¿Qué queda de la geringonça?

Todo apunta a que el Partido Socialista de Portugal volverá a imponerse en las elecciones legislativas que tendrán lugar el próximo 30 de enero. La imposibilidad del gobierno de Antonio Costa de aprobar los presupuestos al no lograr el apoyo del Bloque de Izquierda y del Partido Comunista, provocó que el presidente de la república, Marcelo Rebelo de Sousa, anunciara la anticipación de las elecciones el pasado mes de noviembre. El presidente del Partido Social Demócrata, partido conservador, que cohabita con el gobierno del Partido Socialista de Costa desde 2015, hizo uso de su poder de disolución de la Asamblea ya que el bloqueo a la ley de presupuestos impedía la obtención de los fondos europeos necesarios para afrontar la pandemia.

Más de 10 millones de votantes están llamados a las urnas para elegir a los 230 Diputados de la Asamblea, sin embargo, se prevé una baja participación como ya sucediera en las anteriores legislativas en la que sólo un 48,57% de los votantes acudió a la cita, o en las presidenciales de hace un año en las que Rebelo de Sousa fue reelegido en primera votación por un 60,7% de los votos, pero con una escasa participación del 39,49% del censo.

Lejos queda la denominada “gerigonça”, el “artefacto” que permitiera el denominado “milagro económico de Portugal” al desmarcarse de las recetas de ajuste del FMI y del BCE a pesar de su obligado cumplimiento tras el rescate financiero de 2011, conjugando macroeconomía con políticas sociales, controlando el déficit y reactivando la economía para sacar al país de la crisis económica.  

La crisis política se desencadenó a raíz del desacuerdo entorno a las disposiciones del código de trabajo que la izquierda radical aspiraba a derogar por pertenecer precisamente al contexto del plan de ajuste europeo, sin embargo algunos analistas consideran que ya en 2019 en que Costa se alzó con las legislativas por segunda vez sin mayoría absoluta, la falta de voluntad por parte de éste para realizar acuerdos duraderos con sus socios fue una imprudencia que ha debilitado los pilares de la legislatura.

A tan solo apenas unos días de la celebración de los comicios, los sondeos le otorgan al Partido Socialista una intención de voto próxima al 40%, seguido del Partido Social Demócrata que se acerca al 30%, y de lejos Bloque de izquierda obtendría el 7%, Partido Comunista junto al Partido Ecologista Verde que conforman la Coalición Democrática Unitaria sumarían un 6% y la iniciativa Liberal del centroderecha alcanzaría un 2,9%.

El gran favorecido de esta coyuntura es el Chega, partido de extrema derecha que asciende en la misma tendencia que en otros países como España o Francia hasta consolidarse como tercera fuerza con un 7,3%. Los nacionalismos son identidades muy fuertes y estos resultados de los sondeos podrían invitar al votante que se abstiene tanto a votar para secundar al partido nacionalista como a hacerlo para combatirlo.  

En tales circunstancias va a ser muy difícil que se logre un gobierno estable por parte de Costa, quien podría retirarse si no lo lograra, a no ser que se produzcan cambios sustanciales. Los partidos minoritarios juegan un papel muy importante como ya ha ocurrido también en España o Alemania. No obstante, tampoco parece que el escenario en el que el Partido Social Demócrata aspirara a formar gobierno sería muy factible ya que negociar con el propio Partido Socialista es improbable, los otros partidos de izquierdas también son históricamente rivales, los que quedan en el centro son pocos y ya no se dan las circunstancias que invitaron a presentarse anteriormente en coalición. Por otra parte, los que crecen a su derecha, el Chega, no son bienvenidos ya que el Partido Social Demócrata no quiere perder su identidad demócrata, aunque tampoco parece que el objetivo de la extrema derecha, que obtendría unos muy buenos resultados, sea alzar al PSD al poder, así que mientras que la participación sea baja podrían producirse cambios, aparecer nuevas caras o alcanzarse acuerdos distintos, es posible que el Partido Socialista se abra al diálogo para ofrecer mejores pactos a la izquierda o que se produzca un bloqueo a la gobernabilidad que por otra parte es lo que menos le interesa al pueblo portugués, tanto al que vota, que es poco, como al que no lo hace, cansado del bipartidismo y todo esto en un contexto de pandemia producida por la variante ómicron posterior a los acontecimientos que produjeron la anticipación de las elecciones.

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