Elementos teóricos de los derechos humanos (I)

Hoy se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos, y es momento oportuno para presentar ante el público lector, apuntes de la primera parte de mi futuro libro intitulado «Curso de Derechos Humanos», que se encuentra en fase de investigación y profundización.

ELEMENTOS TEÓRICOS DE LOS DERECHOS HUMANOS[1]

  1. Definición de derechos humanos y su andamiaje dentro del Derecho Internacional Público

Los derechos humanos nacen, al igual que otras normas jurídicas nacionales y supranacionales a través de un “parto natural”, verbigracia, las conferencias internacionales y los tratados internacionales; o de un modo “cesariano” por medio de construcciones jurisprudenciales de los tribunales internacionales de derechos humanos. Nos encontramos, pues, ante dos formas de elaboración jurídica: la legislativa y la jurisprudencial.

En primer lugar, sentadas así las bases del nacimiento de lo que toca a la materia, podemos encontrar una dificultad en la conceptualización de derechos humanos. La definición de los derechos humanos es objeto de polémica, al punto que Gregorio Robles indica que es influida por puntos de vista de cuño político e ideológico. Esto no debiera sorprender a nadie, dado que siendo el derecho un producto cultural, está rebasada de aspectos ya no sólo propiamente jurídicos. Los derechos humanos, en todo caso, pueden definirse como aquellos derechos esenciales para que el ser humano sea tratado con la dignidad que le es inherente, sin distinción de cualquier especie.

En efecto, los derechos humanos configuran, una defensa contra los excesos del poder, tanto estatal como privado, sean personas físicas o jurídicas. En tal sentido, son foco de especial atención de las políticas públicas, siendo así, que el Estado está obligado a promover y proteger los derechos humanos.

Más allá de las discusiones doctrinarias a este respecto, podemos afirmar que parte de la doctrina comúnmente considera que el término “derechos humanos” sirve para definir los derechos establecidos en tratados internacionales sobre la materia, mientras la expresión “derechos fundamentales” delimitaría aquellos derechos del ser humano reconocidos y positivizados por el derecho constitucional de un Estado específico. Ahora bien, los derechos humanos por su carga universalista, deben ser aplicados internamente de acuerdo con la interpretación universal. El juez nacional, por ejemplo, no puede interpretar los derechos humanos de acuerdo con una interpretación nacional, porque ello desvirtuaría la propia esencia de los derechos humanos.

Los derechos humanos, según la doctrina científica, tienen una dimensión objetiva, a saber: son el conjunto de normas vinculantes establecidas a través de acuerdos internacionales que contienen valores esenciales para la protección de la dignidad o de la vida digna de todo individuo, con independencia del lugar en el que habita. Ya desde un punto de vista subjetivo, los derechos humanos son aquellos derechos subjetivos fijados a través de acuerdos jurídicos internacionales consensualmente aceptados como esenciales, por las mismas razones anteriores.

Encontramos, pues, tres tipos de definiciones sobre los derechos humanos. El primer tipo es la definición tautológica, o sea, aquélla que no aporta ningún elemento nuevo que permita caracterizar tales derechos. Así, sería un ejemplo de este tipo, la conceptualización de los derechos humanos como aquéllos que corresponden a la persona humana por el simple hecho de ser tal.

Un segundo tipo de definición es la formal, que consiste en establecer que los derechos humanos son aquéllos que pertenecen o deben pertenecer a todas las personas humanas y que no pueden ser privados de ellos, en virtud de su régimen indisponible y sui géneris.

Por último, hay una definición finalista o teleológica, que se utiliza para definir el conjunto de derechos humanos, como aquéllos esenciales para el desenvolvimiento digno de la persona humana en su vida cotidiana.

En la necesidad de adoptar una definición concisa, se entiende por derechos humanos un conjunto de derechos necesarios para asegurar una vida del ser humano basada en su libertad, igualdad y dignidad. La afirmación histórica de los derechos humanos, en efecto, sienta sus raíces en proteger la dignidad humana y prevenir el sufrimiento, a fin de que toda persona sea tratada con igual consideración y profundo respeto, teniendo el derecho de desenvolver sus potencialidades de forma libre, autónoma y plena.

Las fuentes materiales de los derechos humanos son los hechos sociales e ideas (políticas, filosóficas, religiosas, etc.) que forman la convicción de necesidad de proteger un valor entendido como fundamental para la promoción de la dignidad humana.

Por otro lado, las fuentes formales de los derechos humanos son las formas de expresión de norma jurídica que consagra derechos inherentes a la dignidad humana. En regla general, corresponden las fuentes del derecho en general y del Derecho Internacional Público.

En el ámbito internacional se destacan como fuentes de los derechos humanos los tratados, la costumbre, la jurisprudencia de los foros internacionales, la doctrina, las resoluciones de las organizaciones internacionales, y el soft law, que normalmente consagran la mayor parte de las normas en la materia. Además de lo anterior, las normas de derechos humanos adquirirán enorme importancia al punto que pasarán a ser entendidas como parte del jus cogens, de los principios generales del derecho y de los principios generales del derecho internacional.

Por ser oportuno es menester enfatizar que uno de los papeles esenciales del Estado en la actualidad es asegurar la protección y la promoción de los derechos humanos, como evidencian los tratados en la materia. En vista, por tanto, de la gran relevancia de que se revisten los preceptos que resguardan la dignidad humana, los derechos humanos tienen, en el orden interno, el derecho constitucional como lugar natural y, cuando efectivamente están inscritos en ella, reciben el nombre de “derechos fundamentales”. En efecto, los derechos fundamentales son ciertamente derechos humanos reconocidos en la Constitución como tales, y por lo tanto, el trabajo de la presente obra no exime su importancia capital pero no hace de ellos su objeto primordial de análisis.

Cabe destacar que el ordenamiento constitucional es también el locus ideal para la consagración de los derechos humanos por el papel esencial de esos derechos para la regulación de la forma de ejercicio del poder estatal, que incluye la limitación de ese poder. En efecto, los derechos humanos consagrados en la Constitución delimitan las acciones del Estado. En ese sentido, Alexandre de Moraes recuerda que todavía los derechos humanos “se colocan como una de las previsiones absolutamente necesarias a todas las Constituciones, en el sentido de consagrar el respeto a la dignidad humana, garantizar la limitación del poder y apuntar al pleno desenvolvimiento de la personalidad humana”.

En todo caso, nada impide que normas infraconstitucionales también consagren derechos que tienen por fin proteger la dignidad de la persona humana.

El vasto mundo de los derechos humanos, es parte esencialmente de lo que se denomina derecho internacional público. De ahí, que muchas obras en la materia titulan “derecho internacional de los derechos humanos”, para referir el alcance primordialmente supranacional de la materia.

Brevemente, se puede decir que este Derecho Internacional de los Derechos Humanos, forma parte del ordenamiento jurídico que rige las relaciones de la sociedad internacional, es decir, del así llamado Derecho Internacional Público.

Tradicionalmente, se entendía que esta sociedad internacional estaba formada solamente por los Estados soberanos – verbigracia, la noción vinculada a la Paz de Westfalia celebrada en el siglo XVII -. No es sino a partir del siglo XX, que las Organizaciones Internacionales, se integran al orden internacional. En esta primera etapa, el Derecho Internacional Público es visto como aquel conjunto de normas jurídicas que regula las relaciones de los Estados y las Organizaciones Internacionales, e incluso, persiste la doctrina según la cuál sólo refiere el vínculo entre Estados, dado que las propias Organizaciones Internacionales son creadas y compuestas por Estados.

Pero la sociedad internacional, y la dinámica de las relaciones internacionales se fue alterando a lo largo del siglo XX y el actual siglo XXI. De tal manera, que sujetos como las empresas y los individuos forman ya parte del nuevo escenario. Ciertamente, la cooperación internacional, el mantenimiento de la paz, la promoción de los derechos humanos, y la protección del medioambiente, involucran nuevos actores en el vasto campo del Derecho Internacional Público. Así, conceptúa Celso de Albuquerque Mello, que el Derecho Internacional Público es “el conjunto de normas jurídicas que regula las relaciones externas de los actores que componen la sociedad internacional”; siendo tales actores los Estados, las organizaciones internacionales, los seres humanos, etc. En el mismo sentido, Valério Mazzuoli lo conceptúa como un “sistema de normas jurídicas que tiene por objeto disciplinar y reglamentar las actividades exteriores de los Estados, y también de las Organizaciones Internacionales, y hasta del propio individuo”.  

Guido Fernando Silva Soares, presenta una noción que sintetiza los conflictos entre las concepciones clásicas y modernas: “el Derecho Internacional Público, desde una perspectiva tradicional podría ser definido como un sistema de normas y principios jurídicos que regula las relaciones entre los Estados. En la actualidad, sin embargo, tal definición es por demás estrecha, toda vez que no contempla uno de los grandes destinatarios de sus normas, la persona humana, ni situaciones particulares de otros sujetos de Derecho Internacional Público que no son los Estados”.

Y una concepción aún más acabada de la materia lo ofrece Paulo Henrique Goncalves Portela, a quien seguimos en esta primera etapa de estudio, para quien “el Derecho Internacional Público como rama del derecho tiene como objeto regular las relaciones internacionales y tutelar temas de interés internacional, guiando la convivencia entre los miembros de la sociedad internacional, que incluyen no sólo los Estados y las Organizaciones Internacionales, sino también otras personas y entes como los individuos, las empresas y las organizaciones no gubernamentales (ONG’s), entre otros.

2. La estructura de las normas de derechos humanos

Robert Alexy, en su obra intitulada “Teoría de los derechos fundamentales”, y citado por André de Carvalho Ramos, la estructura del ordenamiento jurídico está dividida en reglas y principios. Los principios son mandamientos de optimización de un determinado valor o bien jurídico. Así, la norma “todos tienen derecho a un proceso con duración razonable y a un juicio imparcial, sujeto a dos grados de jurisdicción” posee una estructura de principio.

La estructura principiológica de las normas de derechos humanos exige el estudio de concretización judicial y de sus instrumentos para auxiliar al intérprete en la solución de los casos concretos.

3. La fundamentación de los derechos humanos

  • Los negacionistas

Las razones que legitiman y motivan el reconocimiento de los derechos humanos es lo que se entiende por la fundamentación de tales.

Para algunos, ha de ser mencionado que la fundamentación de los derechos humanos es imposible y hasta peligrosa. De hecho, para Norberto Bobbio, el término derechos humanos es dudoso, y constituiría una clase de derechos variable; no obstante lo cual percibe que un fundamento único, absoluto, podría hasta servir de pretexto para impedir la evolución del rol de los derechos humanos.

Por otro lado, hay quiénes niegan la existencia de fundamentación racional de los derechos humanos, basados en la idea de que son consagrados a partir de juicios de valor, o por sentimientos morales.

Pero la necesidad de fundamentación no perdió su razón de ser en la actualidad, en especial cuando la violación de los derechos humanos es patrocinada por el Estado, por sus agentes o por sus leyes. Así, Carvalho Ramos, cita el “Manual de derecho constitucional” de Jorge Miranda, para afirmar que renunciar a la fundamentación de los derechos humanos puede consistir para muchos, en la resignación ante las leyes positivas vigentes o las contingencias de su aplicación, para concluir que los ejemplos históricos muestran los riesgos de ese positivismo exacerbado.

  • Los positivistas

Para la escuela positivista, el fundamento de los derechos humanos consiste en la existencia de la ley positiva, cuyo presupuesto de validez se encuentra conforme a las reglas establecidas en la Constitución. La fragilidad de este fundamento es dramático, en el caso de que las leyes locales no protejan o reconozcan determinado derecho o categoría de derechos humanos, verbigracia, uno de los mayores escándalos en desmedro de la protección de tales, está entronizada en las revoluciones burguesas que mantuvieron la esclavitud de las personas afrodescendientes.

  • Los jusnaturalistas

La teoría jusnaturalista, ampliamente difundida en la doctrina y en la práctica de los derechos humanos, fundamenta tales derechos en un orden superior, universal, inmutable e inderogable. Consecuentemente, los derechos humanos no serían el resultado de una creación o concesión estatal. Así en los términos de la Declaración de Viena de 1993 se recuerda que “los derechos humanos y las libertades fundamentales son derechos naturales de todos los seres humanos, y su protección y promoción son responsabilidad primordial de los gobiernos”.

  • La fundamentación moral

El concepto de derechos morales, profundizado por Dworkin, consiste en el conjunto de derechos subjetivos originados directamente de valores, independientemente de la existencia de reglas puestas. Utilizando tal concepto, se observa que los derechos humanos pueden ser considerados derechos morales que, por definición, no aferran su validez por normas jurídicas, sino directamente de valores morales de la colectividad humana.

Para Dworkin, en efecto, la moralidad integra el ordenamiento jurídico por medio de principios aún cuando éstos no estén positivizados.

Carlos Santiago Nino, en su libro “Ética y derechos humanos: un ensayo de fundamentación”, sustenta que es en la aplicación del derecho que los principios de justicia y moralidad son invocados por el juzgador. La diferencia entre el jusnaturalismo clásico y este nuevo positivismo es que se determina el derecho no solamente por las fuentes formales, sino también en su aplicación. De tal modo, los derechos humanos se definen como derechos morales, o sea, como exigencias éticas que componen los principios del ordenamiento jurídico.

De tal modo, la fundamentación de los derechos humanos como derechos morales busca una conciliación entre los derechos humanos entendidos como exigencias éticas o valores – jusnaturalismo – y los derechos humanos entendidos como derechos positivizados.

4. La internacionalización de los derechos humanos

La internacionalización de los derechos humanos en sentido amplio se presenta de manera incipiente, fragmentada y con motivación diversa desde el siglo XIX y el inicio del siglo XX, que pueden ser enumerados a continuación: a) el combate contra la esclavitud; b) la protección de los derechos de los extranjeros; c) la protección de heridos y enfermos en los conflictos armados; d) la protección de las minorías; e) la protección de los derechos sociales por la Organización Internacional del Trabajo.

Ya en un sentido estricto, esta internacionalización es el resultado de la organización de la sociedad internacional, con posterioridad a la segunda guerra mundial, y que tiene como corolario la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El régimen nazi, cometió graves atropellos y crímenes de lesa humanidad, socavando así la dignidad humana y los derechos humanos; todo esto motivó varios Estados occidentales – en especial Estados Unidos – acepten la internacionalización definitiva de los derechos humanos. Así Franklin Delano Roosvelt, en un discurso de 1941, hablaba de cuatro libertades esenciales: libertad de expresión y de opinión; libertad de religión; estar libre de miedo; y finalmente, estar libre de necesidad.  

El debate de la nueva organización internacional, se inició en Washington, durante la Conferencia Intergubernamental de países aliados entre 21 de agosto al 7 de octubre de 1944. Las discusiones continuaron en la Conferencia de San Francisco (abril a junio de 1945), que contiene el texto final de lo que hoy es la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, que refiere pasajes que usan expresamente el término “derechos humanos” y materias relacionadas a ella: su preámbulo; el artículo 1, parágrafo 3; el artículo 13 parágrafo 1; el artículo 55; el artículo 56; el artículo 62, parágrafo 2; el artículo 68.

Para explicitar cuáles son los derechos humanos previstos genéricamente en la Carta de San Francisco, sería necesario luego la aprobación sobre la forma de Resolución de la Asamblea General de la ONU, el 10 de diciembre de 1948, en París, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cabe destacar los atributos intelectuales y políticos en dicho afán de Eleanor Roosvelt (Estados Unidos), René Cassin (Francia), Charles Malik (Líbano), Peng Chang-Chung (China), John P. Humphrey (Canadá), y Hernán Santa Cruz (Chile). Celso Lafer, considera que la Declaración es un templo, en cuyo pórtico fue fijada la dignidad inherente a todos los seres humanos.

En el debate sobre la fuerza vinculante de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el profesor André de Carvalho Ramos concluye: desde nuestro punto de vista parte de la Declaración es entendida como espejo de costumbre internacional de protección de los derechos humanos, en especial en lo que se refiere a la integridad física, igualdad y debido proceso legal.

El siglo XX asistió a la afirmación de la “era de los derechos humanos”, parafraseando el libro de Norberto Bobio.

La predominancia positivista nacionalista de los derechos humanos del siglo XIX y de inicio del siglo XX, quedó desmoralizada después de la barbarie nazi en el seno de Europa (1933-1945), en contraposición a los avances de las revoluciones francesa y norteamericana. Ciertamente, el legado nazi de exclusión exigió la reconstrucción de los derechos humanos después de la 2ª Guerra Mundial, sobre una óptica diferenciada: la protección universal, garantizada subsidiariamente tras la falla del Estado, por el propio derecho internacional de los derechos humanos.

El desenvolvimiento del derecho internacional de los derechos humanos, generó una positivización internacionalista, con normas y tribunales internacionales aceptados por los Estados y con impacto directo en la vida de las sociedades locales. Esta positivización internacionalista fue identificada por Bobbio, que en un mensaje memorable añade que los derechos humanos nacieron como derechos naturales universales, se desenvolvieron como derechos positivos particulares (cuando cada Constitución incorpora la declaración de derechos), para finalmente encontrar la plena realización como derechos positivos universales.

Los tres ejes de la protección internacional de los derechos humanos, son el derecho internacional de los derechos humanos en cuanto tal, el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los refugiados. Es preciso apuntar que se debe evitar la segregación entre estos ejes, pues el objetivo es común: la protección del ser humano.

5. Contenido de las normas internacionales de derechos humanos

A la pregunta de qué hablamos cuando nos referimos a las normas internacionales de derechos humanos, respondimos en parte al tratar brevemente sus fuentes con anterioridad. Ahora toca precisar este contenido y amplificiarlo acudiendo a su teoría general.

  • Los Tratados

El derecho internacional de los derechos humanos consiste en el conjunto de derechos y facultades que garantizan la dignidad del ser humano y se beneficia de garantías internacionales institucionalizadas. En el mismo sentido, Carlos Villán Durán, apunta que el derecho internacional de los derechos humanos es un sistema de principios y normas que regulan la cooperación internacional de los Estados, y cuyo objeto es la promoción del respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales universalmente reconocidas, así como el establecimiento de mecanismos de garantía y protección de tales derechos.

Como vimos anteriormente, su marco histórico inicial es la Carta de San Francisco, tratado internacional que creó la Organización de las Naciones Unidas en 1945, que, en su preámbulo y en los objetivos mismos de la Organización, consagró la voluntad de la comunidad internacional en reconocer y hacer respetar los derechos humanos en el mundo.

En 1966, fueron adoptados dos Pactos Internacionales por la Asamblea General de la ONU, y puestos a disposición de los Estados para su ratificación: el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Estos dos pactos, conjuntamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, son considerados la Carta Internacional de los Derechos Humanos, toda vez que poseen alcance universal y albergan varias especies de derechos.

A partir de la década de 1960, el desarrollo legislativo en la materia fue intenso. Apenas para cuantificar el arsenal de tratados internacionales de derechos humanos, habría que recordar que hay más de 200 tratados y protocolos adicionales que imponen obligaciones jurídicas a los Estados.

En su libro “Curso de Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, el precitado autor Villán Durán, propone la clasificación en cuatro ejes. En primer lugar, los tratados generales, que tienen alcance universal y abordan varios derechos humanos, como los Pactos internacionales antes mencionados. Posteriormente, surgen los tratados sobre temas específicos, destacándose la Convención sobre Prevención y Represión del Crimen de Genocidio, la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes contra la Humanidad, la Convención sobre la Protección de todas las personas contra la Tortura y otras Penas y Tratamientos Crueles, entre otros.

Además, existen los tratados que protegen ciertas categorías de personas, como, por ejemplo, la Convención y el Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados, las dos Convenciones sobre Apatridía, la Convención sobre la Nacionalidad de la Mujer Casada, la Convención de los Derechos de la Infancia, etcétera.

Finalmente, existen los tratados contra la discriminación como la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención sobre la Represión al Crimen de Apartheud, entre otros.

En paralelo, surgieron textos de protección a los derechos humanos de alcance regional. Así fueron proclamadas Cartas de Derechos Humanos en diversas regiones del globo. El primer texto fue la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, elaborada en mayo de 1948, meses antes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A partir de esta fecha, se constata la elaboración de diversos tratados regionales de derechos humanos, como la Convención Europea de Derechos Humanos (Convención de Roma de 1950), la Convensión Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de 1950), la Carta Africana de Derechos del Hombre y de los Pueblos (con entrada en vigor en 1986), y la Carta Árabe de Derechos Humanos (todavía no entró en vigor, adoptada por la Liga Árabe en 1994).

Además, otras organizaciones internacionales del sistema de la ONU también elaboran tratados internacionales de derechos humanos. Por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), elaboró más de treinta Convenciones Internacionales del Trabajo, vinculadas directamente a la protección de derechos sociales del trabajo, tales como la libertad sindical, trabajo forzado, derecho de negociación colectiva, fijación de salario mínimo, seguridad social, entre otros.

  • La costumbre y los principios generales del Derecho Internacional

La costumbre internacional y los principios generales del Derecho Internacional son fuentes del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Muchas de esas costumbres se originan a partir de las resoluciones de la Asamblea General de la ONU, así como de las deliberaciones del Consejo Económico y Social. Como ejemplo, puede citarse la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que no posee fuerza vinculante de acuerdo con la Carta de la ONU; no obstante, este instrumento es considerada como una norma costumbrista de protección de derechos humanos.

Por lo tanto, la codificación de los derechos humanos y la ratificación de los tratados por los Estados es todavía hoy una condición esencial para el respeto de la dignidad humana en el globo.

  • El régimen objetivo de los tratados de derechos humanos

La Corte Europea de Derechos Humanos, decidió en el caso Irlanda contra Reino Unido, que la Convención Europea de Derechos Humanos, a diferencia de los tratados internacionales tradicionales, crea obligaciones objetivas, que establecen derechos a los individuos y no así a los Estados partes. Por otra parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reiteró el carácter objetivo de las disposiciones de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, sustentando que “los tratados modernos sobre derechos humanos, en general, y en particular, la Convención Americana, no son tratados multilaterales de tipo tradicional, acordados en función de un intercambio recíproco de derechos, para el beneficio mutuo de los Estados contratantes. Su objetivo y fin son la protección de los derechos fundamentales de los seres humanos”.

La elaboración de los tratados internacionales de protección de derechos humanos consagró el concepto del respeto a ciertos derechos debido a la naturaleza de tales, y no debido a cualquier lógica de oportunidad y reciprocidad.

No se puede hablar de ventajas o desventajas individuales – los llamados intereses materiales – de los Estados en lo tocante a la protección de los derechos humanos, lo que influencia decisivamente en la interpretación de estos tratados, pues la legitiman métodos hermenéuticos pro homine, como veremos más adelante.

  • Las obligaciones erga omnes

La obligación erga omnes es la obligación que proteje valores de toda comunidad internacional, haciendo nacer el derecho de cualquiera de los Estados para exigir su cumplimiento. Así, el concepto de obligación internacional erga omnes nace de la valoración de obligación, generando como consecuencia el derecho por parte de todos los Estados de la comunidad internacional de exigir su respeto.

De este modo, cuando utilizamos la expresión “obligación erga omnes” de garantía de derechos humanos, consagramos el derecho subjetivo de toda comunidad internacional en su protección, conforme ya fue visto en el análisis de la internacionalización de los derechos humanos. El concepto de obligaciones erga omnes afloró en la jurisprudencia de la Corte Inteernacional de Justicia en el caso Barcelona Traction (1970) y después en el caso de los Ensayos Nucleares (1974), en el contencioso Nicaragua versus Estados Unidos (1986), Timor Oriental (1995) y también en el caso Bosnia-Herzegovina versus Yugoslavia.

  • La soberanía nacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos

Para el jurisconsulto Cancado Trinidade, el desarrollo histórico de protección internacional de los derechos humanos gradualmente superó barreras del pasado: se comprendió poco a poco, que la protección de los derechos básicos de la persona humana no se agota en la actuación del Estado.

De hecho, la eventual alegación de “competencia exclusiva de los Estados”, así como la “violación de la sagrada soberanía nacional” en el campo de protección de los derechos humanos, se encuentra fuera del contexto actual, debido a los años de aquiescencia por los Estados de positivación internacional sobre la materia.

Del mismo modo, Fauzi Hassan Choukr enseña con razón que en cuanto a la tesis clásica de soberanía nacional, es necesario destacar la actuación nacional en la celebración de tales tratados y la manifestación de la actividad soberana del Estado.

  • Las generaciones de derechos humanos

Esta teoría fue lanzada por el jurista francés de origen checo, Karel Vasak, que en Conferencia convocada por el Instituto Internacional de Derechos Humanos en el año 1979, clasificó los derechos humanos en tres generaciones, cada una con características propias. Así la teoría generacional de los derechos humanos divide los derechos protegidos en tres (para algunos, cuatro) generaciones.

6. La interpretación de los tratados de derechos humanos

Nociones generales

La Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 1969, sirve de orientación para la doctrina y jurisprudencia internacional de derechos humanos.

Las reglas de interpretación están contenidas en el artículo 31 (1) de la Convención de Viena, que establece que un tratado debe ser interpretado de acuerdo con el texto, el momento se interpretación, el objeto y la finalidad del tratado, como la buena fe de las partes contratantes.

El artículo 32 de la misma Convención, estipula que en caso de oscuridad o ambigüedad, pueden ser utilizados medios suplementarios de interpretación, como, por ejemplo, el recurso a los trabajos preparatorios del tratado en análisis, para conocer la real intención de las partes.

Por otro lado fueron extraídos por la jurisprudencia, a partir de esos principios básicos de la Convención de Viena, otros principios vectores de interpretación de los textos internacionales relativos a la protección de derechos humanos que iremos abordando en este capítulo.

El primero de ellos, es el principio de interpretación pro homine. De esta manera, los tratados de derechos humanos deben dejar de ser interpretados restrictivamente (para preservar la soberanía de los Estados), por el contrario, deben serlo en sentido de la máxima protección al ser humano.

Además, se consolidó en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, el principio de efectividad (effet utile) por el cuál es imperioso asegurar a las disposiciones convencionales sus efectos pretendidos.

Otro principio es el de la primacía de la norma más favorable al individuo, que posibilita la armonización de las diversas normas internacionales e internas de protección a los derechos humanos. De acuerdo con tal principio debe prevalecer la norma que ofrezca la mayor protección al ser humano.

En cuanto a las limitaciones de los derechos humanos y eventuales conflictos entre derechos, analizaaremos el principio de proporcionalidad y su aplicación específica en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

  • El principio de interpretación pro homine

Toda exégesis del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, consagrada por la jurisprudencia internacional, tiene como epicentro el principio de la interpretación pro homine, que impone la necesidad de que la interpretación normativa sea hecha siempre en favor de la protección dada a los individuos. Y es que tal régimen creó un verdadero orden público internacional, imponiendo deberes en pro de la protección del ser humano.

Demás está decir, que toda obligación internacional de respeto de los derechos humanos no puede ser interpretada restrictivamente en favor de los Estados, sino del destinatario de la protección internacional de derechos humanos, o sea, el individuo.

Así, se consolidan en la jurisprudencia internacional de derechos humanos diversas directrices hermenéuticas nacidas de ese principio. La primera de ellas impone la interpretación sistemática del conjunto de normas de derechos humanos, de modo que se pueden reconocer derechos inherentes e implícitos. En el Caso Golder, la Corte Europea de Derechos Humanos no aceptó el argumento del Reino Unido, que sustentó la legitimidad de restricción de correspondencia entre una persona y su abogado, pues el artículo 6º de la Convención, al estipular el derecho al juzgamiento de acuerdo con la rule of law, no menciona expresamente el derecho de acceso del abogado al Poder Judicial. Para la Corte, la interpretación correcta debería llevar en consideración el preámbulo de la Convención Europea de Derechos Humanos, su objeto y finalidad, lo que implicó reconocer la violación de derechos del Sr. Golder por el Reino Unido.

La segunda directriz establece que la interpretación de las eventuales limitaciones permitidas de derechos contenidos en los tratados internacionales debe ser restrictiva. En su Parecer Consultivo n. 02, la Corte Interamericana de Derechos Humanos sustentó que las reservas a la Convención Americana deben ser interpretadas restrictivamente, evitando así, la disminución de la protección al ser humano.

La tercera directriz está relacionada al uso de la interpretación pro homine en el análisis de omisiones y lagunas de las normas de derechos humanos.

  • El principio de máxima efectividad

El principio de máxima efectividad en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos consiste en asegurar a las disposiciones convencionales sus efectos propios, evitando que sean considerados meramente programáticos. En el caso de los tratados internacionales de derechos humanos, la interpretación debe contribuir para el aumento de la protección dada al ser humano y para la plena aplicabilidad de los dispositivos convencionales.

  • El principio de interpretación autónoma

Como consecuencia del principio de efectividad, se consolidó en la doctrina y en la jurisprudencia internacional, el principio de interpretación autónoma. Así, los términos insertados en un tratado internacional de derechos humanos deben ser interpretados de modo desvinculado con los diversos derechos nacionales. Como ejemplo, se cita el parecer consultivo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que esclareció que el término “leyes”, empleado en el artículo 30 de la Convención, debe ser interpretado de acuerdo con su significado para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, siendo irrelevante la interpretación dada por el derecho interno.

Del mismo modo, la Corte Europea de Derechos Humanos también utiliza el principio de la interpretación autónoma, sin considerar la definición jurídica interna en pro de la mayor protección de los derechos humanos. Así se pronunció, por ejemplo, en el caso Óztürk.


[1] Este capítulo resume primordialmente capítulos de las siguientes obras: (Ramos 2019), (Guerra 2011), (De Camargo, Da Silva y Rodrigues 2018), (Piovesan 2014), (Portela 2014). Siguiendo al profesor André de Carvalho Ramos, antes que nada, es importante resaltar en este capítulo, que “se intentará brindar los elementos teóricos de los derechos humanos en el orden internacional, para evitar que la protección de éstos se convierta en un conjunto de decisiones inorgánicas, desconectadas, fruto del decisionismo judicial y reveladora de una peligrosa inseguridad jurídica”.

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