The Matrix Resurrections

Ha llegado a los cines una nueva película de Matrix, la saga que se iniciara en 1999 y que concluyó en 2003. La película original ponía sobre la mesa una propuesta que usaba la filosofía, numerosas referencias a Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas y una poderosa estética para contar el despertar de Thomas Anderson; a la que siguieron una colección de maravillosos cortometrajes llamada Animatrix, Matrix Reloaded y Matrix Revolutions, en las últimas Neo, (que ya ha asumido su rol como el elegido) luchará para salvar a la humanidad, condenada a vivir generando energía para las máquinas en el mundo ficticio de Matrix. Las referencias religiosas, a la cultura pop y al cine de artes marciales se siguen sumando hasta un final muy épico que reconfiguraba Matrix y daba la posibilidad a aquellos humanos que lo desearan a dejar de vivir en la simulación que se les había obligado a creer como real.

Con un final satisfactorio (para muchos agotado ya, parte del público no entendió la grandeza de los poderes de Neo y Smith en las nuevas secuelas), la pregunta obligada es: ¿para qué una nueva secuela?. La propia película da respuesta en diferentes ocasiones a la cuestión. Desde el inicio ya se sientan las bases de lo que nos propone el nuevo filme, que recrea la primera escena de Matrix de 1999 pero haciendo al espectador partícipe de las diferencias deliberadas y empezando desde un momento tan prematuro un diálogo fluido con aquel que quiera asomarse a este ejercicio cinematográfico y que continuará hasta el final. Lo que se nos presenta nos resulta reconocible pero no es lo mismo, es diferente, sin perder las bases de lo ya contado. Hay varios fragmentos de la trilogía que no dejan de suceder explícitamente y que están colocados precisamente para marcar la diferencia.

Probablemente la eficacia del guion sea evidenciar que exista un gran sector del público que decida asomarse a esta nueva Matrix y que tras su visionado la encuentren pobre, muy diferente a lo visto hasta el momento, nada revolucionaría en cuanto a efectos y carente de sentido; esas personas habrán caído en el juego mordaz que critica esta nueva entrega: la repetición. The Matrix Resurrections es una nueva película que en ocasiones usa la nostalgia, pero no para copiarse a sí misma, lo hace para reinventarse y reivindicar la originalidad, crear algo fresco y novedoso que, al mismo tiempo se dirige al espectador para animarle a que despierte de las franquicias a las que se está acostumbrando. Estamos viviendo numerosos reboots, remakes y secuelas que no dejan de contarnos las mismas historias de las mismas maneras y esa es la genialidad de la nueva Matrix, tomando como base las películas y presentándolas como un recuerdo, como otro formato, la historia se erige sobre esos pilares fuertes pero que confunden al espectador al no mostrarlos como se esperaría, y continua con una historia arriesgada que habla de sufrimiento, y que en el camino se permite golpear a su propia productora y a Hollywood y la explotación y saturación de franquicias y que le da su sitio a lo que significó en su momento la trilogía original.

Es cierto que la acción a veces es atropellada, pero a pesar de lo extenso de su metraje (para lo que está acostumbrada la población gracias a redes sociales y la obsesión por consultar el teléfono móvil cada cinco minutos), 148 minutos, su visionado se hace ligero, e incluso se podría agradecer una mayor duración para darle más explicación a algunos elementos de la película. Habrá quien piense que la película está desprovista de innovación en cuanto a efectos, las escenas de acción no son elegantes y Neo y Trinity se lucen menos que las ocasiones anteriores, y llevarán razón, pero eso es lo que pretendía el filme. No ha sido concebido para crear una nueva tendencia en cuanto a técnicas, ya lo hicieron en su momento con el tiempo bala, algo que también se nombra en la propia película, por otro lado, si se quedasen anclados en las luchas elegantes, el látex y la urbana fotografía de cromática verde estaríamos ante lo ya visto y eso no es lo deseado.

Warner, conocedora de los beneficios económicos que podía suponerle continuar exprimiendo la franquicia, quería llevar a cabo su resurrección fuese como fuese. Por suerte, Lana Wachowski se ha puesto al mando de la nueva entrega, trayendo con ella transgresión y un discurso narrativo que apuesta por la diferencia y que viene acompañado de parte de los rostros conocidos de la directora de su propia serie Sense 8 para Netflix.

Un ejercicio cinematográfico distinto, para disfrutar de lo nuevo con una mirada nostálgica pero dispuesta a abrazar lo diferente. Una genialidad que nos invita a la reflexión incómoda de aquellas historias que disfrutamos y lo poco exigentes que nos hemos vuelto. Un experimento que confirma su metalenguaje como propuesta, objetivo y fin.

Deje su comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here