Política, polémica

Aunque ambas provienen del griego y morfológicamente son muy similares, la etimología de estas dos palabras no las relaciona estrechamente; política viene de πόλις, que significa ciudad, y polémica de πολεμός, que significa guerra. La política deriva de la Politeia, como llamaban los griegos a la teoría de la ciudad; polémica, por su sufijo, hace referencia a lo que pertenece a la guerra.

Si bien en la época clásica la guerra jugaba un rol importante, tanto en la civilización griega como en la romana se distingue a Ares o Marte, dios de la guerra, de Atenea o Minerva, diosa de la guerra justa, de la estrategia en el combate, de la sabiduría, de la civilización, de la justicia, de la ciencia y las artes. Podría considerarse que, entre los dioses de la πολεμός, de la guerra, es Atenea la que representa lo políticamente correcto ya que el carácter brutal de Ares, quien no escatimaba en masacrar sin necesidad de que la guerra fuera justa, hace de él un dios violento, sanguinario, salvaje y detestado por otros dioses, incluyendo sus padres. Atenea, que era su hermana, le paró en alguna ocasión los pies.

Ya que hablamos de luchar, resulta pertinente tratar el término palestra, del latín palaestra que a su vez viene del griego παλαίστρα, palaístra, lugar donde los adolescentes practicaban la lucha, palaíein. En Roma, el término palestra también se refería a escuela para el cultivo del espíritu, academia para ejercitar la retórica y la elocuencia, o la propia habilidad y destreza política.

Una acepción más actual de palestra es: “Lugar donde se celebran ejercicios literarios públicos o se discute u organiza una controversia”, (Diccionario de la Real Academia Española). Controversia, por cierto, es sinónimo de polémica. Lanzarse, saltar o salir a la palestra, quiere decir tomar parte activa en una discusión o competición públicas o darse a conocer o hacer pública aparición.

Según Clausewitz, la guerra es un acto político, famosa es su cita “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, ahora bien, según Ortega y Gasset, gobernar, lo que es gobernar, no es una cuestión de puños sino de posaderas, gobierna el que está sentado, no el que combate.

Las virtudes que identifica Platón en el individuo; sabiduría (prudencia), valor (fortaleza), moderación (templanza), se concilian gracias a una cuarta virtud, la justicia, que da lugar al respeto de las ideas ajenas sin necesidad de abandonar las propias. Estas virtudes serían necesarias en los gobernantes, y en los ciudadanos en general, para saber ponerse del lado de Atenea y no del de Ares. El vínculo política, polémica es indisociable.

Realismo

Escuela dominante históricamente en las relaciones internacionales, lo sigue siendo incluso en estos tiempos en los que la sociedad internacional redobla esfuerzos para combatir la peor pandemia en un siglo, y debería hacerlo para combatir el cambio climático. De un lado, la importancia de la seguridad nacional o supranacional, y de otro lado, la tendencia a la expansión ya sea económica, territorial, o cultural, siempre están de actualidad. El estado de vigilancia recíproca es continuo y las tensiones pueden ir más allá de los límites planetarios. A Maquiavelo se le asigna aquella idea de conquistar, conservar, expandirse, este último verbo, como un fin.

Es tradición de muchos países realizar el día de su fiesta nacional un desfile de las fuerzas armadas, o de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que defenderán los intereses nacionales en la guerra si es preciso, la πολεμός, ya mencionada anteriormente. Bien podrían desfilar, por ejemplo, los profesores, ya que la Paideia, la educación, estaba muy vinculada a la Politeia, teoría de la polis, pero no es el caso. Ya en tiempos de Tucídides, las mayores glorias a la patria se las daban los soldados, y si en este año hemos visto sanitarios sin estatuto militar desfilando, ha sido de forma circunstancial.

Clase política, clase polémica

A tortas y puñetazos, se han liado recientemente los parlamentarios de Jordania durante un debate por la igualdad entre hombres y mujeres y los de Kenia durante el examen de un proyecto de ley. La imagen no es nueva, ya la hemos visto en muchas otras ocasiones, este mismo año en Bolivia, cuando dos diputados se pelearon en el Parlamento durante el debate por la detención de la expresidenta interina Jeanine Áñez, o en 2013 en Venezuela, al prohibírseles la palabra a los diputados que no reconocieran a viva voz a Nicolás Maduro como presidente, por ejemplo. También se han vivido escenas similares en Ucrania, Armenia, Japón, etc.

Sin llegar a las manos, pero encendidos debates, hemos visto últimamente en el Parlamento de España. La representatividad muestra un Parlamento muy fraccionado e incluso polarizado. Aprobar unos presupuestos, renovar el consejo general del poder judicial y elegir un gobierno, son necesidades esenciales de todo estado que pretenda una normalización de la vida política y una democracia fuerte. En este caso, durante los últimos años se encuentran obstáculos continuamente. En el senado, aunque no llegue la sangre al río, también se han producido malas prácticas.

Extrema violencia en el primer mitin de Éric Zemmour, candidato de extrema derecha a las presidenciales francesas. El acto, en el que un asistente agarró de la cabeza al candidato a su llegada, lo que ya produjo el primer altercado al comienzo, terminó en pelea generalizada cuando unos militantes de SOS racismo que se habían introducido en la sala, como quien se mete en la boca del lobo, fueron agredidos impunemente al llamar la atención mostrando un slogan reivindicativo que llevaban oculto en sus camisetas. La especialidad de Zemmour; periodista político, escritor y editorialista, es, por cierto, la polemología.

Vladimir Putin, ex KGB, Bolsonaro, ex militar, Kim Jong-un y su obsesión por los misiles, mucho cuidado con reírse, o Lukachenko, mostrando un Kalachnikov y portando un chaleco antibalas, son otros ejemplos de una parte muy polémica de la clase política actual.

Repertorio de acción

En último lugar, aunque no menos importantes, los movimientos sociales. En las calles de París, batalla campal, en las calles de Hong-Kong, batalla campal, en el Capitolio de Estados Unidos, disparos, en las calles de la Habana, desórdenes y algún fallecido, la lista de manifestaciones que degeneran en conflicto violento es interminable. Las marchas cien por cien cívicas se han vuelto raras. Los insultos, descalificaciones, son las versiones más ligeras de la agresión gratuita. Incluso para algunas mujeres, la única manera de desexualizar su cuerpo a los ojos de la sociedad es volverlo combativo. El repertorio de acción de muchos movimientos sociales está cargado de polémica, cada vez es más frecuente ver a los manifestantes presentarse a los eventos premeditadamente de una guisa poco apropiada para lo que deberían de ser actos de reivindicación pacífica. Cada vez me cuesta más trabajo explicar a mis hijos que los que luchan por la dignidad o por defender sus derechos son los buenos.

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