¿El último bolchevique?

Para Fernando Javier Dávila Pinilla, militante del POR y amigo de Guillermo Lora.

El año del señor de 1976 ingresé a la Universidad Mayor de San Andrés, en esa época las universidades estatales eran frentes de lucha contra la dictadura de Hugo Banzer, de los más activos, porque muchos de los otros sectores sociales habían sido aniquilados, neutralizados o comprados. Para entonces yo militaba en una organización política de izquierda y en la “U” descubrí que la izquierda era un árbol que tenía muchas ramas, las había de todas las tendencias: maoístas, moscovitas, trotskistas, guevaristas, izquierda nacional, gadafistas…en fin, había muchas izquierdas. 

Los trotskos de la “U”

Poco a poco fui aprendiendo las diferencias entre unos y otros, diferencias que, a veces, no eran ideológicas, simplemente eran broncas personales entre líderes o caudillos de cada una de la organizaciones (lucha de egos), ya sean de tendencia internacional o nacional, que expresaban sus posiciones en los muros de la UMSA, en las masivas asambleas en el pabellón A y por todos los recintos universitarios cuando habían elecciones en los centros de estudiantes y la FUL; entre estos grupos se destacaban los jóvenes del frente URUS, brazo universitario del POR-Lora, cuyos integrantes creían que el resto éramos “reformistas”, “contrarrevolucionarios”, “diletantes”, “pequeñoburgueses”, en resumen: “Traidores a la clase obrera”, solo ellos tenían la razón; nosotros les replicábamos argumentando que para ellos las masas nunca iban a estar a la altura de sus planteamientos teóricos.

En la UMSA conocí a “estudiantes profesionales”, personas que habían decidido hacer de las aulas universitarias sus espacios de reclutamiento de militantes y se pasaban la vida cambiando de carreras para seguir inscritos; otros hacían de esta actividad su medio de vida, creían que eran “profesionales de la revolución”. Hoy, estos especímenes subsisten en las universidades estatales, pero sin el componente ideológico, el poder por el poder.

Me llamaba la atención la férrea disciplina de los militantes de URUS, eran pocos, (en realidad, la mayoría de los grupos izquierdistas éramos minorías), pero se hacían sentir como si fueran muchos. En esos años feroces, en las asambleas, en vez de discutir planes académicos universitarios, se discutía “el programa revolucionario para la toma del poder”, entre esos planes brillaba nítidamente la “Tesis de Pulacayo” (1946), cuyo autor era Guillermo Lora, del Partido Obrero Revolucionario (POR) en la que caracteriza la formación económica social boliviana como de capitalismo atrasado y dependiente; sin duda alguna se trata de un manifiesto marxista de la mejor escuela ortodoxa que, creo, no tiene, hasta hoy, ningún parangón teórico.

Un libro para recordar

Estos recuerdos vinieron a mi mente mientras leía el libro Guillermo Lora, el último bolchevique (La Paz, 2021, 444 páginas), cuyo autor, el periodista Ricardo Zelaya y su equipo de investigación integrado por Ximena Morales y Javier Román, reunieron veinte testimonios y dos ensayos sobre el líder del Partido Obrero Revolucionario. Según Zelaya las entrevistas fueron realizadas entre 1994 y 2013, entre las que se incluyen a familiares de Lora, incluida Beatriz Pérez, su compañera durante 30 años, así como sus hermanos, su cuñada Aurora de Lora; también figura Filemón Escóbar, hermano de madre, de quien Lora decía que no era su hermano, y otros muy cercanos a quien fue, sin duda alguna, una figura fundamental en la política boliviana. El libro también contiene los testimonios de seis obreros que militaron en la época dorada del trotskismo en las minas y los de cinco personalidades que estuvieron relacionadas con Lora; además, de una última entrevista al jefe del POR que Zelaya le hizo en 1994, el libro cierra con dos ensayos sobre el pensamiento político de Guillermo Lora, quién nació en Uncía el año1922 y falleció en La Paz, el 2009, a los 84 años de edad.

Este libro, según Zelaya, que fuera militante del POR y biógrafo autorizado de Lora, forma parte de la biografía de Guillermo Lora; sin embargo creo que puede ser leído como tal, ya que el lector tiene acceso a la vida y obra de este político desde distintos puntos de vista; aquí debo destacar la maestría y dedicación de Zelaya a la hora de realizar las entrevistas, sus preguntas y/o comentarios demuestran un gran conocimiento de Lora, así como de cada uno de las personalidades que eligió para que hablaran de uno de los más polémicos dirigentes políticos del siglo pasado. Zelaya repasa más de 60 años de la vida de un hombre y nos muestra la vida de una nación, porque no se puede hablar de Lora sin hablar del país, especialmente en la segunda mitad del siglo veinte. Lora, aunque desconocido para algunos sectores nacionales, fue uno de los grandes protagonistas de la política boliviana.

Guillermo Lora Escóbar

Conocí a Lora en los debates políticos de la UMSA, incluso asistí a algunas reuniones invitado por amigos que militaban en el POR, tenía curiosidad por conocer al líder de quien algunos de sus seguidores hablaban con devoción religiosa; era un hombre pequeño, inteligente, poseedor de una gran personalidad, lenguaje preciso y una vasta cultura marxista como pocos en Bolivia. Sin embargo, tal como lo confirman los entrevistados, también usaba la palabra para destruir a sus enemigos contra quienes no ahorraba epítetos, siendo el de menos calibre: “cretinos”. Guillermo Lora llegó a publicar más de setenta libros, entre ellos: La Revolución Boliviana (1963), Historia del Movimiento Obrero Boliviano (1976) y Diccionario Político-Histórico-Cultural de Bolivia (1985), además de artículos en el periódico de su organización que lleva el sugestivo nombre de MASAS, que los militantes vendían en las universidades.

Acerca de la importancia de la obra de Lora, Zelaya afirma: “Hay varios aportes que yo creo que podríamos sintetizar en tres, que marcan una trayectoria de 25 años de lo que es la época dorada del trotskismo en Bolivia: el primero es, sin duda, la Tesis de Pulacayo, que se ha aprobado el 46; el segundo es la lucha que Lora ha llevado junto a los mineros bolivianos, por impulsarlos hacia la toma del poder y a la dictadura del proletariado: una cosa que parecía imposible en otros países –y que en la misma Bolivia tampoco parecía muy posible– llega a convertirse en una consigna casi en el orden del día en la Asamblea del Pueblo, que, antes de que venga el golpe de Banzer, estaba preparando una resolución para expropiar los medios de producción de la burguesía, lo cual era prácticamente la toma del poder por el proletariado; una verdadera revolución. Y también el rol que jugó en definir el porqué es posible ese tipo de revolución en Bolivia, de dilucidarlo teóricamente a la luz del marxismo. Lora ha hecho un ejercicio creativo del marxismo, lo ha adaptado muy bien a la realidad boliviana. Ha trabajado la realidad boliviana con el método del marxismo y eso le ha permitido tener una visión muy interesante, muy original y muy poderosa de la realidad boliviana[1]”.

La honestidad periodística e intelectual de Zelaya le permitió publicar un libro en el que el protagonista aparece con sus luces y sombras, aciertos y desaciertos, con sus glorias y sus miserias humanas, contadas incluso por sus más íntimos que no pueden dejar de reconocer a un intelectual complejo, soberbio, egocéntrico, al mismo tiempo que brillante, asceta y dedicado a hacer la revolución que nunca llegó a ver. Un intelectual que a sus veinte años (1942) tomó la decisión de encerrase durante un año a leer libros de Marx, Lenin, Trotski y otros autores para entender una teoría que él creía lo prepararía para conducir al pueblo a la revolución proletaria, tan apasionado era en su lucha personal que, como afirma Beatriz, era capaz de trasmitir: “la verdad, el verbo y la vida, como ha debido hablar Cristo en su momento; era increíble”, afirmación que también la he escuchado de gente que conoció a Óscar Únzaga de la Vega, líder político que estaba en la vereda del frente, a quien sus seguidores le profesaban esa admiración que solo es posible con ciertos “elegidos”, es decir con personalidades ante las cuales nadie puede quedar indiferente, o se las ama o se las odia.

De divisiones y grandes acontecimientos

En las declaraciones de los entrevistados el lector encuentra explicaciones, contradictorias y antagónicas en algunos casos, sobre importantes hechos históricos; así como del origen de las distintas escisiones del POR, sus desgajamientos en POR Vanguardia, POR Combate, POR de Pie y otros. Esto aclarará muchas dudas al respecto y hará que cada quien tome partido (nunca mejor dicho) por las justificaciones, reproches y/o denuncias de los propios protagonistas.

Al margen del libro recuerdo algo pintoresco. Dicen que, para una de las famosas expulsiones, trajeron como miembro del tribunal de honor al nieto del mismísimo Lev Davídovich Bronstein, más conocido como León Trotski.

El azar, que es otro de los nombres de la Divinidad, quiso que conociera a todos los líderes de las diferentes fracciones del POR, con algunos de los militantes pasamos noches enteras discutiendo, alcohol de por medio, cuál era la mejor estrategia para hacer la revolución, si la revolución permanente, la insurrección popular, el foco guerrillero y ya sabemos que, al final, triunfó la democracia.

De gran valor histórico son las afirmaciones de la posición de Lora y la Revolución Nacional de 1952, la Guerrilla del Che, las dictaduras militares, la vida en las cárceles junto a otros dirigentes políticos; así como las aclaraciones respecto a la participación de Lora como artífice de la Asamblea popular de 1971, ese intento de soviet criollo que fracasó luego de algunos meses. En el libro encontrarán algunas explicaciones que jamás imaginaron.

Un testimonio digno de destacar es el de Aurora de Lora, cuñada de Guillermo, especialmente la parte respecto a la organización de la Huelga de hambre de 1977, que inicia el camino hacia la recuperación de la democracia. Aurora ratifica el protagonismo de “las cuatro mujeres mineras” que iniciaron la ya mítica huelga, que fueron Luzmila Rojas, Nelly Colque, Angélica Romero y misma Aurora Villarroel, algunas de ellas militantes del POR Lora. Sobre este hecho histórico también recomiendo leer la crónica “Para una fotografía sin nombres”, Premio Nacional de Crónica 2019, escrita por la periodista Soledad Domínguez.

Lora profético

Zelaya, en varias entrevistas, ha destacado que dos años antes de la muerte de Lora, publicó un libro, el último de su prolífica producción, en el que caracteriza a “Evo Morales como expresión de un gobierno burgués con poncho y ojotas. (…) definición del gobierno del MAS como burgués disfrazado de indígena, en 2006, cosa que en ese momento nadie podía siquiera intuir”. Sobre este tema Zelaya, en la línea de Lora, insiste: “Yo creo que el más grande daño que le ha hecho el MAS a Bolivia es que la ha desideologizado, ha desacreditado la palabra socialismo, la ha mancillado, la ha pisoteado y ahora todo el mundo cree que socialismo es equivalente a corrupción, narcotráfico y tantas otras cosas más, cuando el socialismo es todo lo contrario[2]”.

Una última profecía del jefe histórico del POR es que el capitalismo ha ingresado a la fase de la barbarie, hoy, lamentablemente, asistimos a un espectáculo degradante en el que sectores de una dizque izquierda que cree que ciertos líderes (fascistas) son de su bando solamente porque son adversarios de los Estados Unidos, creo que estamos en la barbarie total.

Lora y el poder

En una entrevista, a propósito de este libro, y de la vocación de poder de Lora, Zelaya sostiene: “El 85 llegaron los mineros a La Paz y pusieron en jaque a Siles Zuazo. El POR, justamente, era el partido que ideológicamente estaba presente en esa movilización con consignas como ‘salario mínimo vital con escala móvil’ o ‘los obreros al poder’. Yo recuerdo que un día, en una marcha, los mineros lo encuentran a Lora y él les dice: ustedes tienen que tomar el poder –les dice esto ahí, en la calle– y uno de los mineros le contesta: pero quien va a ser pues el presidente, a lo que él responde: no, no hay presidente, ustedes tienen que tomar el poder; el minero vuelve y le dice, vos tendrías que ser presidente; pero Lora no entendió que ya era su momento. No había nadie al frente, el gobierno estaba derrotado, el partido comunista estaba derrotado, Lechín estaba más o menos naufragando, tratando de contener el avance de los mineros, y el POR no asumió su rol en ese momento”[3].

El cientista político y filósofo Raúl Prada, en el ensayo “Marxismo de guardatojo”, incluido en el libro, aclara que con este breve ensayo no pretende hacer “apología de Guillermo Lora, como hacen los militantes del POR, sino comprender la asombrosa formación “ideológica” de este marxismo de guardatojo”(…) “Lora fue la expresión más acabada de un estilo de marxismo único en el mundo, el marxismo de guardatojo”, porque basó la construcción de su teoría desde la mina, desde la vida misma de los mineros, como vanguardia revolucionaria del proletariado boliviano. “Llamo marxismo de guardatojo al marxismo minero boliviano; un marxismo que combina explosivamente la “ideología” marxista, en versión trotskista, y la intuición subversiva minera, de los hombres del socavón. Podríamos decir que se trata de un marxismo propio, que emerge de la experiencia de la lucha de clases, vivida desde las entrañas mismas del subsuelo, la manca-pacha”, afirma Prada.

Respecto a los mineros, luego de leer sus testimonios en este libro recordé algo que noté en la década de los setenta, cuando nos reuníamos con algunos dirigentes de la llamada “vanguardia del proletariado”, y es que se referían a los campesinos con cierta altanería. De la lectura de este libro también pude notar que al POR, como a todos los partidos políticos bolivianos, le faltó y les falta autocrítica como organización, aunque Zelaya,  en la parte final del ensayo que inserta en este libro se refiere a que “uno de los mayores errores del POR fue no haber planteado ni resuelto el problema de convertir el instinto comunista en conciencia y política revolucionaria, es decir el POR no formó a sus militantes (obreros) para la toma del poder”, luego afirma que “Lora no vacila en autocriticarse sin concesiones por no haberla comprendido con suficiente claridad que –no podemos saberlo con certeza– acaso hubiera cambiado el destino de la revolución boliviana”.

¿El último bolchevique?

Fernando Javier Dávila, militante del POR y amigo de barrio y de la UMSA, a propósito del libro de Zelaya afirma: “Es un buen libro, el relato histórico tiene sus propias aristas de quienes lo cuentan. Sin embargo, el título, para mí bien merecido, es pretencioso como diciendo que en el actual POR ya no hay bolcheviques. El bolchevismo es por la estructura celular y de discusión y construcción dentro del partido, por la férrea disciplina, por las discusiones teóricas y trabajo orgánico en el seno de las masas, además de actuar dentro del programa y estatutos y aportar o cotizar de acuerdo a tus ingresos”.

Para mí, Guillermo Lora fue un intelectual boliviano que alcanzó reconocimiento internacional, tanto en Europa como en Bolivia fue visitado por grandes figuras del marxismo con quienes discutía de igual a igual. No creo que vaya a existir otro intelectual de su talla como historiador del movimiento obrero, los seres humanos somos únicos y Lora, en el sentido que es comentado, analizado, contado, interpretado, en este libro de voces múltiples, será irrepetible, es el “último bolchevique”, creo que Zelaya tiene razón.

Recomiendo este libro porque me ha provocado muchas cosas: recuerdos, reflexiones, nostalgia, saudades y, por tanto, merece ser leído y discutido.


[1] https://www.paginasiete.bo/cultura/2021/11/15/ricardo-zelaya-lora-ya-vio-en-2006-que-el-mas-se-disfrazaba-de-indigena-315234.html

[2] https://talcual.bo/entrevistas/ricardo-zelaya-a-proposito-de-su-ultimo-libro-el-mas-grande-dano-que-le-ha-hecho-el-mas-a-bolivia-es-haberla-desideologizado/

[3]  https://talcual.bo/entrevistas/ricardo-zelaya-a-proposito-de-su-ultimo-libro-el-mas-grande-dano-que-le-ha-hecho-el-mas-a-bolivia-es-haberla-desideologizado/

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