Jaime Gil de Biedma

Las personas del verbo, un libro que no alcanza las 200 páginas, reúne la poesía completa de Jaime Gil de Biedma, uno de los grandes poetas del siglo XX y seguramente quien más ha influido en las generaciones posteriores. Biedma cierra este libro cuando tenía poco más de 45 años aunque 10 años después incluyó algunos poemas en una segunda edición. En Las personas del verbo se reúnen, previamente corregidos, apenas tres libros: Compañeros de viaje, Moralidades y Poemas póstumos.

En la anotación que hizo entonces intenta responder a la pregunta más difícil: ¿por qué escribir? Y da dos respuestas; una, el intento de crearse una identidad, y la otra, una equivocación: yo que creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema. Es esta seguramente una de las más bellas respuestas a esa pregunta y, a la vez, una de las más complejas. El poeta quiere trascender esa identidad creada y convertirse en poema, ser lenguaje.

Compañeros de viaje se inicia con un poema que hará historia, literaria y personal, “Amistad a lo largo”, una elegía a la amistad a través de las palabras, los gestos, la compañía: Pero callad. / Quiero deciros algo. / Sólo quiero deciros que estamos todos juntos. / A veces, al hablar, alguno olvida / su brazo sobre el mío, / y yo aunque esté callado doy las gracias.

En este poema ya está todo Biedma, el que se dirige directamente al interlocutor, el poeta callado y observador, el que retorna a un pasado con afecto pero sin dolor, el poeta que aparentemente escribe sencillo pero que es capaz de usar en una estrofa toda las métricas de la poesía con prodigiosa facilidad.

Y sin embargo, este primer libro también está lleno de miedo, silencio, insomnio, dolor. Dice el poema “IV”: un súbito silencio recayó / sobre el mundo, azorándonos. La noche es espesura, tiniebla, temor, Es ella misma, carne, párpado / adelgazado hasta el dolor, latido / de mucha muerte insomne (poema “VII”).

Aparecen poemas memorables como “Arte poética” (Y sobre todo el vértigo del tiempo), “Idilio en el café” (y este beso igual que un largo túnel), “Aunque sea un instante” (el nombre que le dimos a nuestra dignidad / vemos que no era mas / que un desolador deseo de esconderse), “Muere Eusebio”, poema dedicado a sus hermanas con las que pasó la guerra civil, y muchos veranos, en la Nava de la Asunción, en Segovia, (un mundo inexplicable lo mismo que tu muerte / -nuestra infancia en los años de la guerra civil).

Después vienen los poemas en las que el autor va haciéndose joven, estudiante, incipiente amante en “Vals del aniversario” (Nada hay tan dulce como una habitación / para dos, cuando ya no nos queremos demasiado) donde el recuerdo del pasado no es amargo, doloroso sino un mito anterior al que volver. “Infancias y confesiones“ (De mi pequeño reino afortunado / me quedó esta costumbre de calor / y una imposible propensión al mito.) o unos poemas dedicados a un día de la semana, “Lunes” (y la noche que viene, no sabemos. / O quizá, simplemente, estamos cansados.).

Dos de las grandes influencias en Biedma, por él reconocidos, son W.H. Auden y Luis Cernuda, poetas anteriores, delicados, exiliados, mal comprendidos y sin embargo comprometidos con la escritura. En “De ahora en adelante” dice cada mañana / trae, como dice Auden, verbos irregulares / que es preciso aprender o decisiones / penosas y que aguardan examen. La vida se va haciendo más exigente pero aún cuenta con amigos con los que no sentirse solo. Escribe un poema, “El miedo sobreviene”, que tal vez sea una de las declaraciones más precisas de quien ha sentido realmente el miedo, de quien no lo observa como un tema, un objeto sobre el que escribir (Y sólo queda la raíz. / algo como una antena dolorosa / caída no se sabe, palpitante.). Son tiempos de  la posguerra, muertos y aparecidos, el mundo detenido, el hambre, las lágrimas de los hombres injuriados, el dolor, el tremendo cansancio (y entregar / el alma porque ya / no puede más con ella.). Y en toda esa oscuridad hay un espacio para la vida (todavía es posible, por lo visto), viajar a Roma donde se encuentra con María Zambrano (Silencio de multitud, / impresionante silencio / alrededor de una voz), otra exiliada durante décadas, pero también el encuentro con la canción que llega de la calle a los balcones (y no puedo / dejar de oír estas voces / que me cantan desde dentro.).

Moralidades comienza en 1959, el año en que el poeta cumple 30 años, con el poema “En el nombre de hoy”donde da una definición de su generación: señoritos de nacimiento / por mala conciencia escritores / de poesía social. Da el nombre pero no el apellido de esos poetas pero cualquier lector habitual de poesía podrá descubrir a esos compañeros. Se suceden los poemas sobre esa España oscura de posguerra, pobreza y muerte, Definitivamente / parece confirmarse que este invierno / que viene, será duro. Mientras tanto el poeta, perteneciente a otra clase social, estudia Derecho y después consigue trabajo en la Compañía de Tabacos de Filipinas, primero en Barcelona y después en Manila. En “Albada”refleja la contradicción de la vida de trabajo frente a la noche de amor despertando en cama ajena y pensando en la obligación de ir a la oficina, Porque conozco el día que me espera / y no por el placer.

Biedma se reúne con sus colegas en Formentor, en una famosas jornadas literarias, viaja a París, llega a Madrid,  Lo primero, sin duda, ese ensanchamiento / de la respiración, casi angustioso, viaja a Manila donde el amor puede expresarse con mayor libertad, –relucientes, mojados, / cuando a la noche nos bañábamos- / los cuerpos de los dos. Y al final la historia es indiscreta, el misterio se revela pero hay siempre una clave privada / hay siempre un secreto perverso. Escribe poemas cargados de erotismo sobre compañeros de una noche pero también, “Canción de aniversario”, sobre ese amor que perdura años, motivo de celebración pues no hay nada que sea tan dulce como una habitación / para dos, si es tuya y mía.

El regreso a Madrid le devuelve a la poesía social, el país se mueve entre protestas y visitas al cementerio civil donde Media España ocupaba España entera / con la vulgaridad, con el desprecio, un país de gente cansada que habla entre susurros, mal vestida, ganándose mal la vida, pero el poeta quiere ver bajo el sol  un símbolo hacia el futuro.

En 1962 muere Luis Cernuda, en el exilio mexicano, poeta sereno, exquisito, que también soportó la vulgaridad de sus contemporáneos, mi pena resumida en un título de libro / Desolación de la Quimera, el título del último libro que escribió Cernuda.

Biedma es ya el adulto que recuerda sus viajes a París, Grecia, el pueblo segoviano, ya no se siente el mismo, le pesa la edad del corazón, llega la nostalgia, el recuerdo de viejos amigos hoy desaparecidos. En ese estado de las cosas escribe uno de sus mejores poemas, “Pandémica y celeste”, en la que el poeta se dirige directamente al lector para mostrar un corazón, para hablar de amor y de amores,  yo persigo también el dulce amor, recordando todos los lugares de celebración -montañas, bares, escaleras, etc.- oh noches en hoteles de una noche, noches de amor verdadero o promiscuo, fascinado o alegre, repasando todas esas clases de amor y verificar con mano melancólica / su perceptible paso por un cuerpo. Es un oda a todos los cuerpos amados y una celebración del largo amor sellado con los labios mientras seguimos juntos / hasta morir en paz, los dos, / como dicen que mueren los que han amado mucho.

Cierra el libro con una “Poética” que es toda una lección sobre el oficio de escribir versos, la mejor poesía / es el Verbo hecho tango, la poesía es un instrumento, un arte, un modo de explicar la vida, de ser paraíso o naufragio, un juego que acaba pareciéndose / al vicio solitario.

Y finalmente Poemas póstumos donde mira hacia atrás para hacer cuentas consigo mismo, “Contra Jaime Gil de Biedma” y “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”,certificar que ya ha pasado la cumbre de la vida y que todo lo que queda es el pensamiento sobre los reinos del pasado. En “No volveré a ser joven“se da la comprensión de la vida, así el lema envejecer, morir para un joven son las dimensiones del teatro mientras que para un adulto es el único argumento de la obra.

EnResolución”, esos buenos propósitos vitales, resolución de ser feliz a pesar de todo, contra todos, queda el pesar de que sobreviene que vence a la decisión pues más tiempo dura el dolor de corazón. En “Príncipe de Aquitania” se consuela por lo perdido con la conciencia clara, la vida es un instante, un sueño, Y el final de esta historia es esta pausa.

EnAntes de ser maduro”imagina que aún puede ser feliz con los viejos deseos, los cuerpos jóvenes, como libros han pasado los años, años que van quedando atrás con la impaciencia y el ensueño, el ansia de llorar, la sensación de derrota, para finalizar aceptando que a pesar de todo Envejecer tiene su gracia. Aunque en “De senectute” lo da todo por perdido, al amanecer no espera ni un momento feliz, ni un arrepentimiento, De la vida me acuerdo,  / pero donde está.

Finaliza el libro con un poema memorable, “De vita beata”, una pequeña joya, una obra de arte, una escritura al alcance de muy pocos. Un poema donde se une la sabiduría de la vida y el noble oficio de escribir versos.

En un viejo país ineficiente,

algo así como España entre dos guerras

civiles, en un pueblo junto al mar,

poseer una casa y poca hacienda

y memoria ninguna. No leer,

no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,

y vivir como un noble arruinado

entre las ruinas de mi inteligencia.

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Las personas del verbo

Seix Barral, 1982

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 13 de noviembre de 1929 – Barcelona, 8 de enero de 1990)

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