“Cuando despertó, Monterroso todavía estaba allí”

…la literatura como profesión me ha parecido siempre un concepto demasiado moderno como para que sea confiable, y para mí el arte no es algo que se pueda convertir en una profesión.”

Augusto Monterroso

El escritor Piero de Vicari y La editorial EOS Villa, de la Argentina, publicaron el libro digital Cuando despertó, Monterroso todavía estaba allí. Antología de microficcionistas en homenaje al centenario del nacimiento del gran escritor Augusto Monterroso.

El antologador y la editorial

Piero De Vicari nació en San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, en 1963. Poeta, narrador, ensayista y gestor cultural. En microficción, ha publicado: Simbiosis de la guillotina y otras microficciones (Editorial El español de Shakespeare, Santiago de Chile, 2017); Ínfulas ínfimas/bazar de brevedades y otras minucias (Editorial Macedonia, Buenos Aires, 2018); Muerte del filósofo chino y otros textos insomnes (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019) y Filípicas a Montoto (Astromulo Ediciones, Montevideo, 2020) y está cargo de la colección Literatura de las Américas, de la Editorial EOS Villa.

La Editorial EOS Villa es un emprendimiento solidario dirigido por Yu’í Páez que hace las veces de editor, nació en Ñagati cué, Paraguay, en 1955, luego obtuvo la ciudadanía argentina; es periodista, docente, editor y gestor cultural. La editorial lleva publicados varios títulos de escritores y poetas de nuestro continente en una actitud solidaria y generosa con los autores y con los lectores; pues las ediciones son de descarga gratuita y el trabajo de edición y diagramación lo hacen de manera también gratuita, proyectando a la Editorial Digital EOS Villa por todo el mundo. “Cabe destacar que la Editorial Digital EOS Villa tiene su residencia en Villa Constitución y con su accionar proyecta a la ciudad no solo al resto del país sino también a todo el continente, siendo muy pocas las editoriales que trabajan “a pulmón y sin fines de lucro” que puedan entregar material de alta calidad. Sin dudas, trabajo editorial que debemos reconocer y alentar”[1].

La gran antología

En el prefacio de la obra titulado “Palabras previas”, firmado por De Vicari se explica el propósito de esta selección: “Este es un libro colectivo. Realizado con el aporte generoso de todos los autores que se sumaron al homenaje a uno de los padres de la brevedad”. Escritores de catorce países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, nos reunimos convocados por Piero para “recordar y homenajear al escritor que escribió el micro que hizo que todo el mundo despertara y se diera cuenta que allí estaba este género asombrando a los lectores. La obra reúne a 97 escritores, mujeres y hombres, de Iberoamérica, en más de 500 páginas de asombrosos microrrelatos.

El libro, además de los textos de los microficcionistas, incluye el Decálogo de Monterroso, algunos de su dibujos y citas suyas a manera de diccionario ilustrado que nos presenta “algunas de las respuestas que Augusto Monterroso contestó en numerosas entrevistas, desgranando en palabras no sólo su oficio, sino también la magia de la creación en sus diferentes facetas” tal como lo informa Piero en sus íntimas palabras de inicio. El libro está dedicado a la memoria de tres grandes microficcionistas que se adelantaron en el viaje final: Pedro Guillermo Jara, Antonio Cruz y Eugenio Mandrini.

De Vicari nos entrega en la antología una minibiografía de Monterroso: “Escritor guatemalteco de origen hondureño, nacido el 21 de diciembre de 1921, conocido por el apodo de Tito. Abandonó la escuela a los once años, teniendo desde entonces una formación autodidacta. En 1936, su familia se asentó en Guatemala y allí comenzaría a publicar en la revista Acento y en el periódico El Imparcial, siendo cofundador del periódico El Espectador. Activista contra la dictadura del momento, Monterroso fue detenido, tras lo que se exilió a México, donde se relacionó con la intelectualidad de la época. Más tarde fue nombrado cónsul de Guatemala en La Paz (Bolivia), y de allí, marchó a Chile, para después regresar a México, en donde dirigió el Taller de Cuento de la Dirección General de Difusión de la Cultura, integrado en la Universidad Nacional Autónoma de México y posteriormente el taller de Narrativa del Instituto Nacional de Bellas Artes. La producción literaria de Monterroso fue dirigida casi por completo al cuento y el relato corto, aunque también publicó varios ensayos. Es considerado el autor del minicuento más famoso de la literatura: El dinosaurio. Su obra (entre las que se destacan: “Obras completas y otros cuentos”; “La palabra mágica”; “Movimiento perpetuo” y “La oveja negra y demás fábulas”) obtuvo numerosos premios como el Xavier Villlaurrutia de 1975, el Juan Rulfo en 1996 o el Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000, entre otros. Falleció el 7 de febrero de 2003, en la Ciudad de México”.

Augusto Monterroso

El año de la pandemia y las antologías

Si bien es cierto que este año, como justos homenajes, se han publicado varias antologías que honran la obra de Monterroso, creo –sin menoscabar la calidad y el esfuerzo de las anteriores– que ésta es la más ambiciosa de todas, por el gran número de escritores incluidos (97 autores), por los textos elegidos, por las citas de Monterroso y la colección de ilustraciones de dinosaurios. Mucho se ha escrito sobre este gran escritor de historias brevísimas. Justamente Gabriel García Márquez refiriéndose a la aparición de La oveja negra y demás fábulas, del escritor guatemalteco que, sin embargo, era bien mexicano, escribió: “Este libro hay que leerlo manos arriba: su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad”. Este comentario retrata a Tito –como le decían sus amigos– de cuerpo entero. Pocos escritores como él cultivaron, en la literatura, la sátira, la ironía y el humor con tanta eficacia como la que desborda en sus cuentos y novelas. Monterroso era un espíritu libre que sentía horror por la rutina literaria y se pasó la vida cruzando de un género a otro sin inmutarse ni dejar de lado el talento y la calidad que lo caracterizaba.

Me precio de tener una hermosa dedicatoria de Monterroso en su libro Viaje al centro de la fábula, que guardo como uno de mis tesoros bibliográficos fechada en el año 1991. Yo lo había descubierto una década antes, el año 1980, en México, en la extraordinaria revista “El Cuento”, que dirigía Edmundo Valadés; leer esa revista aliviaba la angustia del exilio que vivía en ese hermoso país. Hasta ese entonces creía haber leído todo lo que inventor de grandes historias en pocas palabras había publicado, incluida su primera obra, la novela Lo demás es silencio, en la que Monterroso lleva la ironía a lugares épicos, de tal manera que no sabemos si el protagonista es un intelectual de primera o un tonto de capirote. Tengo en mi biblioteca casi todos sus libros.

La muerte lo recogió en el año 2003 y me imagino, si es que la muerte existe más allá de la vida, que aún debe seguir asombrado con las sorpresas que eso le deparó, quizá esté en San Blas compartiendo con el sabio Eduardo Torres. Recuerdo que para mí fue como si hubiera muerto algún pariente cercano, quizá un tío que nos contaba historias de sus viajes, la misma sensación la volví a sentir cuando nos dejó Gabriel García Márquez, en el año 2014, me pareció que ya nadie más vendría a contarnos cuentos de niñas que se van al cielo. muchachas tan hermosas como Remedios, la bella o acerca del enigmático Mister Taylor o el sacerdote de los eclipses.

Algunas citas del autor de Obras completas y otros cuentos

Autor del famosísimo y archicitado cuento “El dinosaurio” aconsejaba a los aprendices de narradores que cuando escriban uno lo hagan de tal manera que no sea “novela ni poema ni ensayo, y que a la vez sea ensayo y novela y poema siempre que siga siendo esa cosa misteriosa que se llama cuento”. Otra vez le preguntaron cuál era su método de trabajo y respondió: “ninguno, porque yo no escribo, a mi gusta pensar o divagar que es un acto perezoso”.

Para nuestros lectores copio algunos de los consejos de Tito Monterroso, como lo llamaban los amigos:

– “…la literatura como profesión me ha parecido siempre un concepto demasiado moderno como para que sea confiable, y para mí el arte no es algo que se pueda convertir en una profesión.”

– “…se puede decir que determinados escritores están tocados por una de terminada gracia, Kierkegaard hablaría de eso, pero yo creo que más bien están tocados por dos cosas: el talento y algo que podría parecerse a lo que usted llama gracia y que sería la inspiración, pero parece ser que hoy la inspiración está muy desacreditada y no se habla más que de estar sentado ante la máquina de escribir.”

– “Pienso que cuando un escritor ya sabe cómo se hace un cuento, maneja la técnica, y ese mismo saber le va a facilitar hacer dos y tres y ocho cuentos. La sabiduría consiste, en cambio, en que el escritor de cuentos, idealmente, no debería saberlo todo antes de escribir, porque correría el riesgo de convertirse en un fabricante de cuentos.”

– “La fe que alguna vez tuve en la humanidad la he perdido, quizás la he perdido leyendo libros de historia. No tiene remedio, el hombre repite y repite los mismos errores y las mismas tonterías y los mismos crímenes que ha cometido siempre. Bueno, a lo mejor tendría que tener un sentido más religioso que el que tengo para recuperar la fe…”


[1] http://elsurdiario.com.ar/?p=85190

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