La vida eterna, una maldición. El mortal inmortal de Mary Shelley

<Ser inmortal es baladí, menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal…

La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres.

Éstos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso> Jorge Luis Borges

Mary Shelley alcanzó una gran celebridad con su primera novela, Frankenstein o el moderno Prometeo, la cual ensombreció en gran medida su obra posterior teñida de un gran romanticismo. El mortal inmortal es un relato de terror en el que Shelley advierte que la ambición de una vida eterna puede convertirse en la peor de las maldiciones, una posibilidad más horrible que los demonios y los monstruos que habitan las pesadillas.

El 16 de julio de 1833 es un día especial para Winzy, el narrador y protagonista de esta historia, porque cumple trescientos veintitrés años. Es cuando decide contar su historia.

Discípulo de Cornelius Agrippa, un famoso alquimista sobre el que pesa una macabra leyenda, decide volver a trabajar para él, a cambio de conseguir dinero y poder casarse con la mujer que ama.  Pero un día Winzy la ve acompañada de un joven rico y apuesto y estalla de celos. Decide tomar el elixir que estaba preparando su maestro, convencido de que se trata de un filtro para curar el amor. Pasa el tiempo y Winzy se siente feliz. No sólo ha logrado el amor de su amada, sino también que su temperamento haya cambiado, volviéndose alegre y radiante.

Así pasan varios años hasta que Winzy es llamado por su maestro, quien antes de morir le revela la verdadera finalidad del experimento que había vivido: el elixir de la inmortalidad.

La obra es un viaje a la soledad, al aislamiento, una expedición a la que ningún mortal pueda sobrevivir. Está condenado a errar eternamente.

Asociado a la idea de inmortalidad está el mito del errante, del mortal que se hace inmortal y para quien la vida es una carga pesada. Esta idea que influyó a la imaginación romántica fue la del judío errante, la cual relata que un judío negó un poco de agua al sediento Jesús durante el camino hacia la Cruz, por lo que éste lo condenó a “errar hasta su retorno”. La intención de la autora al incluir este mito es que Winzy, como el judío errante, deberá soportar muchos exilios y que, por lo tanto, no podrá plantar raíces en ningún lado.

Una particularidad del relato es que Shelley establece la ambigüedad, la vacilación, desde el mismo título: El mortal inmortal sugiere una paradoja. Es una idea extraña, opuesta a lo que se considera verdadero o a la opinión general. En otras palabras, es una proposición en apariencia verdadera que conlleva a una contradicción lógica o a una situación que infringe el sentido común.

Winzy no obtiene el supuesto don de la inmortalidad como una gracia divina (si fuera así estaríamos en el terreno de “lo maravilloso”) sino como resultado de un experimento químico que es preparado por un “filósofo alquimista” (en definitiva, un mago). Alguien capaz de conocer ciertos secretos considerados demoníacos, de quien se puede sospechar que ha hecho un pacto satánico.

La pócima es fruto de la ciencia, es un producto de lo humano. Así como su famoso Frankenstein es un monstruo que nació como resultado de los experimentos de un científico con sueños de ser Dios, la inmortalidad (su posible maldición), es resultado del hombre, y su ambición por cambiar las leyes de la naturaleza.

Lo fantástico y lo romántico.

En su errar, Winzy descubre que el amor se corrompe con el tiempo y la muerte se convierte en el mayor de los anhelos, en la única manera de escapar de un destino fatídico.  Aquí podemos apreciar el espíritu del Romanticismo, darle prioridad a los sentimientos. La libertad auténtica es su búsqueda constante y también lo que lo hace revolucionario. Por eso Mary Shelley y otros poetas románticos tuvieron una inclinación tan clara por las novelas góticas y fantásticas: porque le permitían la libertad necesaria para combatir los excesos del racionalismo. Y es por eso también que el Romanticismo le concedió una voz a los que se consideraba como parias de la sociedad: los locos, los idiotas, los hechiceros, convirtiéndolos en protagonistas.

El tiempo es la cuestión

La verdadera condena de Winzy parece ser la de no poder vivir con la duda, con la incertidumbre acerca de su muerte.

<…el miedo a la vejez y a la muerte repta a menudo fríamente hasta mi corazón, y cuanto más vivo más temo a la muerte, aunque aborrezca la vida. Ése es el enigma del hombre, nacido para perecer, cuando lucha, como hago yo, contra las leyes establecidas de su naturaleza>

 El enigma de Winzy es justamente lo que lo hace humano. La esperanza de la muerte, y también su temor, lo hace “mortal”. Porque, como dice Borges en la cita que abre este artículo:

<Lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal>.

<La muerte hace preciosos y patéticos a los hombres>.

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