Las palabras que nos habitan, ¿cuáles son las favoritas de escritores y poetas?

Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.

Francisco de Quevedo

Las palabras que nos habitan son energía que sale de nuestro cuerpo, cada una de ellas es una semilla de las que ya vienen y, a veces, una palabra es suficiente para describir, definir, reflexionar, nominar, acariciar, condensar, descubrir el universo y sus vicisitudes, en fin…sirven para mostrarnos, escondernos, agazaparnos, así como para emboscar, viajar, construir y destruir, amar y desamar, vivir o morir. Hay palabras que se bastan solas, otras que necesitan compañía e incluso existen las que se quedan huérfanas si no las protegemos con otras de su familia.

El maestro Borges afirmaba que “el nombre es arquetipo de la cosa/ en las letras de ‘rosa’ está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo”. Octavio Paz, obsesionado por las palabras las describe así: “Palabra, voz exacta/ y sin embargo equívoca;/ oscura y luminosa;/ herida y fuente: espejo;/ espejo y resplandor;/ resplandor y puñal, / vivo puñal amado, / ya no puñal, sí mano suave: fruto”. Las palabras son el espejo de quien las dice, nos reflejan, nos redimen o nos condenan, por eso mismo debemos saber elegirlas como si se tratara de un amigo.

En muchas culturas se ha asociado a la palabra con la divinidad, se cita el primigenio verbo de los libros sagrados, por el poder de encantamiento que poseen, las palabras tienen poder, sin embargo, Louis Aragón aclara: “La palabra no fue dada al hombre. Él la tomó”, recordemos que la palabra es una invención del ser humano, de la humanidad, es un hallazgo plural, pasaron los tiempos del tiempo para que nuestros ancestros articularan sonidos para expresar ideas, unieran sílabas para formar palabras, asociaran palabras para construir frases. Cortázar lo dice eficazmente: “Sin la palabra no habría historia y tampoco habría amor; seriamos, como el resto de los animales, mera sexualidad. El habla nos une como parejas, como sociedades, como pueblos. Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos”.

Irene Vallejo, en su monumental libro El Infinito en un junco, cuenta, a propósito de los soportes en los que se han escrito las palabras, que, al hacerlo sobre pergaminos, cuero de animales, “los libros se transformaron en eso precisamente: cuerpos habitados por las palabras, pensamientos tatuados en la piel”.

Escritores y poetas amamos las palabras porque son nuestro instrumento de trabajo, tanto así que, cuando las del diccionario o la calle (que es dónde realmente se inventan los neologismos) no son suficientes, las improvisamos, ahí tenemos a Joyce, Cortázar, Borges y algunos genios como JRR Tolkien que concibieron nuevos idiomas. Un par de ejemplos, Jhon Milton inventó “pandemónium” (unión de los vocablos griegos pan, todo y daimonion, demonio) para nominar a la capital del infierno en su obra El paraíso perdido y Geoffrey Chaucer, en su obra Los cuentos de Canterbury rescata la onomatopeya “Twitter” para referirse al canto ligero que hace un pájaro enjaulado para clamar libertad[1]

En la Web encontré algunas de las palabras favoritas de escritores y artistas famosos, he aquí algunas de ellas:

—Ana María Matute: “Resplandor, es muy difícil elegir una única palabra, aislada de otras; sin embargo, creo que resplandor es una palabra que en sí misma, sin estar inscrita entre otras, tiene mucha poesía. Evoca algo hermoso, poético y misterioso a un tiempo; mucho más poético que luz, por ejemplo. Incluso la música tiene resplandor”.

—Raimundo Castro: “Abismo, elijo esta palabra primero por su sonoridad y después por su capacidad de definir perfectamente la cara oscura del ser humano”.

—Lila Downs: “Camino, porque es donde siempre he andado y me hace pensar en tomarlo sin tener que imaginar dónde me lleve, y es mi guía para el presente”.

—Darío Jaramillo: Caravana, cuatro sílabas sonoras, cada una en a, aes en fila como una fila de camellos o de camiones. La caravana evoca la aventura”.

—Arturo Pérez Reverte: “Ultramarino, porque tiene latín, tiene mar, historia, aroma y memoria…”

—Serafín Fanjul: “Cántaro, por su eufonía y por ser de barro, de tierra; porque se cuece con fuego y por añadidura sirve para contener y distribuir agua, fuente de la vida». Cántaro integra «tres de los elementos básicos del cosmos» (tierra, fuego y agua)”.

—Manuel Vilas: “Amor, en ella está todo lo que vale la pena. Fuera de ella no hay nada. Si estás dentro de esa palabra, tu vida es grande. Es la palabra más poderosa del universo”.

Luego de leer las escogidas por los célebres, quise conocer las palabras favoritas de algunas amigas y amigos escritores y poetas y los invité a compartir con nosotros sus elegidas, no especifico nacionalidades porque para nosotros nuestra patria es el lenguaje, he aquí las palabras que ellos seleccionaron:

—Gaby Vallejo: “Palabra, porque posibilita toda comunicación, porque la usamos en los momentos claves de la vida, porque es nuestra esencia. En ella está el principio y el fin de lo que queremos que nos oigan y queremos oír. Es lo que dijo Dios al crear el universo”.

—Pablo Cingolani: “Mística, amo la palabra mística porque es la energía vital, el aliento divino que nos inspira, es la fe desatada. Es plenitud, la mística. Es compañera, la mística. Amo la palabra mística porque ella, la mística, impulsa y ampara todo lo que amamos y nos protege del horror al que quieren condenarnos”.

—Teresa Domingo Catalá: “Saltimbanqui, es una palabra sonora y musical que refiere a una persona – hombre o mujer – que realiza saltos y acrobacias por la calle, o sea es un artista del propio cuerpo, que vive entre los márgenes de la normalidad”.

—Sabrina Usach: “Estoico, lo que me remite al silencio, no su historia, no su gramática bicéfala. Es decir, modular las vértebras de una respiración mansa para alcanzar con el pensamiento un rasgo de la quietud, así como hacen los guanacos en la puna al mascar la hierba”.

—Jorge Muzam: “Inamible, crecí escuchando esa palabra. Mi abuelastro Ramón, veterano policía fronterizo, solía repetirla entre carcajadas mientras se empinaba su chupilca matinal. Quizá porque sentía cercano ese mundo narrado por Baldomero Lillo, donde la escasa preparación de los funcionarios públicos era un asunto recurrente. La palabra «inamible» no existe más que en el cuento homónimo del autor lotino. Inventada apresuradamente por un guardián de bajo rango para justificar un procedimiento absurdo, genera un entuerto creciente que involucra a oficiales, prefectos y jueces. Todos timbrando y dando curso al parte inicial para evitar la evidencia pública de la propia ignorancia”.

—Silvia Rózsa: “Amainar: Amaina la garúa de un recuerdo, de un amor que no tendría que conjugarse en pasado, de tu risa en mi espalda, amaina el encierro apacible de tu abrazo, de tu rostro en el papel mate que perdió el brillo, amainan los colores, el rescoldo, amor, amaina”.

—Antonio Arroyo Silva: “Maresía, la maresía, ese olor a mar cuando sube la marea y cuando se retira, traza cuerpos. Ese olor y esa humedad de hembra marina. Olas con plumas lamen el malecón como pájaros que anidan en la sal y en la nieve del aire. Ella, el velo delante y detrás de los ojos: la maresía”.

—Nélida Cañas: “Llanura. La llanura es un horizonte de verdura. Crece a cada paso. Envuelve. Constituye. Lava despacito, sin estridencias. Despeja la mirada. Despoja de lo vano. Nos hace aguardar lo que no se alcanza. Esperar lo que no se nombra. Nací en la llanura. Y ella se cuela entre las sombras y las devastaciones. En mi escritura se abre siempre como una corola inesperada. Me dibuja en la boca todo cuanto soy”.

—Flor María Muñoz Bañales:Entusiasmo, gran motor motivador que debe influir en nuestras vidas. Gracias a este sentimiento, que debemos siempre mantenerlo vivo, podemos alcanzar y lograr cosas que tal vez, jamás, imaginábamos poder realizar.  Nos ayuda a avanzar, a no decaer y ver positivismo en todo lo que el destino nos depare”.

—Patricia Nasello: “Justicia, 1. f. Entidad colegiada y palaciega cuya acción se caracteriza por una lentitud pendular. Inabarcable, su poder se activa desde distintos tribunales dispuestos para tal fin. 2. Ilusión, espejismo, quimera.  3. En algunas religiones, trato equitativo a dispensar por uno o varios seres sobrenaturales. 4. Esperanza que permanece en la caja de Pandora.  5. Sustancia descomunal de acierto tan luminoso que, en las manos correctas, opaca al sol”.

— Yu’ i Páez: “Leer, nací en una casa donde escaseaba el papel escrito, solo había un cuaderno donde se anotaban números apilados en grupos de diez que luego se sumaban. Así, cada dos pilas eran veinte bolsas de carbón vegetal que mi padre horneaba en pleno monte. Luego, en la ciudad, descubrí el papel con letras y aprendí a leer. Yo era el niño de los mandados y los hacía leyendo. Recuerdo que, en cada esquina, tenía que parar y mirar para que un auto no me arrollara. Así descubrí un mundo fantástico, por eso me gusta la palabra leer”.

—Claudia Vaca: “Agua. En las aguas maralluviosas de sus ojos sanamos las heridas de la humanidad y hacemos inconmensurable la vida”.

—Amalia Decker: “Memoria, porque ella es clave del pasado, el presente y el futuro. No solo porque con ella rendimos un tributo a quienes ya no están, sino porque con ella revivimos los recuerdos de nuestro andar. Es la huella indeleble de lo que somos. Es la voz petrificada y tatuada en el alma que muere a diario en nuestra memoria. Es la viajera incesante de nuestra sustancia”.

—Juan Carlos Ramiro Quiroga:  Uks, es un término misterioso, casi una palabra y un hálito poético –pertenece a la lengua chimane. Es una interjección que he utilizado en mis redes sociales desde principios de 2000, tras la lectura de “Canción y producción en la vida de un pueblo indígena. Los chimane del oriente boliviano”, de Juergen Riester y Gisela Roeckl, para finalizar la conversación. Muchas veces lo he usado como una firma especial de despedida. Los chimane lo usan en sus canciones a la naturaleza, a fin de dotar de más magia a ese instante o hacerlo más mágico. Se sabe que esas canciones son para la naturaleza, no para los hombres. Uks entonces.

—Pilar Pedraza: “Lealtad, palabra poderosa, completa, reúne la esencia de la conducta humana. Palabra noble, capaz de destruir o construir; sinónimo de honestidad y pilar fundamental no solo para la convivencia, sino para el civismo y la confianza de unos hacia los otros. Una palabra presente en nuestro vocablo, pero, lamentablemente, ausente en el vocablo de gran parte de nuestros coterráneos”.

—Aldo J. Solé Obaldía: “Sempiterno, adjetivo que califica aquello que tuvo un comienzo pero que no contará con un final. Palabra antigua, del latín sempiternus y hoy actualizada principalmente por los poetas, generalmente al referirse a un amor que, una vez nacido será siempre eterno. Me gusta pensar que exista algo así, más allá de que entienda que lo eterno no legitima nada en el amor, porque la sutileza de lo efímero puede también tener su magia. Pero lo eterno si es hermoso, doblemente hermoso y doblemente valioso que sea eterno”.   

—Gigia Talarico: “Misterio. El misterio envuelve y es parte de todo lo existente, también es todo lo que se imagina. En el tiempo, el misterio llega con el inicio del pensamiento precediendo a la palabra, de ahí que su mismo origen es iniciado. El desarrollo del lenguaje lo transforma en lo oculto, lo desconocido, lo inexplicable, aquello en lo que necesitamos adentrarnos; el misterio sigue siendo el inicio de algo y su permanente en indescriptible movimiento. El amor es el mejor ejemplo”.

—Beatriz Giovanna Ramírez: “Cariño, es una palabra que me gusta mucho. Es una palabra que lleva, al leerse, al decirla o al escucharla, una conexión sentimental. Cariño es un dulce delicado para los oídos que acaricia”.

—Ulises Paniagua: “Aleph. El Aleph es una palabra mitad animal, y total universo. Antes que Borgeana (hay que recordar el magnífico cuento del escritor bonaerense, con su Carlos Argentino Danero y su Beatriz Viterbo), es el nombre de la primera letra del alefato, y la primera de las consonantes del alfabeto hebreo. Es plural, pero siempre origen. En su rostro conocido como «Alif», es el inicio del alfabeto arábigo; además, en la teoría matemática de conjuntos de Cantor representa la cardinalidad de lo infinito. Si se escribe de cabeza, es un bovino que abre su cornamenta al Cosmos, quizás para captarlo, quizá para expandirse en búsqueda de conocimiento. El Aleph contiene, concentra y muestra el todo desde cualquier punto”.

—Susana Vázquez: Inefable. En la infancia había ciertas sensaciones escarbando por la razón, quemando algunos rincones del cuerpo, oprimiendo mi voz. Con la llegada de las arrugas aquello se volvió más delicado, ligero y por momentos quedaba suspendido, como si se congelara en forma de gotas en el aire. Descubrí que aquella sensación que jamás pude expresar de manera precisa tiene un nombre: Inefable.

—Viviana Gonzáles: “Patio. Muchas palabras vinieron a mi mente: mar, miedo, mamá, pueblo, pero, si debo elegir una, me quedó con patio. Quizás no es la palabra sonoramente más hermosa, pero patio es las fogatas de San Juan en La Paz; es las margaritas de la casa de mis abuelos en Miraflores; es los barrios de Buenos Aires que no conozco y una casa donde está el Aleph. Es mi juventud desde frío patio de la casa del chico que amé en San Pedro donde jamás llegaba el sol. Una casa de ladrillos donde vivía mi amor, es decir, mi principio y mi fin”.

—Sandra Concepción Velasco: “Nada, a la nada no se la puede imaginar, ni pensar, es incorpórea. Me gustan las palabras simples que significan mucho, esta es mi favorita, desde su etimología del latín nata ‘nacida’. Aparece cuando es enunciada / evocada / invocada; tan corta, llena de “a” que nos cuestiona ¿Existe algo que sea nada? ¿Cuándo nada es nada? Si tuviera una forma me la imaginaria como un uróboro “Nada es todo, todo es Nada”.

—Chaly Urquizo: “Metonimia. Existen palabras que nadie las nombra y sin embargo son mágicas herramientas de poetas y escritores (y en otras manos peligrosas armas de manipulación). Entre ellas, hay una que, como por artilugio de abracadabra, otorga un nuevo nombre a las cosas, cambia causa por efecto o el efecto por la causa. Cambia la parte por el todo o el todo por la parte. El lugar por el objeto. O da un nuevo nombre. Es una palabra de la familia de los tropos, parienta de metalepsis, de sinécdoque o de la popular metáfora. Ella es Metonimia”.

—Alma Karla Sandoval: “Jacaranda, es una palabra que florece por sí misma con sólo vocales fuertes. Da la impresión de estar a punto de caer para convertirse en una alfombra de pétalos morados en los poemas de Juan Gelman. No obstante, ese desprendimiento es imposible porque se trata de un árbol eterno en la imaginación como las magnolias de Marosa di Giorgio. Jacaranda, pues, para que el viento silbe acompañado”.

— María Alicia Pino: “Noche. No puedo escribir sobre ella porque cada vez que el día muere entro a su hondura y no hay palabras que puedan repetir su misterio. Sólo ella y yo, y las miles de voces que navegan el cauce endrino. Oscura y profunda gruta de la eternidad”.

—Denise Armitano C.: “Elocuencia. Tengo vocación por la palabra elocuencia: implica, primero, la capacidad de comprender y ordenar el idioma para lograr expresarse en público con elegancia y persuasión. Se relaciona con el lenguaje, hablado y escrito, pilares fundamentales de la comunicación. Es un legado de la antigua Grecia y de Roma, donde se afianza como vocablo de raíz latina loqu o loc (“hablar”). Suele representarse, con un libro abierto, un reloj de arena, el rayo y las flores, símbolo de la fuerza de la razón en unión con la gracia. Me gusta decir que algo es elocuente cuando expresa a cabalidad, y de manera inequívoca, una realidad”.

—Juan Carlos Salazar del Barrio: “Celaje. Es una palabra sugerente, como concepto e imagen, evocadora de paisajes y estados de ánimo, tenue como toda nostalgia, suave como todo romance, que te remite a otra palabra igualmente hermosa: arrebol. Convierten a los crepúsculos y las auroras en poesía pura”.

—Piero De Vicari: “Jamás. Si bien debo confesar que no tengo una predilección por alguna palabra de nuestro frondoso idioma, existe una que me cautiva en especial. Se trata de la palabra JAMÁS. La misma posee -de por sí- la connotación de lo definitivo, de lo inexorable y el asombro que me provoca tamaña infinitud, la torna exótica, especial, única. Como valor de lo inapelable, la palabra jamás nos revela nuestra débil argamasa de polvo que vuelve al polvo en intima comunión con otra palabra cruel, contundente y definitiva, el olvido”.

Antes de terminar este inventario le comenté a mi hijo Luis Antonio el tema del mismo, me dijo que a él le gusta la palabra excepción, porque sin ella todo sería igual, monótono y rutinario. Cierro este listado de palabras con una excepción, resulta que la palabra que inició la lista, la palabra “palabra”, elegida por Gaby Vallejo, también fue elegida por Amalia Decker y Angélica Guzmán, así que, en el caso de Amalia, inserté dos palabras suyas.

—Amalia Decker: “Palabra, como la que más me gusta, porque es la llave que nos permite llegar al cielo. Y, claro, también al infierno. Sin duda, es con ella, que podemos romper los silencios sepultados por el tiempo y los prejuicios. Y cómo no, la Palabra es la que nos permite arrimarnos al amor y a otros sentimientos oscuros. Con ella también se puede herir en el alma. Todo depende de cómo la usemos. Incluso podemos callar”.

—Angélica Guzmán Reque: “Palabra, ella constriñe todas y cada una de las significaciones. Ella y, solo ella está presente en todas y cada una de las expresiones. Ella forma parte del diccionario personal y es requerida, cuando tus emociones se desbordan, como cuando te dejas llevar por rencores contenidos. Una es elegida y sigue siendo palabra: contenido y hondo significado y, tiene siete letras. Misterio de vida”.

Definitivamente la palabra “Palabra” es la preferida de los escritores y poetas.


[1] https://www.muyinteresante.com.mx/historia/palabras-inventadas-por-escritores-famosos/

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