Soledades

Soledades es el primer libro publicado en 1903 por Machado. El poeta ya había viajado a París, donde coincidió con los simbolistas, y en un segundo viaje con el modernista Rubén Dario.
Sin embargo, Soledades ya es un libro propiamente “machadiano”, alejándose de la retórica simbolista, yendo más allá del romántico Becquer, siendo más íntimo que los simbolistas.
En 1907 publico una 2ª edición, corregida y aumentada, Soledades. Galerías. Otros poemas, pasando de 19 a 96 poemas. La publicación coincidió con la consecución de la ansiada plaza de catedrático de instituto de Lengua Francesa y, por lo tanto, con su llegada a Soria.

Machado hace una limpieza de la poesía hecha hasta entonces y toma un camino que no abandonará. Escrito en versos menores, rima asonante, con temas recurrentes (infancia, sueños, tiempo, etc.) y con el tono entre melancólico y sereno característico de sus futuros versos, con referencias a su tierra natal pero de un modo contenido, esencial.

  • Recuerdo

«I. El viajero». El poema, escrito en octosílabos y endecasílabos, tiene referencias biográficas, ya que el hermano menor emigró, Está en la sala familiar, sombría, / y entre nosotros, el querido hermano, pero regresó enfermo, sin triunfar, y la fría inquietud de sus miradas /revela un alma casi toda ausente. En todo el poema flota un aire de fracaso y desencanto, ¿Lamentará la juventud perdida?, intenta contener las lágrimas pero un resto de viril hipocresía lo contiene. Al final, Todos callamos.

«VI. Fue una clara tarde, triste y soñolienta». El poeta se deja llevar por la melancolía del paso del tiempo con imágenes sobre la tiempo pasado, La fuente sonaba. / Rechinó en la vieja cancela mi llave; la naturaleza caduca, ¿Recuerdas, hermano?… Los mirtos talares, / que ves, sombreaban los claros cantares, los materiales desgastados, Rechinó en la vieja cancela mi llave; / con agrio ruido abrióse la puerta

«VII El limonero lánguido suspende». La imagen del limonero de este poema volverá a aparecer años después en Campos de Castilla, Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla; limonero, patio, fuente y aromas sirven al poeta para rememorar triste otros tiempos, y estoy solo, en el patio silencioso, / buscando una ilusión cándida y vieja. La realidad se niega a conceder lo que poeta busca, ese aroma de ausencia / que dice al alma luminosa: nunca, / y al corazón: espera. Más al fin llega un buen recuerdo, la hierbabuena y la albahaca le recuerdan a su madre, Sí, te conozco, tarde alegre y clara, / casi de primavera.

  • Camino

«II. He andado muchos caminos». En este poema Machado toma un tema que aparecerá más veces en su poesía: el camino, que es camino de la vida, modo de transitar la existencia. El poeta comienza diciendo He andado muchos caminos, / he abierto muchas veredas; en primer lugar es una persona con experiencia. Frente a ello también hay gente con otros modos, soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra, en los siguientes párrafos describe a la “mala gente”, Mala gente que camina / y va apestando la tierra… frente a la “buena gente” que Cuando caminan, cabalgan / a lomos de mula vieja, gente que no tiene prisa por llegar, gente sencilla que Son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan, / y en un día como tantos, / descansan bajo la tierra.

«IX. Orillas del Duero». El poema con el mismo título aparece en Campos de Castilla. Aquí, en Soledades, es un poema más breve y menos amargo puesto que trata de la llegada de la primavera, ya las golondrinas chillan. / Pasaron del blanco invierno. El poeta pasea bajo el tibio sol de Soria, chopos de la carretera / y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo comienza a florecer, todo parece hermoso, espuma de la montaña / ante la azul lejanía, / sol del día, claro día!.

  • Paseo

«III. La plaza y los naranjos encendidos». Poema también escrito en octosílabos y rima asonante, es una poema breve sobre una plaza cualquiera con niños saliendo en desorden de la escuela. Frente a la percepción amable de esta visión, el poema acaba con un tono melancólico, Y algo nuestro de ayer, que todavía / vemos vagar por estas calles viejas!

«V. Recuerdo infantil». Un poema escrito en octosílabos que comienza y finaliza con la misma estrofa, Una tarde parda y fría / de invierno. Los colegiales, / estudian. Monotonía / de lluvia tras los cristales, mostrando en cuatro pinceladas el aburrimiento de aquella aula en la que hay apenas unas viejas imágenes, un anciano maestro cuyo método de enseñanza es la repetición, mil veces ciento, cien mil; / mil veces mil, un millón.

«VIII. Yo escucho los cantos». En versos de 6 sílabas el poema describe a niños que cantan y juegan en una mezcla de alegría y pena, canciones que no son alegres, / con lágrimas viejas, / que no son amargas / y dicen tristezas. Canciones y leyendas que los niños repiten con ingenuidad pero que al poeta le parecen de un algo que pasa / y que nunca llega: / la historia confusa / y clara la pena.

  • Paso del tiempo

«VI. Fue una clara tarde, triste y soñolienta». El poeta se deja llevar por la melancolía del paso del tiempo con imágenes sobre la tiempo pasado, La fuente sonaba. / Rechinó en la vieja cancela mi llave; la naturaleza caduca, ¿Recuerdas, hermano?… Los mirtos talares, / que ves, sombreaban los claros cantares, los materiales desgastados, Rechinó en la vieja cancela mi llave; / con agrio ruido abrióse la puerta

«XVII. Horizonte». Entre la conciencia y la vigilia, el poeta pasea entre sueños con el constante paso del tiempo, En una tarde clara y amplia como el hastío, un perfecto verso alejandrino, tarde llena de sombras que da paso a la noche, La gloria del ocaso era un purpúreo espejo, que quema los sueños. De nuevo escucha el eco de sus pasos en el ocaso y también algo más en gesto esperanzado, y más allá, la alegre canción de un alba pura.

«XIX. ¡Verdes jardinillos! ». En el último poema vuelve la imagen del agua, que es el fluir de la vida, donde el agua muda / resbala en la piedra!… La decadencia de la edad, septiembre regresa, jugando, entre el polvo / blanco de la tierra. Y también la imagen entrevista de la doncella que, al verle, no le presta atención, Tú miras al aire / de la tarde bella, / mientras de agua clara / el cántaro llenas.

  • Muerte

«IV. En el entierro de un amigo». Este es un poema sin métrica definida, mezclándose versos de 6-7 sílabas con versos de 10-11 sílabas. El poema está dividido en dos partes; una primera con la sensación del ambiente, Tierra le dieron una tarde horrible / del mes de julio, bajo el sol de fuego, incluida la naturaleza se une al deterioro, había rosas de podridos pétalos; en la segunda parte aparecen las sensaciones personales mientras desciende el ataúd a la fosa, Un golpe de ataúd en tierra es algo / perfectamente serio. Finaliza con una despedida, Definitivamente, / duerme un sueño tranquilo y verdadero.

«XIII. Hacia un ocaso radiante». El poema más largo del libro está influenciado por la tendencia lírica de Rubén Darío, el modernismo, al que conoció en su estancia en París. El símbolo usado para este poema es el agua, y el puente junto al camino, en un paseo en el mes de julio. El agua como símbolo de la vida cuando es río y muerte al llegar a la mar. Apenas desamarrada / la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera, / se canta: no somos nada. / Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera. También el uso de los adjetivos se acercan a lo simbólico: sempiterna tijera, noria soñolienta, agua sombría, etc. Pesa el corazón, la soledad e incluso la angustia, ¿Qué es esta gota en el viento / que grita al mar: soy el mar? El paseo acaba con el regreso, con el ocaso de la tarde y la melancolía en el alma, Yo, en la tarde polvorienta, / hacia la ciudad volvía.

«XIV. Cante hondo». En el poema Machado muestra su querencia por la música de su tierra. Escrito en endecasílabos, el poeta sale de su ensimismamiento, Yo meditaba absorto, devanando / los hilos del hastío y la tristeza, al escuchar por una ventana abierta, en una noche de verano, el plañir de una copia soñolienta, que le sugieren amor y muerte, eco de la infancia lejana, ¿Tal cuando yo era niño la soñaba?. La guitarra es símbolo de muerte, el reposar de un ataúd en tierra, un lamento fatalista y solitario que el polvo barre y la ceniza avienta.

  • Amor

«X. A la desierta plaza». El poeta regresa al pueblo, paso a paso se acerca a una casa nombrando lo que encuentra (plaza, callejas, iglesia, tapia), y, frente a mí, la casa, / y en la casa la reja. Tras la ventana cree ver su figurilla plácida y risueña. Pero no llama a la ventana, observa los rosales y finaliza el poema diciendo Quiero verla…

«XI. Yo voy soñando caminos». Tal vez uno de los poemas más citados de Machado; en octosílabos, vuelve al tema del camino de la vida. Va cantando, el campo está espléndido y al caer la tarde, “En el corazón tenía / la espina de una pasión; / logré arrancármela un día: / ya no siento el corazón”. En cambio, al regreso la tarde se oscurece, se enturbia, “Aguda espina dorada, / quién te pudiera sentir / en el corazón clavada”. Tras un aparente paseo por el campo se encuentra un espléndido poema de amor.

«XII. Amada, el aura dice…». Un poema de amor más allá del amor, No te verán mis ojos; / ¡mi corazón te aguarda!, más allá de la muerte. Unos versos que se repiten tras oír el eco de su voz, el repicar de las campanas, la negra caja y el sitio de la fosa, / los golpes de la azada…

«XV La calle en sombra. Ocultan los altos caserones». Escrito en verso alejandrino y rima consonante, el título coincide con el primer verso. El poeta se pregunta si, en la calle en sombra, tras una luz está ella, ¿No ves, en el encanto del mirador florido, / el óvalo rosado de un rostro conocido? , o acaso es un engaño visual, La imagen, tras el vidrio de equívoco reflejo. En la soledad de la calle oye pasos, símbolo de un ocaso, y le abate la duda y la melancolía, ¡ Oh angustia! Pesa y duele el corazón… ¿Es ella? / No puede ser.. Camina… En el azul, la estrella.

«XVI. Siempre fugitiva y siempre». De nuevo título y primer verso coinciden, esta vez en octosílabos, en la noche se cruza con una desconocida que oculta gesto de tu rostro pálido. / No sé adónde vas, ni dónde… imagina el poeta una belleza que busca tálamo en la noche, sin saber qué sueños oculta ni quién ocupará tu lecho inhospitalario. Pide en silencio que se detenga pues Besar quisiera la amarga, / amarga flor de tus labios.

  • Poeta

«XVIII. El poeta». Comienza el poema Maldiciendo su destino / como Glauco, el dios marino, continúa afirmando Él sabe que un Dios más fuerte / con la sustancia inmortal está jugando a la muerte, y finaliza esta introducción con melancolía, soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío. Los versos son aseveración escueta, Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor, donde no hay espacio para la piedad en el mundo, Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades. Pero el poeta vive un mundo propio, sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad, en el que aparece fugaz el amor para volver a la pena, Y dijo: las galerías / del alma que espera están / desiertas, mudas, vacías. El mundo es un engaño, fruta con gusano y es vano el intento del alma de ser feliz, arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!

En 1907, fecha de publicación de la edición corregida y aumentada de “Soledades”, el poeta conoce a Leonor, una niña de 13 años, con quien se casa dos años después; Leonor, 15 años, y Antonio, 34 años, forman una historia de amor correspondido. La joven se apasiona por la obra del poeta, viajan juntos a París en 1910, seis meses después Leonor enferma de tuberculosis por lo que deciden regresar a Soria, buscando en el aire castellano la curación. Leonor muere en 1912, el año de la publicación de “Campos de Castilla”.

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Soledades
Imprenta de A. Álvarez, 1903

Antonio Machado
(Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

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