el nuevo paradigma editorial: la originalidad, popularidad y éxito (valor que le da a la obra conseguir un buen número de lectores) se nutren de las buenas técnicas de venta. ¿Es esto siempre así? Esta es una conversación que se reproduce cada año con cada premio literario o best seller. Aquí cobra gran relevancia el nuevo mundo digital, el libro electrónico y todo aquello que se aleja de la tradicional literatura tan venerada: “siempre habrá buena y mala literatura, independientemente del soporte que la sostenga” (Ricardo Menéndez Salmón, El País: 2010).

Los estudios teóricos literarios actuales, además de incidir en el factor determinante que es la buena publicidad, inciden en el elemento más importante, el lector. Los lectores o el público literario son aquellos que proporcionan el sentido a la obra, todo escrito completa su función cuando cae en manos de un avispado lector, como ya se ha visto en el pensamiento de autores como Cervantes y ese gusto por meter literatura dentro de literatura. Así se pone en juego la interpretación y cómo condiciona esta la crítica u opinión que se pueda generar hacia un escrito.

Cada generación, época o técnicas literarias, responden a unos nuevos ideales y necesidades y, por lo tanto, se desarrollan nuevos estándares o cánones que, en consecuencia, influyen sobre todo lo anterior y posterior. Eso sí, los “clásicos” o los autores y títulos más importantes quedan marcados como esenciales por ese devenir histórico que ha propiciado su atemporalidad, sean o no sean semejantes a lo que en la actualidad se trabaje.

Valor literario por géneros

Ahora bien, esto no es lo único a destacar. Desde el comienzo del estudio literario, se ha diferenciado entre literatura de entretenimiento (textos en los que se transmite un mensaje dando importancia al cómo se dice) y literatura utilitaria (escritos en los que se incide en el qué se dice), haciendo ver que una tiene más características propiamente literarias que otra, un mejor lenguaje, expresividad, etcétera.

Entonces, no solo se debería diferenciar entre un texto socioculturalmente aceptado y alabado, sino, también, entre aquellos que poseen la capacidad de servir al lector de una forma mucho más objetiva y práctica que la narración de una ficción más. ¿Hablaríamos ahora de diferencias obligadas entre géneros literarios y artes mayores o menores?: “no hay literatura menor, hay Literatura, y nada más, buena y mala, y nada más” (Ana María Matute, entrevista por Antonio Ayuso Pérez: 2007).

¿Se puede hablar de mala literatura?

Resulta irónico para los entendidos esa crítica que afecta en mayor medida a un tipo de literatura que a otro sin ser posible la lectura total de ella. La gran complejidad, influencias, similitudes, diferencias, etcétera, entre unos libros y otros, complican poder desarrollar una crítica literaria al completo para poder discernir lo bueno y lo malo, lo que tiene valor y lo que no lo tiene.

Por ende, se quedan en el aire las mismas cuestiones de siempre: ¿cómo decidir o saber diferenciar lo bueno y lo malo escrito?, ¿por qué está distinción? Existen variedad de respuestas, pero en lo que siempre se coincide es en lo esencial: todo se explica por el contexto o el momento de la lectura. Un mismo escrito puede tener diferentes valores según el tiempo en el que se lleve a cabo su lectura.


Bibliografía

Eagleton, Terry. Una introducción a la teoría literaria, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1988

Páez, Enrique. Escribir: Manual de técnicas narrativas, Ediciones SM, 2010

Peralonso González, Catalina. Teoría crítica de la literatura, Ed. Crítica, Barcelona, 1982

Rojas, G., Margarita. “Los estudios teóricos de la literatura y la necesidad de la interpretación”. Letras, 39, 2006

Enlaces

Entrevista a Ana María Matute: https://webs.ucm.es/info/especulo/numero35/matute.html

Artículo de Ricardo Menéndez Salmón en El País: https://elpais.com/cultura/2010/04/22/actualidad/1271887201_850215.html


2 Comentarios

  1. Yo creo que todos tenemos gustos y opiniones diferentes en cuanto a lo que nos guste leer y la literatura, como todo arte, puede ser subjetivo. Lo importante es conservar el hábito de la lectura y tener el ánimo de abrir un nuevo libro de vez en cuando. 🙂

  2. Excelente punto de debate, María. En mi opinión, la literatura, en tanto que manifestación artística, no debería catalogarse entre buena y mala, según la temática y trascendencia de sus mensajes. Al igual que otras artes, como la música y el teatro por poner dos ejemplos, una misma persona puede optar por acercarse a una u otra obra por diferentes motivos (crecimiento personal, ampliar miras o simplemente entretenerse) y esta será en sí misma buena si le aporta el valor que busca. Dicho esto, lo que sí considero fundamental y relevante es el esmero en la creación y estructuración de las obras, sean estas complejos ensayos literarios, poesía, cuentos infantiles o novelas de ficción y entretenimiento. Y mientras leemos, imaginamos, viajamos, aprendemos, nos emocionamos y a menudo disfrutamos de nuestra compañía, teniendo todo esto al alcance de cualquiera.

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