Trastorno Obsesivo Compulsivo: rompiendo el estigma

¿Alguna vez te has imaginado saltando por una ventana, golpeando a un ser querido o la muerte de algún familiar? ¿El pensamiento ha llegado a ser tan recurrente que te has cuestionado tus intenciones e incluso tu propia cordura? Bien, esto también puede ser un síntoma de Trastorno Obsesivo Compulsivo.

El pasado mes de septiembre, Ciudadanos lanzó una pregunta al Gobierno Central sobre el aumento de casos de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) en menores de edad en España. La formación naranja se mostraba especialmente preocupada por lo que se conoce como “compulsiones de lavado”, es decir, por los rituales que estas personas realizan en relación con la limpieza que pueden ir desde el lavado excesivo de manos hasta la desinfección de superficies pasando por la evitación de lugares y objetos que se consideran “contaminados”.  Pero el TOC no es solo esto.

Si bien la pandemia de COVID-19 puso sobre la mesa la importancia de abrir una conversación sobre la salud mental, también banalizó o redujo algunas de las implicaciones del término, que son diversas y, en muchos casos, aún desconocidas incluso para los propios psicólogos y psiquiatras que las trabajan.

En el caso del Trastorno Obsesivo Compulsivo, el cliché vino antes que la pandemia, pero se reforzó con la misma. En el imaginario colectivo el paciente de TOC se caracteriza por ser maniático hasta la extenuación, como el personaje de Jack Nicholson en Mejor Imposible. El foco se pone en los rituales más que en las obsesiones y el sufrimiento de la condición aparece camuflado por lo cómico de las “manías”.

Lo cierto es que el TOC aparece catalogado por la Organización Mundial de la Salud como una de las 20 enfermedades más incapacitante y no tiene nada de cómico. Este trastorno se compone de Obsesiones (pensamientos recurrentes que no pueden desecharse por considerarse peligrosos o inmorales) y Compulsiones (rituales que se realizan con el fin de mitigar la ansiedad producida por dichos pensamientos).

La temática de los pensamientos obsesivos no es relevante para la terapia, pero sí para el paciente que los sufre y especialmente para realizar una correcta labor de divulgación. Los grandes temas del Trastorno Obsesivo Compulsivo son la violencia, el sexo, la religión y la salud; pero históricamente sólo se le ha dado importancia a este último.

Sigue el mismo patrón de conducta un paciente con pensamientos obsesivos sobre contraer una enfermedad que se lava en exceso las manos, que otro que tiene pensamientos recurrentes sobre asesinar a su hijo y evita pasar tiempo a solas con él. Las compulsiones realizadas serían de lavado y de evitación respectivamente, pero su objetivo es común: mitigar la ansiedad producida por dichos pensamientos.

Para dar visibilidad a esta cara menos evidente del trastorno, el doctor Steven Phillipson acuño el término “Pure O” o “Trastorno Obsesivo Puro” para referirse a todos aquellos pacientes de TOC que no realizaban conductas repetitivas visibles. Estos referían otro tipo de compulsiones tales como la evitación, la reaseguración o la repetición mental de ciertos mantras, pero sobre todo sufrían por el contenido de sus pensamientos. El término no es científico, pero ayudó a que mucha gente se sintiese integrada dentro del espectro TOC y pudiese recibir el tratamiento adecuado, algo especialmente difícil si no se tiene el diagnóstico correcto.

Según Antonio Galán, presidente de la asociación de TOC de Madrid, “la gente suele tardar una media de 15 años en sacarlo a la luz y en tener un diagnóstico”. En estos 15 años pueden pasar muchas cosas, entre ellas el suicidio. La información y la psicoeducación son esenciales para que los pacientes de TOC puedan identificar sus síntomas y acudir a recibir la ayuda que necesitan. El trastorno es especialmente doloroso porque ataca directamente a las creencias de quien lo sufre. Si el paciente es una persona muy familiar, puede tener pensamientos sobre hacer daño a su núcleo más cercano; si le encantan los niños sus pensamientos intrusivos pueden ser de contenido pedófilo; si es muy religioso puede tener pensamientos blasfemos…

Es importante destacar que una persona con Trastorno Obsesivo Compulsivo no tiene ningún deseo de acometer los actos que involuntariamente se reproducen en su cabeza. Es más, le horroriza tanto la idea que es capaz de pasarse 15 años sufriendo en silencio con tal de que nadie lo sepa. Pero el sufrimiento es innecesario. Actualmente el tratamiento que se ha demostrado más eficaz para tratar el TOC es la Terapia de Exposición y Prevención de Respuesta (TEPR) que consiste en exponer al paciente a sus miedos de manera que vaya disminuyendo la ansiedad asociada a los mismos y por ende también los rituales o compulsiones que condicionaban su vida.

En cuanto a la medicación, el psicólogo especialista en TOC Joaquín Jiménez sentencia: “La medicación, en determinadas situaciones, es un elemento a valorar ya que nos puede aportar el ‘empuje’ necesario para que la persona se ponga sobre lo que le ocurre. Nunca será un elemento vital e imprescindible ya que el TOC no es una enfermedad que hay que curar. No hay pastilla para ello”.

TOC y pandemia

Posiblemente aún es pronto para determinar el efecto que el COVID-19 ha tenido en los pacientes de TOC. No obstante, ya empiezan a ver la luz algunos de los primeros estudios sobre el tema. En España, uno de los más importantes ha sido el publicado por la European Psychiatry que recoge el testimonio de 127 pacientes de TOC y 237 personas sanas del área metropolitana de Barcelona.

Los datos de los pacientes de TOC muestran un empeoramiento significativo de los síntomas en el 31.4%, el riesgo de contraer COVID-19 se presenta como una nueva obsesión para el 44.8%, si bien tan solo es la obsesión principal en el 10% de los encuestados. Además, la ideación suicida aumenta en comparación con la muestra recogida de la población sana.

No obstante, más allá de que la amenaza a la salud pueda ser un detonante para algunos de los pacientes con TOC, el estudio resalta que los drásticos cambios sociales y económicos derivados de la pandemia suponen un disparador para cualquier trastorno de ansiedad. Un 60% de los pacientes refieren que los eventos estresantes y la incertidumbre en general empeoran sus síntomas. Esto, unido a las dificultades para acceder a una atención sanitaria de calidad, genera un clima de vulnerabilidad preocupante.

La pandemia puede agravar los síntomas del Trastorno Obsesivo Compulsivo, pero también contribuye a que se siga hablando de tan solo uno de sus subtipos. Más allá de la necesaria reforma sanitaria y del plan de prevención del suicidio que nunca llega, es importante que desde los medios se dé un tratamiento adecuado de la avalancha de información sobre salud mental para no caer en el estereotipo fácil y, al fin y al cabo, en la desinformación.

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