Un breve análisis del trabajo en el mundo actual

El trabajo decente se encuentra, junto al crecimiento económico, entre los 17 objetivos de desarrollo sostenible que aprobó la ONU en el año 2015 en su Agenda 2030 sobre el desarrollo sostenible. Según esta institución, “Un crecimiento económico inclusivo y sostenido puede impulsar el progreso, crear empleos decentes para todos y mejorar los estándares de vida.”

Para conocer el estado actual del trabajo en el mundo, así como su evolución histórica de las últimas décadas, las investigaciones e informes más recientes de la Organización Internacional del Trabajo aportan una información muy rica y bastante esclarecedora al respecto.

Tanto la ONU como la OIT estimaban durante la primavera del año 2020 un gran riesgo de pérdida de los medios de subsistencia por parte de los trabajadores a nivel mundial, así como un incremento del desempleo o de la precariedad laboral debido a la recesión económica.

Al analizar la información más reciente que nos proporciona la OIT, podemos tomar consciencia de la situación actual, así como de las tendencias del empleo y otras cuestiones sociales en el mundo y de las repercusiones de la pandemia. A continuación, destacaremos algunas cifras clave:

-La población activa mundial, unos 3.509 millones de habitantes, representan una tasa de actividad del 55,9%.

-El número de parados mundial, un indicador siempre inquietante, creció principalmente en el periodo 2019-2020, con un incremento de casi 33 millones de parados en el mundo hasta alcanzar los 220,3 millones, aunque habría descendido en el año 2021. Esta cifra se había mantenido en la media de 188 millones de parados a nivel mundial durante el período 2009-2019, período precedido por un lustro de descenso del paro mundial hasta la crisis de 2008.

Actualmente, se estima que el número de parados en el mundo esté descendiendo de los 220 millones a los 205,3 millones que habrá en 2022. Si tenemos en cuenta que la población activa mundial es de unos 3.509 millones de habitantes, como ya hemos dicho antes, la tasa de paro se situaría entre el 6,3% actual y el 5,7% que se estima habrá el año que viene.     

El paro, como norma general, afecta más a los jóvenes que a los adultos, 14,6% entre los jóvenes respecto al 5,2% entre los adultos. Hay que tener en cuenta en los datos que toma la OIT a nivel mundial que se considera a los jóvenes a partir de los 15 años debido a la edad temprana en que se integran en el mundo productivo en determinadas zonas del planeta, aunque la OIT ha publicado un informe específico del trabajo infantil. Cabe decir respecto al trabajo infantil en el mundo, que unos 160 millones de niños entre 5 y 17 años trabajan, de entre los cuales 79 millones lo hacen en trabajos peligrosos.

-El informe sobre las tendencias del empleo y cuestiones sociales 2021 de la OIT pone en evidencia las desigualdades teniendo en cuenta las distintas áreas geográficas del mundo, y además, sus datos se deben estudiar de forma relativa. Por ejemplo, entre los países de escasos ingresos, a pesar de existir una tasa de paro del 5,3% o una tasa de actividad del 65,7%, la pobreza extrema en el trabajo, es decir, ganar menos de 1,90 dólares al día afecta al 42,5% y la pobreza moderada, entre 1,90 $ y 3,20$ a otro 29,6%.

-Resulta de suma importancia, ya que se pretende el trabajo decente, conocer el alcance de la protección social en el mundo del trabajo global.

Entre los trabajadores del mundo, solo un 35,4% tendrían derecho a protección social en caso de accidente laboral, y entre los parados, solamente un 18,6% reciben prestación por desempleo o tienen otro tipo de cobertura.

Estos datos quedan por encima de la media principalmente en Europa, 75,5% de trabajadores en caso de accidente de trabajo y 51,3% de parados, pero en el resto de las regiones o continentes quedan por debajo de la media en cuanto a la protección social de desempleados y solamente por encima de la media, en cuanto a los trabajadores en caso de accidente laboral, en las américas, 57,4% y en estados árabes 63,5%.

La OIT considera por lo tanto que, si bien se ha evolucionado en este aspecto, los datos arrojados muestran que los avances son todavía insuficientes.

-Concerniente a las repercusiones del COVID19, la OIT estima que el 8,8% de las horas de trabajo en el mundo se habrían perdido en 2020, consecuencia de la reducción de tiempos de trabajo. Esta pérdida de horas de trabajo se reparte entre los que habrían perdido su trabajo o sus medios de subsistencia, algunos han dejado totalmente el mercado laboral, y los que han permanecido en su trabajo, trabajando menos horas, o nada.

A pesar de la recuperación del segundo semestre de 2021, el crecimiento del empleo habría sido insuficiente para paliar la crisis generada, globalmente desigual. Ni siquiera el crecimiento del PIB sería suficiente para contrarrestar las secuelas socioeconómicas y la exacerbación de las desigualdades.

Las consecuencias han sido nefastas en pequeñas y medianas empresas, en sectores como hostelería o restauración, en la construcción o en parte de la industria manufacturera y el comercio, tanto al por mayor como al por menor.

Los trabajadores del denominado trabajo informal, los empleados poco cualificados, las mujeres y los jóvenes han sido las categorías más afectadas.

En conclusión, los ingresos o rendimientos de trabajo a nivel mundial disminuyeron un 8,3%.

Las soluciones que propone la OIT pasan por promover un crecimiento económico de gran envergadura y crear empleos productivos, sostener los ingresos de los hogares y facilitar la transición hacia el mercado de trabajo de las personas más afectadas por la crisis, y reforzar los fundamentos institucionales del crecimiento económico y del desarrollo inclusivo y sostenible, para lo que es imprescindible desarrollar sistemas de protección social y comprometerse en el diálogo social centrándose en la puesta en práctica de estrategias efectivas con un enfoque humanista. Estas medidas deberían servir a combatir, no solamente la crisis económica vinculada al desempleo, sino la precariedad del empleo o la economía sumergida.

Otro de los inconvenientes para alcanzar el objetivo de la ONU al que nos referíamos al principio, es la desregulación y expansión de lo que se ha venido a llamar economía de plataformas, uberización o “capitalismo de plataformas” (Srnicek, 2016) término con el que se explica las funciones del capitalismo inmaterial que cumplen la acumulación de datos, los cuales facilitan la deslocalización o precarizan, si no anulan totalmente la fuerza del trabajo del sistema productivo tradicional.

Estas tesis actuales no hacen sino recordarnos aquellas de mediados y finales de los noventa que nos hablaban de “la nueva economía” (Estefanía, 1995-2000), y nos explicaban la globalización como principal característica del postcapitalismo, la rapidez con la que fluían los acontecimientos y la existencia de paro estructural en el mundo, o las que nos anunciaban la llamada “era de la información” (Castells, 1998 y 1999) o “revolución informacional” que nos describían la dinámica creciente, no solamente de la acumulación de información como forma de poder, sino de la cualidad de la información como materia prima para las tecnologías, de manera que las tecnologías se introducían en nuestra existencia a través del dominio de la información consolidándose como un verdadero poder de forma global.

La productividad dejaba paso a la rentabilidad, la tecnología ya corría en aquel entonces más rápido que las normas jurídicas que debían garantizar los derechos laborales, y en el mundo los estados nación se encontraban ante el paradigma de defender sus intereses propios y descolgarse en un sistema de dos velocidades o entregarse a multinacionales que como ahora no siempre necesitaban empleados, o al menos delimitados territorialmente, o que preferían invertir en tecnologías en lugar de en recursos humanos.

Aquel miedo a los mercados financieros que un día quebrarían, y quebraron, se asemeja a la impotencia de algunos sectores económicos o profesiones que ya no pueden sino arrodillarse a la economía de las aplicaciones. Las ventajas que imaginábamos hace veinte años tendrían las redes tecnológicas, y que las tienen, heredan los mismos efectos perversos que la globalización de la que son hijas.

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