“Minimundos”, el auge de la microficción

El 2020, año de la peste del Tercer milenio, a iniciativa de Patricia Rivas, se creó el Colectivo internacional Minificcionistas Pandémicos, cuyo propósito era el de enfrentar el encierro colectivo “voluntario” a través del arte, a través de la imaginación. Además de este grupo se activaron otras iniciativas que hicieron del minicuento, microrrelato, microcuento y/o microficción, entre otros nombres de esta forma de narrativa uno de los géneros de mayor protagonismo en las redes sociales.

El Colectivo está integrado por Melanie Taylor, de Panamá, Carmen Tocay y Norma Yurié Ordoñez, de Guatemala, Eliana Soza y Jorge Barriga, de Bolivia, Sara Coca y José Manuel Dorrego, de España, Patricia Martín Rivas, de España en Nueva York, Lorena Escudero, de España en Inglaterra, Geraudí González Olivares, de Colombia en Venezuela, Angélica Santa Olaya, Dina Grijalva, Natalia Madrueño y Karla Barajas, todas de México, Roberto Almendáriz, de Ecuador, Patricia Nasello, Patricia Dagatti y Camilo F. Cacho, de Argentina, Mustapha Handar, de Marruecos, Zulay Pinto y Antonio Martínez, El Coyote, de Colombia, Ricardo Calderón Inca, Rony Vásquez Guevara y Juan Martínez Reyes, de Perú y Camilo Montecinos Guerra y la propia Patricia Rivas, de Chile.

Ese año, una buena parte de la humanidad, nos aislamos del contacto físico para descubrirnos en lo virtual, las plataformas de teleconferencias se convirtieron en espacios cotidianos de comunicación ya sea laboral, familiar o de esparcimiento. Los escritores y poetas tomamos las redes por asalto y volcamos nuestra creatividad en el Facebook, el Twitter, Instagram y otros espacios sociales. Los escritores de historias en pocas palabras inventamos páginas, revistas, encuentros y lecturas virtuales y, pronto, fueron apareciendo antologías y compilaciones que incluían a narradores de todo el mundo; algunas de estas selecciones fueron temáticas y otras geográficas, la mayoría de descarga gratuita porque la idea era compartir nuestros textos. Fuimos creando una comunidad de escritores, una colectividad que se apoya, que comparte lecturas, certámenes, convocatorias a antologías y a publicar en revistas y suplementos literarios con una gran capacidad de resiliencia y solidaridad. 

Creo que el reconocimiento y el éxito de las escritoras y escritores de minificciones en el 2020 fue la consecuencia de un proceso que llevaba varias décadas de acumulación de fuerzas: escritores famosos, libros canónicos, investigaciones académicas, tesis doctorales, revistas y editoriales especializadas en este género y el gran apoyo de públicos lectores. La literata Leticia Bustamante Valbuena lo explica magistralmente cuando afirma que: “En los primeros años del siglo XXI, el microrrelato se ha convertido en claro exponente de la narrativa híbrida, multiplataforma, hipermedial y transmediática. Estos fenómenos se manifiestan en diversos soportes y se difunden por medios de comunicación analógicos y digitales, aunque actualmente estos últimos ocupen un lugar destacado”.

Recuerdo que un día vi en el Facebook un video colectivo de los denominados Minificcionistas pandémicos, en el que varios escritores, mujeres y hombres, leían sus microcuentos, me pareció genial y les propuse a los bolivianos seguir el ejemplo de esos pioneros, así fue como hicimos nuestro video que reunió a diecisiete escritores nacionales. Realmente la labor del colectivo que dirige Patricia Rivas es digna de ser imitada, como la antología Minimundos que reúne a setenta y cuatro escritores de países de América, Europa y África.

Minimundos y el Primer Festival Internacional de Minificción

Este año del Señor 2021 o año de la vacunación contra el COVID-19, año en el que estamos volviendo a “agentarnos” (es decir estar con gente) el Colectivo Minificcionistas pandémicos, integrado por generosos seres humanos, como deben ser los buenos escritores, convocaron al Primer Festival Internacional de Minificción, edición virtual, coorganizado con la Editorial Dendro de Perú, para el cual invitaron a narradores que nos pertenecen a su grupo, mayor mérito aún; luego de intensas reuniones virtuales de lectura el resultado fue una antología de esas inolvidables jornadas. La antología, Minimundos, “es la continuación de esa fiesta que quedará como evidencia y testimonio de su realización”.

Un hermoso epígrafe de la gran Ana María Shua abre el prólogo de esta selección: “Todo es palabra para mí, todo se convierte en narración”, encargada a dos jóvenes y talentosas escritoras: Eliana Soza Martínez y Karla Barajas Ramos, quienes realizaron un magnífico trabajo de compilación, con mucho cariño y solvencia, produciendo un libro publicado por Dendro ediciones, ellas mismas nos informan en el prólogo que: “Minimundos es una muestra antológica que reúne a 74 autoras y autores de: Argentina (9), Bolivia (3), Colombia (7), Chile (8), Ecuador (1), El Salvador (1), España (10), Guatemala (2), Honduras (2), Marruecos (1), México (16), Nicaragua (1), Panamá (2), Perú (6), Uruguay (1) y Venezuela (4)”.

Otras de las características de este este extraordinario libro es que incluye a “escritoras y escritores de diversas generaciones y trayectorias, por ello, en sus páginas el lector encontrará minificciones únicas con perspectivas variadas de la realidad. Si pensamos la forma en la que la división geográfica determina nuestra alimentación, manera de vestir, acentos y las diferencias culturales, encontraremos que cada país es un cosmos y cada habitante en él, un mundo; al igual que los universos paralelos, uno tan real como el otro”.

Acerca de los microcuentos en general, el académico Fernando Valls, en su artículo titulado “El microrrelato como género literario” señala: “Los microrrelatos parecen nutrirse, en fin, de materiales ligeros (perfiles y huellas, vahos, silencios y sombras), con el objetivo de alimentar toda clase de misterios y secretos. Espero, sin embargo, que esta suma de disquisiciones no nos aleje ni nos haga perder de vista lo fundamental, esto es, el valor de los textos, su entidad literaria, la cual debería poder siempre calibrarse no solo en comparación con narraciones de su misma especie, sino también con las mejores muestras de los otros géneros literarios. Así, un microrrelato o un libro de microrrelatos será memorable en la medida en que deje en el lector una impresión estética valiosa, semejante a la que nos proporcionan las grandes novelas, piezas de teatro, cuentos y poemas más exigentes. Como lector y estudioso del género, no me atrevo a exigirle menos”, suscribo esta exigencia y afirmo que la lectura de los cientos de minitextos o microrrelatos de este magnífico libro, muchos de ellos inéditos, que incluye esta joya literaria me produjo una gran satisfacción, existe un implícito equilibrio entre cada uno de ellos, por eso mismo no incluiré en esta reseña ninguno de muestra, porque cada uno de ellos es un botón de los demás.

Si bien, como en toda antología, no están todos los que son, pero son todos los que están, estoy seguro que, por la calidad de los textos incluidos, este libro se convertirá en un clásico instantáneo del género de contar universos en pocas palabras. La antología será presentada este 17 de diciembre.

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