La metáfora en el contexto narrativo: el caso de Jorge Bucay en su cuento «La tristeza y la furia»

ESTUDIO DE CASO

La metáfora literaria

Jorge Bucay (1949-) es un médico escritor que ha demostrado la importancia de la literatura en el ámbito psicológico. Esto es algo fundamental para el caso que ocupa este trabajo. Con sus textos pretende volver a la utilización del cuento y la literatura de finalidad reflexiva o educativa para explicar la conducta humana. De esta manera, el elemento metafórico y la abstracción son fundamentales en sus obras, sobre todo, en Cuentos para pensar (1997), obra en la que encontramos el breve cuento “La tristeza y la furia”.

Para poder comenzar el análisis, ante todo, se debe dejar claro qué es la metáfora y cuál es su situación respecto a la literatura, en concreto, el cuento. Según el Diccionario de la Lengua Española, la metáfora es la ‘traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita’. Esto, dicho en otros términos, consistiría en el empleo de las palabras en oraciones que modifican su sentido para crear otro completamente nuevo estableciendo comparaciones, por ejemplo, el mar de la vida, metáfora ampliamente conocida en la que se identifica el ciclo de la vida con el agua que nace en la montaña, recorre el río y desemboca en el mar, esto es, la vida que comienza, se desarrolla y finaliza en su muerte: “existe todo un sistema expresivo alrededor de las emociones, basado en el uso de las metáforas conceptuales, que la comunidad hablante conoce y emplea con regularidad, aunque no siempre sea consciente de ello” Bejarano Palma (2019: 1).

Uso de la metáfora

¿Por qué es tan importante la metáfora en la literatura? Se debe tener en cuenta el inicio de los textos literarios. El medio oral, por causas de analfabetización y diferencias entre las clases sociales, fue aquel que permitió difundir la literatura en el pueblo y, además, su objetivo no era solamente entretener, sino demostrar actitudes humanas, enseñar lecciones y aprovechar diferentes simbologías o metáforas para que los habitantes comprendieran de una manera curiosa cómo vivir y cómo comportarse. El ser humano, en numerosas ocasiones, aprende imitando, observando la realidad y cómo se debe relacionar con ella (Andrés: 2016).

Los cuentos infantiles y las fábulas serían una buena muestra actual de ello, debido a que, partiendo de personajes y situaciones alegóricas representadas en animales (como La liebre y la tortuga) o conceptos abstractos como la mentira o la autoestima (el caso de Pedro y el lobo o El patito feo), se pretende demostrar al lector joven lo que debe hacer o no hacer en su día a día y cómo desarrollar esas actitudes en su devenir social. Eso sí, los elementos metafóricos fueron mucho más explotados en el contexto religioso, en concreto, en los autos sacramentales: obras religiosas que se representaban el día del Corpus durante los siglos XVI al XVIII. El autor más conocido por sus autos sacramentales es Calderón de la Barca. Gracias a sus obras, se puede entender el porqué de la metáfora en la creación literaria, ya que desarrollaba una serie de personajes que reflejaban sentimientos, emociones o conceptos abstractos. Un buen ejemplo sería el auto sacramental del célebre texto La vida es sueño, donde se encuentran personajes llamados Sabiduría, Hombre, Albedrío, Verbo, etcétera. Cada uno mantendrá diálogos con el otro demostrando cómo el Hombre (el ser humano) debe entender su relación con el mundo y Dios (Verbo) atendiendo a sus características internas (su libertad de pensamiento y decisiones, Sabiduría, Albedrío…). Así, el pueblo procedería a vivir toda una representación metafórica de su condición humana dentro de un mundo que desconoce por su extraño origen y confuso final. Jorge Bucay en “La tristeza y la furia” hace un trabajo similar a través de otros personajes metafóricos, estos son, Tristeza y Furia.

El caso de Jorge Bucay y su cuento «La tristeza y la furia»

Entonces, ¿cómo desarrolla Bucay la metáfora en su cuento “La tristeza y la furia”? En primer lugar, su texto comienza contextualizándose en la propia metáfora o concepto abstracto: “En un reino encantado […] En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas… Había una vez… Un estanque maravilloso”. Se percibe la intención de adentrar al lector en un universo metafórico fuera de la realidad física conocida para poder llevarlo a lo largo de la historia sin que esta parezca inverosímil.

A partir de aquí, entran en contacto los personajes: “Hasta este estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia”. Bucay demuestra la relación entre el sentimiento de la tristeza y la furia en el ser humano mediante estas líneas, porque, en psicología, se ha estudiado la unión del enfado y la apatía, depresión o tristeza en la vida diaria. Al igual que no existe vida sin muerte o luz sin oscuridad, no se puede rechazar un sentimiento y aceptar otro: todo comportamiento humano se origina dentro de una mezcla de emociones reforzados por los factores externos o situación personal.

Las emociones se entremezclan y se influyen mutuamente cuando se topan en un mismo contexto: “Las dos se quitaron las vestimentas […] La furia, apurada (como siempre está la furia) […] salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró […] Y así vestida de tristeza, la furia se fue”. Jorge Bucay expone la percepción equivocada de las emociones en aquellos momentos en los que la persona se ve apoderada por una de ellas haciendo que ésta camufle el verdadero origen.

La demostración directa de las acciones humanas en torno a las enfermedades mentales o situaciones emocionales es explícita en el texto: “Muy calma, y muy serena […] la tristeza terminó su baño […] con pereza y lentamente, salió del estanque […] si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia”. El lector del cuento recibe, en este caso, una lección de psicología en la que se identifican las acciones contraproducentes que se realizan cuando no se reacciona o no se identifican adecuadamente las emociones.

Lo que Bucay quiere conseguir con su escrito es dar a entender la imposibilidad de sufrir una determinada emoción sin que otra se haya visto vinculada: “esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza”. Los juicios a priori de conocer y comprender el verdadero sentido de que un individuo muestre unas emociones o se desenvuelva en determinado contexto de una manera o de otra deben tener en cuenta muchos más datos.

En definitiva, y siguiendo la vía escrita y de estudio del autor, el mundo de las emociones puede ser un tema muy complejo para desarrollarlo en profundidad en la literatura, pero, el texto breve, el cuento, gracias a la metáfora, es uno de los mejores y preferidos medios para establecer historias centradas en ellas. Así, la tradición del cuentista siempre va a ser reflejo de la psicología y la enseñanza humana, al igual que el lector busca nuevas formas de reflexión con cada texto. “La tristeza y la furia” es, por lo tanto, un cuento de gran valor en cuanto al objetivo reflexivo que aporta a la sociedad. Los Cuentos para pensar son el claro ejemplo de la literatura metafórica de nuestra cultura.

BIBLIOGRAFÍA

Andrés, Rodrigo (2016). “El afecto, las emociones y la enseñanza de literatura”, Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, núm. 15, 210-216

Bejarano Palma, Diego (2019). Presencia y representación de las emociones en la épica hispánica del siglo de oro, Tesis Doctoral, Universidad de Zaragoza

Bucay, Jorge (1997). Cuentos para pensar, Editorial Nuevo Extremo, pág. 55

Senabre, Ricardo (2005). “Metáfora y novela”, Cursos universitarios, Universidad de Valladolid, 26-32

ANEXO: texto

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde
los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…
Había una vez…
Un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los
colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban
permanentemente…
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose
mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos, entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida – sin saber por qué – se
baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua…
Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así
que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar
donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin
conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al
desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de
la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia,
ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien,
encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del
disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

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